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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Cerca de 400 mil chilenos menores de 45 años viven con diabetes tipo 2, según la Sociedad Chilena de Obesidad (SOCHOB). La diabetóloga Patricia Gómez advierte que cada vez más jóvenes padecen esta enfermedad y entrega recomendaciones para prevenirla.

De acuerdo con datos de la Sociedad Chilena de Obesidad (SOCHOB), cerca de 400 mil chilenos menores de 45 años viven con diabetes tipo 2. En este contexto, los expertos han reiterado su preocupación por esta enfermedad que puede incluso reducir la esperanza de vida.

La Dra. Patricia Gómez, médica internista y diabetóloga del Centro Médico Nueva Estoril, señala que este fenómeno en la población joven responde a una combinación de factores propios del estilo de vida actual. “No hay una causa única; es un conjunto de situaciones propias de nuestra vida moderna“, plantea.

De acuerdo con la experta, “el mayor consumo de alimentos procesados, la rapidez con que vivimos y las extensas jornadas laborales favorecen una alimentación basada en comida rápida, carbohidratos refinados y bebidas azucaradas”.

Y advierte que “a eso se suma el sedentarismo y el aumento de la obesidad, factores que están favoreciendo la aparición cada vez más precoz de la diabetes tipo 2″.

El componente social

Pero eso no es todo; la diabetóloga también explica que existe un componente social que agrava la situación y es que las familias con menos ingresos enfrentan más dificultades para acceder a proteínas de calidad, frutas y verduras frescas de manera constante.

De hecho, muchas optan por los alimentos ultraprocesados porque tienen un menor costo. Además, en la realidad nacional es una costumbre el alto consumo de harinas refinadas, presentes en el pan y otros productos que abundan en el desayuno y la once de los chilenos.

Estos hábitos pueden hacer que la diabetes tipo 2 aparezca en edades tempranas, lo cual trae graves consecuencias para el organismo, ya que queda expuesto a niveles elevados de glucosa durante más tiempo.

“Cuando la diabetes tipo 2 se desarrolla a edades más tempranas, la persona permanece durante más años expuesta a la hiperglucemia, lo que favorece un mayor daño acumulado en los vasos sanguíneos y distintos órganos”, explica Gómez.

“Además, suele tratarse de una enfermedad más agresiva, con mayor deterioro de la función pancreática y una necesidad más precoz de tratamiento farmacológico. Esto hace que las complicaciones puedan aparecer en plena etapa laboral y reproductiva”, agrega.

La diabetes tipo 2 en adultos jóvenes

Según la experta, la evidencia científica ha mostrado que desarrollar diabetes tipo 2 alrededor de los 30 años podría reducir la expectativa de vida entre 10 y 14 años, en comparación con personas que no tienen la enfermedad.

Y en este contexto, la doctora también considera la carga psicológica, social y económica de quienes reciben este diagnóstico, ya que deben convivir durante décadas con controles médicos, tratamientos permanentes y cambios en su estilo de vida.

El problema es que la diabetes tipo 2 suele avanzar durante años sin provocar síntomas evidentes. Gómez advierte que, una vez que los pacientes muestran sed excesiva, aumento de la frecuencia urinaria, pérdida de peso inexplicable, fatiga extrema o visión borrosa, la enfermedad muchas veces ya se encuentra en una etapa más avanzada.

Es una enfermedad silenciosa durante sus primeras etapas, por lo que muchas personas pueden vivir años sin saber que la tienen”, aclara, “por eso es fundamental identificar a quienes presentan factores de riesgo y pesquisar la enfermedad de forma oportuna”.

Prevenirla a tiempo no es tan complejo, señala la diabetóloga, y es que “grandes estudios internacionales han demostrado que los cambios en el estilo de vida son más efectivos que los medicamentos para prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 2″.

“Reducir entre un 5% y un 7% del peso corporal disminuye significativamente la resistencia a la insulina“, explica.

La experta recomienda “disminuir el consumo de alimentos ultraprocesados, aumentar la ingesta de fibra, reemplazar las grasas saturadas por grasas saludables, realizar actividad física de manera regular y reducir el sedentarismo”.

Además, especialmente en invierno, las personas con diabetes enfrentan un mayor riesgo de descompensaciones metabólicas, hospitalizaciones y complicaciones asociadas a las infecciones respiratorias.

Por ello, Gómez enfatiza que mantener un buen control metabólico es clave, ya que la glicemia elevada sostenida debilita la respuesta inmune y favorece las infecciones, aumentando el riesgo de virus respiratorios como la influenza y el COVID-19.