Un grupo de científicos de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, logró algo que suena sacado de la ciencia ficción: transformar una bacteria probiótica, la misma que se usa para cuidar la salud intestinal, en una diminuta fábrica que produce quimioterapia directamente dentro de un tumor.
El resultado, publicado como estudio preliminar (aún no revisado por pares) y también recogido en la revista Science Translational Medicine, es prometedor: en ratones con cáncer colorrectal, tres de siete tumores desaparecieron por completo, es decir, un 43% entró en remisión total.
Una bacteria que solo ataca donde debe
El gran problema de la quimioterapia y la inmunoterapia tradicionales es que, mientras combaten el cáncer, también pueden dañar tejidos sanos, provocando efectos secundarios severos.
Para resolver esto, los investigadores utilizaron Escherichia coli Nissle 1917 (EcN), una bacteria probiótica ya usada para la salud digestiva, y aprovecharon una propiedad poco conocida: cuando se inyecta en el cuerpo, esta bacteria tiende a colonizar masivamente los tumores y desaparece rápidamente de los órganos sanos.
En los experimentos, los tumores llegaron a acumular más de mil millones de bacterias por cada gramo de tejido, mientras que en el corazón, el hígado o los riñones prácticamente no se detectaron rastros. Esto significa que el tratamiento se concentra exactamente donde se necesita.
Un arma de triple efecto contra el tumor
Los científicos modificaron genéticamente esta bacteria para que cumpliera tres funciones a la vez, algo parecido a convertirla en una pequeña “botica” instalada dentro del tumor.
Primero, la bacteria produce una enzima (llamada citosina desaminasa) que transforma un compuesto inofensivo, administrado luego por vía sanguínea, en 5-fluorouracilo, un fármaco de quimioterapia ya usado contra el cáncer de colon. Así, el medicamento se genera solo en el sitio exacto donde hace falta, y no viaja por todo el cuerpo dañando células sanas.
En segundo lugar, la bacteria libera una versión potenciada de una proteína llamada interleucina-15, que estimula a las células de defensa del cuerpo (los linfocitos T y las células “asesinas naturales” o NK) para que ataquen el tumor con más fuerza.
Por último, produce un pequeño fragmento de anticuerpo que bloquea una molécula llamada PD-L1. Esta molécula es una especie de “freno” que algunos tumores usan para desactivar al sistema inmune; al bloquearla, las defensas del cuerpo quedan libres para atacar sin restricciones.
Un hallazgo inesperado durante el camino
Al principio, el tratamiento con la bacteria no funcionaba tan bien como esperaban en los ratones, pese a que en el laboratorio (fuera del cuerpo) sí era efectivo.
Investigando la causa, el equipo descubrió que la propia bacteria tenía un gen (llamado preTA) que le permitía “desactivar” el efecto de la quimioterapia, algo similar a lo que hacen ciertas bacterias intestinales de pacientes con cáncer colorrectal.
Al eliminar ese gen mediante ingeniería genética, la eficacia del tratamiento mejoró de forma notable, lo que muestra cómo un detalle microbiológico casi invisible puede cambiar por completo el resultado de una terapia.
Resultados en ratones y lo que viene
Los experimentos, realizados en modelos de cáncer colorrectal en ratones (usando células tumorales llamadas MC38), mostraron que una sola inyección de la bacteria modificada, combinada con la administración del compuesto que se transforma en quimioterapia, controló el crecimiento tumoral significativamente mejor que usar cada componente por separado.
Además, cuando los ratones tenían tumores en ambos lados del cuerpo y solo se trató uno, el tumor no tratado también redujo su crecimiento, lo que sugiere que el tratamiento activa una respuesta inmune que se extiende más allá del punto de inyección.
Otra investigación complementaria, publicada en Science Advances por un equipo de la Universidad de Chicago, mostró resultados similares usando otra bacteria probiótica, Bifidobacterium longum, modificada para combatir el cáncer de páncreas, uno de los más agresivos y difíciles de tratar, reforzando la idea de que este enfoque podría aplicarse a distintos tipos de tumores.
Cabe destacar que, hasta ahora, estos avances se han probado únicamente en ratones con tumores generados artificialmente en laboratorio, por lo que todavía falta un largo camino de estudios antes de que pueda evaluarse en personas.
Sin embargo, los propios autores del estudio señalan que este enfoque ofrece una estrategia “altamente adaptable, específica y sinérgica” para enfrentar la resistencia a los tratamientos actuales, uno de los mayores obstáculos en la lucha contra el cáncer.
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Referencias
Lee, J., Yang, K., Nowicki, C. A., Liu, W., Li, K., Naccasha, E., Sun, Z., Fu, Y.-X., Liang, H., Weichselbaum, R. R., & Mimee, M. (2026). Engineered probiotic Bifidobacterium for tumor-targeted pancreatic cancer therapy. Science Advances, 12(30), eadz1388.
Yang, Z., Im, J., Chen, N., Mariuzza, D. L., de Los Santos-Alexis, K., Li, F., Danino, T., & Arpaia, N. (2026). Engineered probiotics for tumor-targeted combination chemoimmunotherapy. En bioRxivorg.