América Latina está dando un “giro a la derecha”, lo que se ratifica con la elección en Colombia de Abelardo De la Espriella, quien asume el cargo de presidente luego de un gobierno de izquierda.

Además de la dimensión ideológica, existen otras variables que permiten analizar los perfiles de los mandatarios en la región. El vínculo con el sistema de partidos es uno, lo que ayuda a distinguir entre agentes que pertenecen a conglomerados políticos tradicionales o los que están al margen de ellos.

El caso colombiano resulta interesante debido -no solo de las particularidades institucionales o de su sistema de partidos-, sino que también a partir de los atributos de su presidente electo. Este Abogado, de 48 años, se hizo conocido a nivel nacional a partir de su vinculación en casos de alta connotación y que generaban interés de los medios. Casos como el de Alex Saab -antiguo hombre del régimen chavista- o la defensa de excongresistas colombianos procesados por vínculos con grupos paramilitares, son algunos de estos ejemplos. Con un estilo directo y estruendoso, De la Espriella logró posicionarse como un especialista en casos complejos.

Este éxito profesional posteriormente se tradujo en el desarrollo de una serie de emprendimientos ligados a su figura, todo con gran impacto económico, pero también en la opinión pública. Luego, incursionó en política activa y en 2025, formó su movimiento “Defensores de la Patria”, que le sirvió para lanzar su candidatura presidencial.

Con todo, el éxito de De la Espriella se vincula, además, a un contexto de desconfianza y hastío hacia el sistema político, le permitió convertir su capital generado en una plataforma al poder.

De la Espriella representa un caso típico del outsider, un actor que logra desde afuera de los partidos tradicionales asumir las más altas posiciones posibles. Esto lo diferencia de otros actores como Kast y Fujimori, con trayectorias construidas desde partidos políticos.

El futuro mandatario comparte la senda de Milei, en Argentina -inicialmnete ajeno a los partidos-, aunque luego institucionalizó su respaldo a través de La Libertad Avanza.

El surgimiento de liderazgos no tradicionales se relaciona directamente con la incapacidad de los sistemas para dar respuestas a los problemas ciudadanos. La falta de soluciones o la lentitud de estas -asociadas principalmente a los partidos clásicos-, genera el contexto ideal para estas figuras que buscan barrer con “la casta” de izquierda o derecha.

Por otro lado, tener presidentes “independientes” acarrea dificultades: no cuentan con respaldo parlamentario, lo que se traduce en la necesidad de pactar con otros partidos y en cierto nivel de dependencia de otras fuerzas.

En el caso colombiano, varios partidos se declararon oficialistas al gobierno de De la Espriella, pero al no tener un conglomerado formal, dependerá de las buenas relaciones con esas tiendas.

Ahora deberemos observar si el nuevo jefe de Estado podrá avanzar en su agenda sin contar con un partido tradicional como soporte de su proyecto político y de gobernabilidad a un país que exige cambios.

Hugo Jofré
Investigador asociado Instituto Libertad

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