Sin duda no se le pueden cargar a Keiko todos los pecados del padre, pero en el ejercicio del cargo es cuando deben revalidarse las credenciales democráticas de los candidatos.

En 1994 con apenas 19 años, Keiko se estrenó como figura pública asumiendo el rol de primera dama durante el gobierno de su padre, el entonces presidente de Perú, Alberto Fujimori. Corrió como candidata presidencial en 2011, 2016 y 2021, pero fue derrotada por Humala, PPK y Castillo.

Pero este domingo, Keiko pasó al balotaje del próximo 7 de junio y, a pesar de la expectativa de triunfo, tiene el desafío de marcar su propio rumbo y dejar atrás los malos recuerdos del mandato de su padre.

La elección presidencial de este año contó con la irrisoria cifra de 35 candidatos y 37 listas parlamentarias: una muestra más del deterioro del sistema político peruano. La política en ese país refleja la debilidad de sus presidentes electos: en los últimos tres periodos ha tenido nueve mandatarios. Caudillos de izquierda como Humala y Castillo, hasta líderes de centroderecha como Pedro Pablo Kuczynski, han visto mermada su popularidad, pero Keiko sigue incombustible. Y, si finalmente ella se impone, se convertiría en la segunda mujer presidenta del país luego de Dina Boluarte.

Dicho esto, ¿quién es Keiko?, ¿qué se puede esperar de su eventual gobierno? Y, ¿cómo quedaría el vecindario políticamente?

La hoy aspirante a la Casa de Pizarro -fundadora de Fuerza Popular, partido que data de 2009- carga con una mochila negativa con escándalos de corrupción y violaciones a los derechos humanos sucedidos en el mandato de su padre.

Desde la llegada del entonces independiente y outsider Alberto Fujimori al poder, se produjo deterioro sistemático del sistema de partidos peruano, llegando a hablar de colapso de este ante la alta fragmentación y volatilidad electoral, además de bajo nivel de institucionalización. En síntesis, los partidos se convirtieron en “cáscaras vacías”, lo que contrasta con el pasado de los históricos APRA o Acción Popular.

Sin duda no se le pueden cargar a Keiko todos los pecados del padre, pero en el ejercicio del cargo es cuando deben revalidarse las credenciales democráticas de los candidatos.

Dicho esto, existe cierto resquemor respecto del resguardo de las instituciones democráticas -especialmente, al recordar el autogolpe y cierre del Congreso a manos de Alberto-, pero también es relevante observar su trayectoria reciente, donde ha buscado fortalecer su partido y ha logrado mantenerse en primera línea luego de tres derrotas presidenciales promoviendo orden y reactivación económica.

Por último, a nivel latinoamericano distintos candidatos de derecha y centroderecha se han impuesto en las recientes elecciones: Kast en Chile, Paz en Bolivia, y Fernández en Costa Rica, además de un Milei que gobierna hace dos años y medio en Argentina.

Con matices entre ellos, Keiko podría sumarse a dicho grupo que contrasta con los casos más emblemáticos de la izquierda latinoamericana como Lula Da Silva en Brasil y Sheinbaum en México.

Con todo, el calendario electoral de 2026 seguirá siendo intenso con las elecciones presidenciales en Colombia y Brasil, ambos países comandados por fuerzas de izquierda. Pareciera que Perú se sumará a la reciente ola derechista en la región, lo que abriría nuevas oportunidades de inversión y colaboración entre los presidentes de la región.

Hugo Jofré
Investigador Instituto Libertad

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