Cada 17 de junio, el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía nos recuerda lo que en Indap enfrentamos durante todo el año: la escasez hídrica dejó de ser un asunto de ciertas zonas para volverse una condición de todo Chile.

Es evidente en Coquimbo y Valparaíso, pero también golpea donde menos se la espera, incluso en el sur, en regiones como Magallanes. Ninguna está a salvo.

Por eso, este 2026 concentramos la inversión donde más urge: el agua. Comprometemos más de $32 mil millones en obras de riego —captación, acumulación, conducción y tecnificación— para aprovechar al máximo cada gota, bajar los costos y sostener la producción frente a un clima cada vez más exigente.

Pero invertir en riego no se agota en captar y almacenar agua: también importa con qué energía se mueve. Los sistemas tecnificados de bombeo y automatización consumen energía, y ahí la energía solar marca la diferencia. Lo concreto y medible: reduce de forma sostenida el costo de operar el riego.

Cuando un agricultor rebaja su cuenta eléctrica o deja atrás el combustible, la inversión empieza a pagarse sola y su margen mejora.

En esa línea, este año damos un paso más: un nuevo apoyo de asistencia técnica posterior a la inversión, para que quienes ya cuentan con sistemas tecnificados los operen y mantengan bien, y alcancen su máxima eficiencia hídrica y energética.

Frente a la sequía no hay recetas mágicas ni soluciones de un día para otro. Hay trabajo serio, inversión donde más se necesita y a tiempo, para que la agricultura familiar siga produciendo y abasteciendo al país en las décadas que vienen.