Señor Director:

En medio de la discusión legislativa sobre el uso de la franquicia tributaria de capacitación Sence, sorprende la señal que se está dando. En un país que aspira a avanzar en productividad y bienestar, debilitar los incentivos a la formación de trabajadores parece ir en sentido contrario.

Es legítimo que existan reparos al uso de la franquicia —como ocurre con cualquier instrumento de este tipo— y, por lo mismo, siempre es posible perfeccionarla: fortalecer su fiscalización, mejorar su focalización o acotar sus alcances.

Sin embargo, una cosa es corregir y otra muy distinta es desincentivar la capacitación.

La evidencia es clara: muchas empresas utilizan activamente este mecanismo para formar a sus trabajadores. Reducir o eliminar el incentivo tendrá, inevitablemente, un impacto en esos esfuerzos. Y esto no es trivial.

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No se limita a reasignar recursos desde un instrumento a otro, sino de definir qué conductas se quieren promover como Estado, a través de políticas públicas.

Fomentar la contratación es positivo, pero sin inversión en capacitación, esa contratación tendrá dificultades para ser sostenible o para dar lugar a mejoras en productividad.

Ambos elementos son complementarios y están profundamente interrelacionados. La formación continua es la que permite que los empleos evolucionen, que las empresas innoven y que el país en su conjunto avance.

Por ello, más que debilitar herramientas que han contribuido a ese objetivo, el desafío debería estar en perfeccionarlas. Chile necesita más y mejor capacitación, no menos.

Gabriel Halpern Mager
Abogado laboral