Hace unas semanas el Presidente anunció el presupuesto 2022 que será presentado al Congreso, lo que me ha hecho volver a creer en la racionalidad de este país y sus autoridades.

Dentro de un escenario completamente populista, Piñera propuso una reducción del gasto fiscal para el próximo año de un 22,5% (aunque un 4% superior al Presupuesto que se tenía para el 2021), cifra que indudablemente pegará en los bolsillos de todos los chilenos, pero que no hará nada más que volvernos a la realidad. Esto tras un año caracterizado por una demanda interna sin precedentes, resultado de una política fuertemente expansiva para sortear la pandemia, apoyada tanto por el Fisco como por los retiros. Para colocar en perspectivas estos últimos, los tres representaron (US$ 50.000 Mm) casi el 60% del Presupuesto presentado para todo el próximo año.

La contracción del gasto público en 2022, permitirá mirar con esperanza el futuro. Los niveles de déficit fiscal que hemos tenido en los últimos años, ha hecho que la deuda pública alcance niveles del 35% del PIB a fines de este año. El menor gasto presupuestario permitirá controlar el crecimiento sostenido de este ratio. Adicional al Presupuesto, la eliminación de ciertas exenciones tributarias (5 % a las ganancias de capital en el mercado bursátil, eliminación del crédito IVA a las constructoras, limitación de beneficios a viviendas DFL 2, se gravan con IVA los servicios e impuestos de herencia y donaciones en seguros de vida) permitirán también una mayor recaudación. Esto nos ayudará en los próximos años a obtener equilibrios sostenibles en el plano fiscal.

A pesar de lo anterior, la incertidumbre en el plano político y la discusión del modelo económico, nos ha llevado a enfrentar disminuciones en la clasificación de riesgo de nuestro país por parte de las agencias de rating internacionales, afectando los costos de endeudamiento tanto para el país como para la propia ciudadanía. El aumento de impuestos no afectará positivamente el crecimiento económico.

Con un déficit desbocado, nos acercaríamos peligrosamente a realidades vividas en otros países de la región en donde las tasas de interés con suerte cubren los intereses de la deuda, sin posibilidad alguna de bajar la deuda misma, entrando en un peligroso espiral de crecimiento de deuda pública. Resultado de lo anterior, el país enfrentaría mayores tasas de interés exigidas por los propios inversores y acreedores externos.

Este mes el Banco Central también tomó importantes medidas para protegernos ante una economía completamente sobrecalentada, subiendo las tasas de interés y que muy posiblemente lo hará nuevamente durante el mes de octubre. El Ejecutivo se ha puesto al día con la ayuda entregada a los diferentes sectores económicos a través del IFE y también el ILE. Es de esperar, que ahora la clase política haga lo suyo rechazando este cuarto retiro que no tiene ningún fundamento técnico, más que el meramente político que es la destrucción de un sistema de ahorro, que en el tiempo ha favorecido a todos los chilenos y que definitivamente debe ser mejorado.

Puedo entender que la gran mayoría esté viendo y cubriendo como es lógico sus necesidades de corto plazo, pero espero al menos que los parlamentarios puedan votar viendo lo mejor para nuestro país tanto para el corto como el largo plazo.

Hemos comenzado a ver el impacto de los retiros que producen incertidumbre en los agentes institucionales (AFP y Compañías de Seguros), ya que ante la incertidumbre de mayores retiros futuros, estos han tenido que limitar sus inversiones a instrumentos líquidos y de corto plazo, afectando directamente al mercado de capitales.

El mercado local se está secando y con ello las posibilidades de que nuestras empresas financien sus inversiones, creando crecimiento, empleo e ingresos para nuestra economía. Todo está tremendamente entrelazado y en la medida que sigamos desafiando nuestro futuro, el efecto lo vamos a sentir todos, pero los más desposeídos con más fuerza.

En el primer debate presidencial, claramente observamos dos caminos totalmente opuestos en cuanto a la forma de cómo lograr este desarrollo social. Me pareció –independiente de las buenas intenciones de cada uno de los candidatos- curioso que se sigan defendiendo ideas de desarrollo económico que han sido un total fracaso en el resto de los países en que se han implementado.

Es importante mirar con realismo y no con idealismo cada uno de estos modelos ya que no habrá igualdad de oportunidades sin crecimiento, y solo redistribuyendo riqueza lograremos que el país se quede en el mediano plazo, sin empresas e inversionistas. Claro ejemplo de lo anterior es la decisión que tomó la semana pasada Fonterra (empresa neozelandesa) de vender después de 30 años su participación en Soprole. Recordemos que CMPC decidió distribuir en dividendos, como nunca antes, el 100% de sus utilidades, condición que no se da cuando hay proyectos interesantes en los cuales invertir dentro de un marco jurídico estable. Lamentablemente, e independiente de la visión subjetiva que cada uno de nosotros pueda tener, el smart money lentamente comienza a retirarse para ver qué sucederá en el país durante los próximos 12 meses.