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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La llegada de un hijo transforma la vida de una pareja, afectando no solo hábitos y responsabilidades, sino también el cerebro. Estudios revelan que tanto madres como padres experimentan cambios neurológicos profundos que fortalecen su conexión con el hijo y la familia. Contrario a creencias pasadas, los hombres también experimentan transformaciones cerebrales significativas al convertirse en padres, como una reducción en los niveles de testosterona, lo que les permite tener una respuesta más empática y menos agresiva ante el llanto del bebé. Estos cambios se dan en respuesta a las feromonas de la madre, y se intensifican con la interacción con el bebé, favoreciendo una crianza más cercana y amorosa. Además, se observa una optimización estructural del cerebro paterno, con una reducción de la materia gris para mejorar la eficiencia en el cuidado.

La llegada de un hijo cambia por completo la vida de una pareja, pero no solo en los hábitos y en las responsabilidades. Estudios indican que tanto la madre como el padre experimentan cambios neurológicos profundos que los ayudan a mejorar la conexión con su hijo y con la familia.

Por décadas se dijo que solo las madres experimentaban cambios físicos y biológicos en la espera y tras el nacimiento de un hijo.

Se creía que, mientras la madre era “programada” por las hormonas del embarazo, el padre permanecía biológicamente intacto, limitándose a aprender un rol social. Situación que está totalmente alejada de la realidad.

Cómo la paternidad cambia el cerebro de los hombres

Pese a que el padre no experimenta la gestación como tal en su cuerpo, sí experimenta una profunda transformación en su cerebro con el nacimiento de su retoño.

La ciencia está demostrando que el cerebro masculino también tiene su propio “modo papá”, el que requiere más tiempo y ciertas condiciones.

De acuerdo al medio italiano Corriere della Sera, fue en el año 2000 cuando las investigadoras Katherine Wynne-Edwards y Anne Storey demostraron por primera vez que los padres presentan niveles de testosterona significativamente más bajos que los hombres sin hijos.

Esta disminución, confirmada por estudios posteriores, comienza incluso durante la gestación, si es que la pareja está involucrada, y continúa durante el cuidado del recién nacido.

La reducción de esta hormona parece estar directamente relacionada con una mayor capacidad de responder con menos agresividad y más empatía al llanto del bebé.

Feromonas

Según afirma El País, las feromonas de las mujeres, que se transmiten a través de la piel y de la sudoración, hacen que el cerebro del futuro padre comience a descender su nivel de testosterona hasta un 33% y aumente la prolactina en más de un 20% al final del embarazo, información que es respaldada por la doctora Susana Carmona, líder del grupo Neuromaternal del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón, centro de referencia internacional en el estudio del impacto neurológico del embarazo.

Dicho cambio provoca que el hombre reduzca su deseo sexual, aumente su plasticidad neuronal y agudice su oído para escuchar el llanto de su hijo. Todos aquellos cambios favorecen una mejor crianza.

Padre
Imagen de referencia

En los padres también se observa un aumento de la oxitocina, la llamada “hormona del amor”, la que potencia el instinto protector y fortalece el vínculo afectivo.

Ahora bien, dichos cambios no son intrínsecos, como les sucede a las mujeres. Solo se producen cuando los padres interactúan con el contexto. Como dice el buen dicho: “El padre no nace; el padre se hace”.

“Vive cambios en su cerebro, pero suceden por el entorno: primero, acompañando a la madre, y segundo y más importante, por la interacción con el bebé”, aclara la doctora Carmona.

Cambios estructurales del padre

Pero los cambios del padre no son solo químicos, sino también estructurales.

Un estudio realizado por el Instituto de Salud Carlos III de Madrid y la University of Southern California reveló que el cerebro de los padres experimenta una reducción en el volumen de la materia gris (lo que también le ocurre a las madres) tras el nacimiento del primer hijo.

No se trata de una pérdida de capacidad, como puede concluirse con el término, sino de un proceso de optimización: el cerebro elimina conexiones neuronales menos utilizadas para hacer más eficientes aquellas relacionadas con el cuidado.

Este fenómeno ocurre principalmente en la corteza cerebral, el área encargada del procesamiento social, es decir, de la capacidad de empatizar.

En síntesis, el cerebro se “afina” para volverse más rápido al interpretar las necesidades del bebé.

Paternidad

Por su parte, el sistema visual se adapta. En el mismo estudio se analizó con resonancias magnéticas el impacto de la paternidad.

Estas demostraron que en los padres, las áreas de la corteza visual se vuelven más reactivas: una evolución biológica que permite detectar de inmediato un cambio en la expresión del hijo o un movimiento inusual.

Según la doctora Magdalena Martínez García, coautora del estudio e investigadora del cerebro parental en la Universidad de California en Santa Bárbara, “el comportamiento del padre es un proceso de aprendizaje, y cuanto más se practica, más se especializa y más se sintoniza con el bebé”.

En definitiva, pasar tiempo de calidad con la madre embarazada y con el recién nacido es un entrenamiento cerebral para los padres, que con el paso del tiempo beneficia a todos los integrantes de la familia.

Referencias:
Martínez-García. M y otros autores. First-time fathers show longitudinal gray matter cortical volume reductions: evidence from two international samples. Oxford Academy. Abril 2023. https://academic.oup.com/cercor/article/33/7/4156/6691667?login=false.