Sensación de orinar vidrio molido, necesidad de ir al baño decenas de veces al día, micciones con sangre e incluso la pérdida irreversible de la vejiga. Estas son algunas de las graves secuelas asociadas al consumo frecuente de ketamina y del llamado “tusi”. Especialistas advierten que esta droga puede desencadenar una enfermedad urinaria tan agresiva que algunos pacientes requieren complejas cirugías reconstructivas, viven el resto de sus vidas sin vejiga o terminan en diálisis.
La gravedad del problema quedó de manifiesto recientemente en redes sociales cuando el creador de contenido Lars Andres (@lars.prime), conocido por compartir mensajes de prevención sobre drogas y adicciones, publicó el testimonio de una seguidora que relató las consecuencias que ha visto en su entorno: “Tengo amigas que usan paños, se dializan, usan sondas o bolsa y viven en urgencias por la keta”.
El joven leyó el mensaje con alarma. “Los comentarios son una locura. Personas que perdieron su vejiga, que están esperando una operación, que tienen que hacer pichí 20 veces en la noche y mean una cagada (sic), que tienen que dormir con guatero para poder aguantar el dolor. Personalmente, yo quería sacar a la luz el daño que te hace esta mierda y lo fuerte que está siendo”, indicó en un video compartido con sus seguidores.
“Quedé impresionado con la cantidad de comentarios de personas que perdieron la vida, perdieron la vejiga, están esperando operación, mujeres que están meando sangre”, agregó.
Cistitis inducida por ketamina: una enfermedad más agresiva que una cistitis común
La ketamina es un anestésico de uso médico que actúa sobre el sistema nervioso central. Aunque en hospitales se utiliza bajo estricta supervisión, en el mercado ilegal se ha popularizado como droga recreativa por sus efectos alucinógenos y disociativos.
También es uno de los componentes que con frecuencia aparece en el llamado “tusi” o “cocaína rosada”, una mezcla de composición variable que puede contener diversas sustancias. Su consumo repetido no solo se asocia a problemas de dependencia y deterioro cognitivo, sino también a un daño progresivo y potencialmente irreversible del sistema urinario.
De hecho, esta última condición ya tiene un nombre médico, se conoce como cistitis inducida por ketamina. Según los especialistas, este problema puede afectar no solo la vejiga, sino también las vías urinarias y hasta los riñones.
“Lo más preocupante es la aparición de una inflamación severa de la vejiga, no infecciosa, destructiva, que en muchos casos puede llevar a daños irreversibles y pérdida de la capacidad vesical”, explicó Bárbara Torres, uróloga de Clínica Andes Salud El Loa.
La evidencia científica respalda esta preocupación. De acuerdo con una revisión científica publicada en la revista Research and Reports in Urology, el consumo regular de ketamina aumenta entre tres y cuatro veces el riesgo de desarrollar síntomas urinarios. Los autores advierten que entre las complicaciones se encuentran dolor urinario intenso, daño de la barrera protectora de la vejiga, disminución de su capacidad de almacenamiento, estrechamiento de los uréteres e incluso insuficiencia renal.
Torres asegura que, a diferencia de las infecciones urinarias comunes, este tipo de cistitis daña directamente el revestimiento interno de la vejiga, lo que compromete su elasticidad y función.
“Con el tiempo, la vejiga pierde su capacidad de almacenamiento. En casos avanzados, la única alternativa es retirar la vejiga mediante cirugía”, recalcó.
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Muchos confunden los síntomas con una infección urinaria común
Según el consenso de la Asociación Británica de Cirujanos Urólogos (BAUS), en etapas iniciales, los síntomas suelen parecer una infección urinaria común, tales como necesidad urgente de orinar, micciones muy frecuentes, ardor o dolor al orinar, dolor pélvico, sangrado urinario y levantarse repetidamente durante la noche para ir al baño.
El problema es que muchas personas, especialmente jóvenes, no relacionan estas molestias con el consumo de ketamina y creen que se trata de una infección urinaria común. Esto último retrasa el diagnóstico hasta que el daño ya es significativo y, en ocasiones, irreparable.
Cuando la vejiga comienza a contraerse
Pero, ¿por qué la ketamina daña tanto la vejiga y el sistema urinario? Lo que ocurre es que la ketamina y sus metabolitos son eliminados a través de la orina. Durante ese proceso, permanecen en contacto con el revestimiento interno de la vejiga, provocando inflamación, ulceración y muerte celular.
Según información del servicio de salud británico NHS, esta droga es tóxica para las células que recubren el tracto urinario y puede destruirlas progresivamente. “La ketamina daña la vejiga, causando inflamación y ulceración”, advierte el organismo sanitario.
Así es como, a medida que avanza el deterioro, la vejiga pierde elasticidad y se contrae. Un informe de la International Painful Bladder Foundation describe casos de “vejigas contraídas” y una capacidad vesical severamente reducida, acompañada de dolor crónico e incontinencia.
Algunos urólogos utilizan una comparación particularmente gráfica para describir la experiencia. En publicaciones médicas y reportajes clínicos, pacientes han descrito[destacador] sentir como si estuvieran “orinando hojas de afeitar” o “vidrio molido” debido al dolor extremo que produce el contacto de la orina con una vejiga ulcerada.
Cuando el daño alcanza los riñones
Y la situación puede volverse aún más grave. Según el consenso de BAUS, la inflamación crónica puede extenderse a los uréteres, generar reflujo urinario y terminar afectando los riñones. Entre las complicaciones descritas figuran hidronefrosis (hinchazón o dilatación de uno o ambos riñones, causada por la acumulación de orina), estenosis ureterales (estrechamiento o bloqueo anormal de los conductos que llevan la orina) e insuficiencia renal.
La International Painful Bladder Foundation advierte que el consumo prolongado puede producir “daño extenso y devastador” en todo el tracto urinario. Incluso señala que los síntomas pueden volverse irreversibles mientras más tiempo se mantenga el abuso de la sustancia.
En un artículo publicado en el New Zealand Medical Journal, los autores fueron todavía más categóricos al advertir que el consumo recreativo de ketamina “puede provocar daño irreversible a la vejiga”.
El círculo vicioso del dolor
Uno de los aspectos más preocupantes es que el propio dolor puede empeorar la adicción.
La revisión científica publicada en Health Psychology Research señala que algunos pacientes intentan aliviar las molestias urinarias consumiendo más ketamina, generando un círculo vicioso que acelera el deterioro. Los investigadores escribieron que “se convierte en un círculo vicioso” cuando los afectados usan más droga para manejar el dolor urinario.
La Asociación Británica de Cirujanos Urólogos coincide con esta observación y señala que el dolor puede fomentar un mayor consumo de ketamina u otras drogas recreativas para intentar controlar los síntomas.
¿Se puede revertir?
La buena noticia es que dejar de consumir ketamina puede mejorar significativamente el cuadro si el daño aún no es avanzado.
Los expertos coinciden en que la suspensión del consumo suele asociarse a una mejoría de los síntomas y es considerada la piedra angular del tratamiento.
Sin embargo, cuando la enfermedad ya progresó demasiado, es poco lo que se puede hacer. Algunos pacientes requieren procedimientos invasivos como una reconstrucción vesical o incluso la extirpación de la vejiga con derivación urinaria en un procedimiento llamado cistectomía.
Por ello, los especialistas insisten en que los síntomas urinarios persistentes en consumidores de ketamina no deben normalizarse ni minimizarse. Lo que para muchos comienza como una droga asociada a la diversión puede terminar transformando un acto tan cotidiano como ir al baño en una experiencia dolorosa, constante y, en algunos casos, permanente.