Mientras el gobierno del presidente Kast anunciaba la adhesión de Chile al denominado “Escudo de las Américas”, iniciativa orientada a fortalecer la cooperación internacional contra el crimen organizado, Lo Espejo -una comuna al sur de Santiago- nos volvía a recordar que la agenda de seguridad también se juega en los barrios.

En menos de una semana, nuestra comuna fue golpeada por dos hechos de extrema gravedad: el asesinato de un vecino y residente de Lo Espejo, públicamente vinculado a organizaciones criminales y episodios de violencia. Y, posteriormente, la muerte de un funcionario de Carabineros en el sector de Las Dunas, un condominio de viviendas sociales marcado por altos niveles de hacinamiento y una compleja realidad de violencia y vulnerabilidad social.

Estos hechos nos obligan a mirar la seguridad no como la agenda de un sector, sino que con mirada de Estado y sentido de realidad. La respuesta frente al crimen organizado requiere inteligencia, cooperación internacional, persecución penal, control de armas y todas las herramientas que el Estado tenga disponibles. Pero los episodios de violencia que hemos visto en nuestra comuna tampoco se resolverán únicamente con un despliegue policial extraordinario durante algunas semanas.

Cuando un barrio o población llega a un punto en que la violencia comienza a instalarse en la vida cotidiana, interrumpe rutinas y horas de sueño, se necesita una intervención integral y sostenida de la política en su conjunto. Se requiere presencia policial, pero también recuperar el espacio público, mejorar la iluminación y la infraestructura, fortalecer la prevención para evitar que los niños tomen carreras delictuales y generar una intervención pública que permita recuperar aquellos lugares donde hoy impera la violencia.

En José María Caro, en Las Dunas y Gil de Castro, mal llamado Barrio Chino, las familias necesitan que el Estado esté presente antes de que ocurra un homicidio; antes de que una vivienda social sea tomada por bandas; antes de que un espacio público sea abandonado al control del delito; antes de que un niño tenga que agacharse y tirarse al suelo para protegerse durante una pelea con armas de fuego.

La seguridad tiene que llegar antes de que la violencia se vuelva parte de la vida cotidiana. Y aquí aparece una pregunta inevitable: ¿qué va a ocurrir cuando las cámaras de televisión se vayan? Porque las cámaras se retirarán, pero nuestros vecinos seguirán viviendo ahí. Los niños seguirán asistiendo a sus escuelas, las personas mayores seguirán utilizando las plazas y las familias seguirán transitando por las mismas calles.

Por eso preocupa que durante este año Lo Espejo no haya recibido nuevos proyectos financiados a través de Subdere, como los Planes de Mejoramiento Urbano (PMU) o tenga en vista la disminución de recursos a los gobiernos regionales, otra de nuestras principales fuentes de financiamiento. Estos recursos permiten ejecutar obras concretas en los barrios, mejorar espacios públicos, infraestructura y equipamiento, y contribuir a generar entornos más seguros.
Recuperar un barrio no es solamente poner más policías durante un tiempo determinado. Requiere inversión, coordinación y continuidad, con participación del Estado, el municipio, las organizaciones sociales, las comunidades y también el sector privado.

Hasta el 30 de septiembre, el Gobierno debe presentar al Congreso el proyecto de Ley de Presupuestos para 2027. Esperamos que esta discusión se traduzca en recursos concretos para los territorios que más los necesitan y, especialmente, que Las Dunas pueda ser considerada dentro del proyecto de regeneración urbana comprometido por el ministro de Vivienda durante sus visitas a nuestra comuna.

Ese compromiso debe traducirse en hechos. Esperamos que, a través de Subdere, se puedan financiar nuevas obras públicas para seguir recuperando Las Dunas, mejorando sus espacios, infraestructura y entorno.

Pero la intervención debe ir más allá. El Estado debe impulsar una intervención integral con foco en regeneración urbana en aquellos territorios donde las condiciones habitacionales ya no responden adecuadamente a las necesidades de las familias. Hay viviendas sociales que enfrentan hacinamiento, deterioro y una convivencia cotidiana con distintas expresiones de violencia.

Regenerar estos barrios significa recuperar espacios públicos, mejorar viviendas, generar equipamiento y reconstruir las condiciones que permitan que las comunidades vuelvan a apropiarse de sus territorios. La seguridad no puede ser una política que aparezca solamente después de un homicidio. La seguridad tiene que estar antes. Y tiene que estar siempre.

Lo Espejo y sus familias no necesitan ser noticia para recibir atención. Necesitan un Estado presente todos los días, con seguridad, prevención, inversión pública, municipios fortalecidos y una política de regeneración urbana capaz de transformar las condiciones en que viven nuestras familias. Porque nuestros barrios no pueden ser seguros solo cuando las cámaras están encendidas.

Javiera López
Concejala de Lo Espejo

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