Datos provenientes de la telefonía móvil que revelan patrones de movilidad y concentración de personas; plataformas como Waze que muestran dinámicas de congestión, incidentes y tiempos efectivos de desplazamiento; sistemas de pago digitales que aproximan a la actividad económica territorial con un nivel de detalle antes impensado.

Son muchas las nuevas formas de acceder a información que nos permite observar el comportamiento urbano casi en tiempo real y mejorar los procesos de toma de decisión.

Cámaras de televigilancia, aplicaciones móviles, imágenes de drones para monitorear el tránsito o la seguridad pública y múltiples huellas digitales terminan de dibujar una radiografía más fina y dinámica de cómo usamos la ciudad, lo que nos puede facilitar, por ejemplo, tomar definiciones de gestión y no necesariamente tener que acudir a proyectos de infraestructura para solucionar algún desafío que plantee algún barrio determinado.

Sin embargo, pese a esta abundancia de información, los procesos de planificación urbana y toma de decisiones públicas siguen dependiendo, en gran medida, de herramientas tradicionales, muchas veces desactualizadas o incapaces de capturar la complejidad de un territorio en constante cambio. La brecha entre lo que hoy podemos medir y lo que efectivamente utilizamos para decidir sigue siendo significativa.

Aun así, esa distancia comienza a acortarse. Un ejemplo concreto es la iniciativa “Un Beso y Chao”, impulsada por City Lab Biobío en un colegio de Concepción junto a su comunidad escolar. A partir de una intervención simple —optimizar el proceso de llegada de estudiantes— fue posible medir con precisión los tiempos de detención y la congestión en hora punta.

Con apoyo de drones y cámaras que observaron el comportamiento vehicular en el entorno, se generó evidencia clara y accionable en pocos días. El resultado: decisiones inmediatas que redujeron tiempos de espera y mejoraron la experiencia diaria de un número significativo de personas.

Una iniciativa que demuestra que, cuando contamos con la información adecuada, es posible pasar rápidamente del diagnóstico a la acción, con impactos concretos en la vida cotidiana gracias a decisiones tácticas de movilidad que no requieren grandes obras de infraestructura.

La convergencia entre inteligencia artificial, disponibilidad masiva de datos y nuevas tecnologías está transformando la manera en que podemos entender y planificar la ciudad. Antes se requerían meses en lo que hoy puede resolverse en minutos, habilitando una gestión más ágil, precisa y ajustada a las necesidades reales de la población.

Pero el desafío no es únicamente tecnológico, también es cultural. Implica avanzar hacia una ciudadanía y una institucionalidad más familiarizadas con el uso de tecnologías y datos, porque no se trata solo de tener más información, sino de usarla mejor para construir ciudades más eficientes, humanas y centradas en las personas.

Fernando Pérez
Director principal de City Lab Biobío

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