La evidencia es consistente en mostrar que el aprendizaje significativo ocurre en contextos donde se produce interacción de calidad, reconocimiento y sentido de pertenencia.

La contingencia reciente ha vuelto a situar a la educación escolar chilena en el centro del debate, pero reducir la discusión a episodios específicos no permite elaborar respuestas integrales. Lo que observamos es la expresión de una tensión más profunda, frustraciones, pérdida progresiva de sentido en la experiencia educativa y un debilitamiento del vínculo entre estudiantes y escuela.

Hay cifras que manifiestan una de las dimensiones del problema. De acuerdo con los últimos resultados SIMCE, aún persisten rezagos educativos en lectura y matemáticas ¿Cuánto influyen estas brechas en la paulatina acumulación de frustraciones?

Desde este prisma, lo que observamos no es únicamente una crisis educativa, sino también un debilitamiento de los vínculos humanos. Cuando el aprendizaje pierde sentido, cuando la experiencia escolar no logra generar pertenencia ni conexión, el proceso educativo se erosiona desde su base.

Desde una perspectiva académica resulta insuficiente abordar esta problemática únicamente con cobertura curricular o reformas al sistema. La evidencia es consistente en mostrar que el aprendizaje significativo ocurre en contextos donde se produce interacción de calidad, reconocimiento y sentido de pertenencia.

En este marco, iniciativas como la de la Fundación Conectado Aprendo ofrecen un campo relevante de análisis, acción e idealmente mayor extensión.

Su modelo de tutorías personalizadas online, dirigidas a escolares e impartidas mayoritariamente por estudiantes universitarios, interviene de manera simultánea en dos dimensiones críticas: por un lado, el fortalecimiento de aprendizajes fundamentales en lenguaje y matemáticas; por otro, la construcción de vínculos educativos sólidos mediante la figura del tutor, quien también se beneficia con esa relación. Actualmente, las universidades Católica, Los Andes y Adolfo Ibáñez hemos incorporado este modelo de tutorías en asignaturas específicas de pregrado.

Un estudio reciente aplicado por esta fundación ratifica el impacto positivo de las tutorías, ya que más del 85% de los participantes declara que la experiencia de ser tutores contribuyó a generarles nuevos intereses y objetivos personales, mientras que una proporción similar reconoce efectos positivos en su bienestar.

Este hallazgo no es trivial, en especial cuando lamentablemente hoy los hechos de violencia ocurren también en universidades, porque este modelo sugiere que las intervenciones educativas pueden no solo ser espacios de formación académica y de desarrollo socioemocional para los escolares, sino también contribuir a la formación de capital humano con mayor conciencia y cohesión social.

Además, mediciones realizadas a los escolares que reciben las tutorías han arrojado que no solo aprenden más, sino que también creen más en sí mismos. Según los datos recolectados, esos estudiantes han registrado un significativo aumento en su seguridad para estudiar y, sobre todo, en su mentalidad de crecimiento, pasando de sentirse estancados a entender que, con esfuerzo y el apoyo digital adecuado, sus capacidades pueden desarrollarse.

A este doble impacto podemos agregar un tercero: en tiempos de estrechez económica, resulta estratégicamente eficiente promover iniciativas educativas de alta escala a bajo costo, que apoyen lo que ocurre en el aula con esos niños en formación que más tarde ingresarán a la educación superior y al mundo laboral.

Cada uno en su realidad, y al igual que las escuelas, las universidades también estamos tensionadas por múltiples factores, desde las relaciones personales a la obtención de recursos, desde los vacíos de aprendizajes a las tensiones sociales del país.

Por ello, en un país caracterizado por altos niveles de segmentación, donde aún persisten brechas educativas importantes, la interacción entre estudiantes universitarios y escolares de contextos socioeconómicos muy diversos, constituye en sí misma un aporte estructural.

Imaginemos si muchas más universidades se sumaran a esta cruzada, podríamos decir con orgullo que entre todos y todas sí podemos mover la aguja.

Mario Ponce
Vicerrector Académico, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Niels Rivas
Decano Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez.

Pelusa Orellana
Académica Facultad de Educación, Universidad de Los Andes.

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