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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La cirugía bariátrica puede aumentar el riesgo de problemas con el alcohol, según un estudio publicado en el International Journal of Obesity. Se destaca que tras ciertos procedimientos, como el bypass gástrico y la manga gástrica, el cuerpo absorbe el alcohol de manera más rápida y en mayor cantidad, lo que puede llevar a embriagarse más fácilmente. Investigadores noruegos encontraron que los pacientes bariátricos tienen un 69% más de riesgo de desarrollar problemas relacionados con el alcohol, lo que puede resultar en una mayor tasa de mortalidad y un aumento en el uso de servicios de salud especializados.

La cirugía bariátrica puede cambiar mucho más que el peso de una persona, ya que un nuevo estudio publicado en el International Journal of Obesity advierte que quienes se someten a este tipo de intervención tienen mayor probabilidad de desarrollar problemas relacionados con el alcohol, debido a la forma en que el cuerpo empieza a absorberlo después de la operación.

El hallazgo apunta especialmente a dos procedimientos comunes: el bypass gástrico y la manga gástrica. Ambos reducen la cantidad de comida que una persona puede ingerir y aumentan la sensación de saciedad, tanto por la disminución del tamaño del estómago como por cambios hormonales. Sin embargo, esas modificaciones anatómicas también afectan lo que ocurre cuando el paciente bebe alcohol.

“La cirugía bariátrica puede tener consecuencias negativas. Los pacientes tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar problemas con el alcohol que si no se operaran”, afirmó Magnus Strømmen, investigador del Centro de Investigación sobre la Obesidad del Hospital St. Olavs y becario de doctorado en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU).

Según el investigador, en un estómago sano una parte importante del alcohol se descompone antes de llegar a la sangre, gracias a una enzima presente en la mucosa gástrica, pero la cirugía bariátrica altera ese mecanismo.

“En un estómago sano, una parte importante del alcohol se descompone y, por lo tanto, no pasa al torrente sanguíneo. Esto se debe a una enzima secretada en la mucosa gástrica. Es este mecanismo de protección el que privamos al paciente cuando operamos el estómago. Además, lo que se bebe pasa mucho más rápido al intestino”, explicó Strømmen.

La consecuencia resulta clave: como el intestino delgado cumple una función central en la absorción, el alcohol llega con mayor rapidez y en mayor cantidad al torrente sanguíneo. Así, una persona puede emborracharse más rápido que antes de la operación, incluso si consume la misma cantidad de alcohol.

Cirugía Bariátrica: el peligro del alcohol

Para medir este efecto, Strømmen y sus colegas realizaron pruebas de esfuerzo con alcohol en 33 pacientes adultos. Los participantes bebieron cantidades medidas de vodka mezclado con jugo de naranja antes de someterse a una cirugía bariátrica y luego repitieron la prueba a los 3, 12 y 36 meses posteriores a la intervención. Después, los investigadores midieron sus niveles de alcohol en sangre.

“Nuestros hallazgos demuestran que la absorción de alcohol prácticamente se duplica, tanto después de un bypass gástrico como de una manga gástrica. Un hallazgo aún más peligroso, desde la perspectiva del abuso de sustancias, es que los pacientes alcanzan la concentración máxima en sangre en tan solo la mitad del tiempo. Estos efectos son duraderos, probablemente de por vida”, afirmó Strømmen.

El estudio mostró que los efectos resultaron más notorios en quienes se sometieron a bypass gástrico. Aun así, el investigador llamó a no mirar la manga gástrica como una alternativa libre de riesgos.

“Los efectos fueron más pronunciados en las personas que se sometieron a una cirugía de bypass gástrico. Pero eso no significa que la manga gástrica sea inofensiva en lo que respecta al abuso de alcohol posterior”, dijo Strømmen.

Mayor peligro

En otro estudio publicado en la misma revista, los investigadores analizaron el riesgo de recibir un diagnóstico de abuso de alcohol después de ambas cirugías. Para eso, revisaron datos del Registro Noruego de Pacientes y los vincularon con la Base de Datos de Prescripciones Noruega. En total, estudiaron a 17.800 pacientes operados entre 2008 y 2018.

Los resultados mostraron que quienes se sometieron a bypass gástrico presentaron un 69% más de riesgo de recibir un diagnóstico relacionado con problemas con el alcohol, en comparación con quienes se realizaron una gastrectomía en manga. Además, los pacientes bariátricos diagnosticados con un problema ligado al alcohol tuvieron una mayor tasa de mortalidad y usaron más servicios de salud especializados que aquellos que no recibieron ese diagnóstico.

Es importante que los pacientes, sus familiares y el personal sanitario, especialmente en medicina general, drogodependencia y gastroenterología, compartan este conocimiento. Estos estudios noruegos, basados ​​en diferentes fuentes de datos y metodologías, indican que algunos de nuestros pacientes sufren problemas de alcoholismo como complicación de la cirugía. Los problemas de alcoholismo pueden tener un coste muy elevado para el paciente, sus familiares y la sociedad”, afirmó Strømmen.

Preparación para los cambios luego de la cirugía bariátrica

El investigador también insiste en que los pacientes deben prepararse para enfrentar situaciones sociales donde otros esperan que beban igual que antes de la operación. “De repente se encontrarán en contextos sociales donde sus amigos y su entorno esperan que beban tanto como antes de la operación. Pero su fisiología ha cambiado. Eso significa que deben tener más cuidado que antes”, explicó.

Para Strømmen, las clínicas deben entregar información más concreta antes de la cirugía bariátrica y evaluar los factores de riesgo de cada paciente, esto incluye conversar de forma más profunda sobre hábitos de consumo de alcohol, antecedentes de abuso de sustancias y posibles riesgos individuales.

“Creo que la mayoría de las clínicas de obesidad pueden mejorar mucho en lo que respecta al historial de consumo de alcohol, es decir, en una conversación exhaustiva sobre los hábitos de consumo de alcohol del paciente y cualquier factor de riesgo. Necesitamos aprender a formular las preguntas adecuadas y realizar una evaluación más precisa. Pero esto también requiere transparencia por parte de los pacientes. Creo que una buena educación del paciente puede ayudarle a comprender por qué es importante ser honesto sobre estos temas”, afirmó Strømmen.

El especialista también cree que los nuevos fármacos contra la obesidad deberían considerarse antes de la cirugía, especialmente en personas con mayor riesgo de abuso de alcohol.

“Las directrices actuales establecen que no debemos operar a pacientes con un problema activo de abuso de sustancias y que los pacientes de alto riesgo deben abstenerse de consumir alcohol después de la cirugía. Sin embargo, las directrices no especifican cómo se debe evaluar a los pacientes. Esta falta de claridad es un problema, ya que se trata de información que muchos médicos se muestran reacios a solicitar y que los pacientes pueden tener miedo de compartir”, afirmó.