Los comentarios sobre pedofilia y personas con trastorno del espectro autista registrados en un video en el que participó Ítalo Omegna, entonces asesor parlamentario y militante del Partido Nacional Libertario, fueron repudiables. Ningún supuesto contexto humorístico los vuelve aceptables. Toda persona e incluso el Partido Socialista tenía, por tanto, la posibilidad de condenarlos y exigir un pronunciamiento de Johannes Kaiser.
El problema aparece cuando ese rigor depende de la militancia del cuestionado. Omegna dejó su cargo de asesor y el PNL anunció la activación de sus instancias disciplinarias. Antes de exigir nuevas sanciones, el PS debería explicar si aplica el mismo estándar a sus propias filas.
El caso de Manuel Monsalve ofrece una comparación inevitablemente más grave. El 17 de octubre de 2024, al conocerse públicamente la denuncia en su contra, el Tribunal Supremo socialista suspendió su militancia. La explicación institucional señaló que la medida buscaba permitirle desarrollar su defensa ante los tribunales sin afectar la imagen del partido. Ocho días después, fue el propio Monsalve quien renunció a la colectividad.
Actualmente, el exsubsecretario se encuentra formalizado por los delitos de violación y abuso sexual, imputaciones que niega y cuya verdad deberá establecer la justicia. También se investigaron las gestiones que realizó ante la PDI para revisar cámaras de seguridad después de los hechos denunciados. Respetar la presunción de inocencia es una obligación, pero eso no impide exigir responsabilidades políticas por el manejo de una denuncia de semejante gravedad ni preguntar por el eventual uso de recursos y facultades estatales.
La diferencia de lenguaje resulta reveladora, frente al militante de un partido adversario, parlamentarios socialistas hablaron de “brutalidad moral” y calificaron el silencio de su colectividad como “inaceptable y cómplice”. Frente a Monsalve, la presidenta del PS sostuvo inicialmente que no contaban con mayores antecedentes y que debía valorarse su renuncia. Más tarde afirmó que la cobertura del caso distraía de los problemas importantes para la ciudadanía, tirando así la pelota al córner.
No es el único antecedente. En 2017, frente a las denuncias sobre las llamadas “narcorredes” en la Municipalidad de San Ramón, encabezada entonces por el alcalde socialista Miguel Ángel Aguilera, la respuesta inicial de la dirigencia socialista fue tibia y sin ningún pronunciamiento condenatorio.
En 2025, después de que el Tribunal Constitucional destituyera a Isabel Allende por la fallida compraventa al Estado de la casa del expresidente Salvador Allende, el partido destacó su “incuestionable estatura política y moral” y concentró buena parte de sus críticas en el Gobierno y en sus aliados, en vez de realizar una autocrítica igualmente categórica, manteniéndola hasta el día de hoy en sus filas, pese que durante años, a través de sus fundaciones lucró descaradamente con el dinero del pueblo.
También permanece en la memoria la actuación de connotación sexual realizada con una bandera chilena ante un público familiar en Valparaíso, durante un acto del Apruebo en 2022. Aquí, no hubo desde el socialismo el mismo despliegue de emplazamientos, acusaciones de complicidad y exigencias de responsabilidad política que hoy dirige contra sus adversarios, pese a que en dicha actividad habían niños.
La decadencia del Partido Socialista es un reflejo de lo que sucede en su sector político, se aprovechan de un comentario repugnante, el que si hubiese provenido de los suyos nada dirían, y esa es la razón del hastío del pueblo con dicha colectividad, que desde antaño se han jactado de defender a un pueblo que ya no los tolera, por cuanto sus actos solo han demostrado que lo único que les interesa de éste -del pueblo- es su dinero.
Por ello no podemos olvidar quién es quién. Pero tampoco debemos olvidar qué principios decimos defender, la indignación jamás debe depender según la militancia o color político, muy por el contrario, solo cuando se es más categórico con los propios que con el adversario, se muestra una real coherencia y da sentido en los hechos a lo que se dice defender.
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