Cuando el Estado de Chile se declara como subsidiario, nos está señalando, de manera tácita, que cada vez que otorga su ayuda, estas se constituyen en un auxilio o salvavidas para las familias más carenciadas, pero más allá de esto, nos está señalando la visión que tiene de nosotros, los ciudadanos, como “objetos” carentes que necesitan de una ayuda o como “sujetos” de derecho con necesidades para ser atendidas.

Es distinto cuando un ciudadano pide una ayuda al Estado, que cuando exige lo que en derecho le corresponde, es decir, lo que el Estado está en su obligación de garantizarle. En la profundidad de este ejercicio está la diferencia, y es que el Estado, al declararse subsidiario, sólo opera bajo la lógica de que cuando el mercado no puede otorgar el acceso a los bienes y/o servicios a las personas, ahí recién sale el Estado en su auxilio.

Sin embargo, un Estado debiera por derecho garantizar los bienes y servicios esenciales que requiere su población, y en consecuencia, el mercado sólo complementar y/o establecer el accesos a bienes y/o servicios secundarios no esenciales.

El declarar que somos un país de pocos recursos, se transforma en la excusa más utilizada para no instalar un modelo de Estado pleno, que garantice este acceso. No obstante, tenemos a cambio un modelo que busca focalizar las ayudas en aquellos más carenciados a través de instrumentos difíciles de entender por su enorme complejidad. Estos instrumentos buscan categorizar la pobreza, lo que ya en sí, constituye un ejercicio ambicioso.

Hemos caído entonces en lo que se denomina el clientelismo de Estado, tenemos al sujeto carente que pasa a transformarse de un ciudadano (con derechos y deberes plenos), a un cliente (un receptor, solo con obligaciones), generándose una relación de poder desigual, pudiendo acceder a un beneficio, o peor aún, a un préstamo estatal en cómodas cuotas, a cambio de mantener la fidelidad ante el gobierno de turno (manifestado en su incondicional y agradecido apoyo).
¿Cómo logramos avanzar hacia bonos y ayudas solidarias estatales de tipo universal?, tales como la renta básica universal u otros, a través de otorgamientos directos, sin anteponer barreras de ningún tipo. El tiempo es ahora.

César Arellano
Académico de la Escuela de Trabajo Social UTEM