Le preguntamos a un experto sobre el "fenómeno Haaland" y por qué cautivó tantos corazones.
En medio del furor de la Copa Mundial, hay un rostro que ha captado la atención de miles, se trata de Erling Haaland, el jugador de la selección noruega que no solo atrajo las miradas de los más adeptos al fútbol, sino también las del público general y las mujeres.
¿Cómo lo hizo? Pues en internet se comenta que su personalidad, su humildad y la masculinidad positiva que proyecta son sus más grandes atributos, pero le preguntamos a un experto de qué se trata este fenómeno y por qué arrasó con tantos corazones.
Resulta que Haaland cumple con el estereotipo de hombre atractivo aceptado en la sociedad, pero así muchos otros futbolistas del Mundial. Lo interesante está en qué es lo que lo hace diferente de ellos. Así lo explica en declaraciones a BiobioChile Camilo Aguilera, psicólogo clínico, profesor de la Universidad Autónoma de Chile, director del centro de psicoterapia “Terapia Peregrina” y también psicoeducador activo en redes sociales, donde aborda temas de bienestar y prevención tomando ejemplos de la cultura geek.
“Uno de los componentes más determinantes de la atracción es la seguridad, y Haaland proyecta una seguridad estable, tanto dentro como fuera de la cancha, que no necesita apoyarse en la agresividad para sostenerse”, plantea el experto.
Y añade que esto “es clave, porque, contrario a lo que solemos pensar, la agresividad no es un signo de fortaleza, sino de inseguridad: uno recurre a ella cuando siente que lo están pasando a llevar, cuando necesita defender algo que percibe amenazado. Haaland no transmite esa necesidad. Su seguridad no depende de la validación externa ni de una postura defensiva, y eso, psicológicamente, se lee como solidez real, no como una fachada”.
Las rarezas de Erling Haaland
“Una de las rarezas de Haaland es que da la impresión de ser auténtico“, comenta Aguilera. De hecho, el noruego es viral en redes sociales también por sus curiosos momentos en cámara, cuando celebra un gol o interactúa con los medios.
En palabras simples, es espontáneo, no teme hacer el ridículo y al mismo tiempo se mantiene humilde. “Se muestra tal como es, sin aparentar ni buscar un beneficio para su imagen pública. Y, paradójicamente, la autenticidad suele ser justo lo más valorado en una imagen pública”, añade.
Además, ese equilibrio lo consiguió siendo muy joven; tiene solo 25 años y se ve que es un hombre de familia. “Ha contado que su pareja y su hijo lo regulan, que disfruta estar con ellos, y que no lo vive como un deber. Esa cercanía emocional, esa conexión, es otro elemento que se valora al momento de encontrar atractivo a alguien: todos queremos estar con alguien que disfrute de nuestra compañía, no que la finja o la cumpla por obligación”, recoge el psicólogo.
Por otro lado, está la masculinidad que proyecta. Objetivamente, la masculinidad es un conjunto de prácticas asociadas a los hombres que pueden ser sanas o insanas. En el caso de Erling Haaland, se habla de “masculinidad positiva”. Aguilera explica que estas son conductas que ayudan a los hombres a ser más felices y a relacionarse mejor con su entorno.
Esto lo ha demostrado el deportista con tres ejemplos muy concretos: la importancia que le da a su familia, su capacidad para no caer en conductas agresivas estando en la cancha y por último, que no tiene la necesidad de presentarse como un hombre “duro”.
El primer punto contrasta con el rol que históricamente se le ha dado a los hombres: distante y proveedor, o simplemente ausente. “Esto es más adaptativo porque un padre presente emocionalmente construye vínculos de apego más seguros con sus hijos, y porque le permite al propio Haaland sostener una red afectiva real, en vez de quedar aislado detrás del rol de proveedor”, señala el experto.
La agresividad típica que se ve en la cancha también está asociada a la figura de hombre dominante. Haaland no cumple este estereotipo porque puede “regular sus emociones bajo presión sin necesitar la validación externa que da imponerse por la fuerza, y esa regulación termina siendo funcional también fuera de la cancha, en cómo se relaciona con otros”.
Y respecto a sostener una fachada de un hombre serio y enfocado exclusivamente en la meta, contrario a lo que hace Haaland, el psicólogo aclara que tiene un costo psicológico porque “se asocia a mayor aislamiento y a más dificultad para pedir ayuda, mientras que permitirse mostrar otras facetas da más flexibilidad para vincularse y para procesar lo que le pasa”.
Los hombres admiran a Haaland
El fenómeno Haaland no solo causó atracción o deseos platónicos, también llamó la atención de muchos hombres que lo admiran de un modo más fraternal. Esto también se puede explicar desde la psicología.
“Acá se dan mecanismos donde Haaland les da a los hombres un sentido de poder ser más de lo que creían que podían ser, y además ser valorados por eso. Mostrar la propia sensibilidad, dejar el rol del tipo duro al que “no le pasan balas”, se vuelve una atracción más aspiracional: la sensación de que yo también puedo caminar hacia ese tipo de masculinidad y ser valorado por ello, no rechazado”, dice Aguilera.
El psicólogo plantea que este efecto podría llamarse un “permiso emocional”, ya que la figura de Haaland demuestra que los hombres pueden explorar facetas más sensibles sin dejar de ser masculinos en el proceso.
“Ver a una figura como Haaland, exitosa, física, indiscutiblemente “macho” en el sentido tradicional, mostrarse sensible y cercano sin que eso le reste nada, funciona como una especie de evidencia de que ambas cosas pueden convivir. Y esa evidencia es la que muchos hombres necesitan para animarse a moverse un poco de ese lugar más rígido en el que fueron formados”, asegura.
¿Por qué nos gusta la masculinidad positiva?
Haaland no es el único hombre que ha proyectado esta imagen, en los últimos años hemos visto otros claros ejemplos que incluso han sido intergeneracionales: Pedro Pascal (51), Tom Holland (30), Terry Crews (57) o Harry Styles (32), por mencionar solo algunos.
Aguilera dice que estas figuras “representan una especie de cambio generacional respecto a lo que puede ser masculino, sobre todo mirado desde la heterosexualidad”.
“Muchos hombres observan que estos personajes resultan atractivos para las mujeres, y eso los hace cuestionar la idea de atracción más antigua, la del hombre duro, con rostro de Clint Eastwood, que durante décadas fue el estándar”, ejemplifica.
“Sin embargo, no a todos los hombres esto les va a hacer sentido de la misma forma. También existen posturas más suspicaces, que plantean que en el fondo la atracción sigue estando anclada en los mismos elementos de siempre, hombre grande, musculoso y exitoso, y que rasgos como la sensibilidad o la autenticidad funcionarían más bien como un agregado, no como el componente central de la atracción. Esta tensión, de hecho, es interesante de dejar planteada: probablemente ambas lecturas conviven, y el peso de una sobre otra depende de cada persona que mira a estas figuras”, concluye.
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