Opinión
Viernes 15 mayo de 2020 | Publicado a las 11:44
Procesos educativos: un enfoque en tiempos de crisis
Por Tu Voz
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Enfrentamos una pandemia que nos sit√ļa en un escenario complejo no s√≥lo en lo sanitario, sino en variados aspectos de la vida cotidiana que hemos debido modificar. Nuestro modo de vivir en sociedad, de expresar los afectos, de desplazarnos, de interactuar con el trabajo, con la educaci√≥n, la econom√≠a, el esparcimiento y muchos otros factores se han visto seriamente afectados o limitados.

Esta situación podría convertirse en un problema en nuestras existencias si nos quedáramos estancados por el temor o por las restricciones que nos puede ocasionar lo que nos rodea. Sin embargo, también puede ser visto como una oportunidad para desarrollar iniciativas o proyectos que ni siquiera imaginábamos.

La vida es en s√≠ mismo un proceso de constante aprendizaje, y con m√°s tranquilidad para abordarla, o cuando podemos disponer de mayores libertades para distribuir nuestro tiempo, damos lugar a mejores espacios de reflexi√≥n y creatividad. Y eso podemos aprovecharlo de m√ļltiples maneras, particularmente quienes nos vinculamos con el mundo de la Educaci√≥n. Sabemos que en el trayecto educativo se viven estas realidades de diferentes maneras, seg√ļn sea el nivel Parvulario, B√°sico, Medio, T√©cnico – Profesional o Educaci√≥n Superior. Es precisamente este √ļltimo el que queremos abordar.

Los procesos educativos, que implican la transmisión de valores y saberes, requieren de una constante revisión para que estén al día con las necesidades del individuo, la realidad social y del mundo del trabajo, así como con las demandas futuras. Con mayor razón en circunstancias como las actuales, que necesitan de mucha capacidad de adaptación a lo nuevo, impactándose por cierto al currículum.

Esto implica una postura visionaria y constructiva, tanto para la autoridad académica, como para quienes administran los recursos pedagógicos y tecnológicos como asimismo para los propios docentes y estudiantes, quienes son actores esenciales del proceso.

Cada uno de nosotros podr√° evocar c√≥mo era ‚Äď hace muy poco tiempo ‚Äď nuestra cotidianeidad en un aspecto esencial del proceso educativo, cual es el contacto en el aula. ¬ŅLo est√°bamos viviendo intensamente? ¬ŅC√≥mo eran nuestras clases, la fluidez de la ense√Īanza-aprendizaje, las rutinas, la interactividad, la convivencia, el conocimiento mutuo con esos seres que nos rodeaban?

Si hacemos ese ejercicio, podremos encontrar aspectos que probablemente antes no nos hab√≠amos detenido a observar. A modo de ejemplo, la pr√°ctica de una aut√©ntica formaci√≥n inspirada a diario en los aspectos humanos y √©ticos que ello implica. Cu√°nto necesitamos que este enfoque sea transversal, de modo que acompa√Īe a todos los conocimientos disciplinares que deben impartirse, configurando as√≠ ‚Äúun todo‚ÄĚ que garantice obtener aquello que por siglos hemos se√Īalado como una buena educaci√≥n.

Verifiquemos c√≥mo estamos confiriendo a los verdaderos profesionales y l√≠deres del ma√Īana las herramientas que les posibilitar√°n alcanzar el √©xito al que se aspira, porque a ellos les corresponder√° adoptar decisiones transcendentales ante sus pacientes, clientes, colaboradores o seguidores, en un contexto de exigencias que no admite tibiezas o vacilaciones de parte de quienes lideran.

Vivimos tiempos en los que debemos lamentar en muchas ocasiones la ausencia o la relativización de los Valores, lo que influye en que el aludido proceso puede resultar difícil. Es por eso que para formar personas íntegras más que nunca debiéramos ir al rescate de conceptos tan relevantes como el respeto mutuo, en que la dignidad de la persona es un elemento primordial para entendernos; o como la tolerancia, que cuando advirtamos que debe operar en todas las direcciones, nos permitirá lograr una coexistencia sana y esperanzadora, en medio de la cual el método violento, el abuso y la injusticia queden excluidos de la convivencia social.

Reforcemos, entonces, un compromiso √©tico de ser m√°s personas, asociado siempre a la existencia de un ‚ÄúPlan de vida‚ÄĚ que debe iluminar nuestras acciones y al que no podemos renunciar por complejas que sean las circunstancias de una crisis.

As√≠, educadores y educandos vamos tras la restauraci√≥n del valor de la libertad, del autocuidado, de la valoraci√≥n del pr√≥jimo, o de cosas tan cotidianas como el uso del lenguaje, herramienta vital para la comunicaci√≥n e interacci√≥n humana, y que muchas veces se degrada en el tr√°fago de las redes sociales. Podemos hacerlo ahora, en esta realidad virtual que nos apremia, orient√°ndonos de forma gradual a esa anhelada ‚Äúnormalidad‚ÄĚ que cada uno a su manera vislumbra.

El verdadero proceso formativo alcanza sus resultados no s√≥lo por la v√≠a formal, en instituciones educativas como la escuela o la universidad, sino con el aporte imprescindible del seno del hogar, en las experiencias de lo cotidiano, e incluso en el aprendizaje autodidacta. Apreciemos, pues, cada momento de ejercicio del libre albedr√≠o, de relaciones interpersonales aut√©nticas, as√≠ como de aquellas cosas sencillas que a√Īoramos.
Busquemos en todos nuestros procesos, formas novedosas de abordar las incertidumbres, reforzando aquellos Valores que parec√≠an haberse ido perdiendo en el tiempo, y as√≠ como muchos ‚Äúreinventan‚ÄĚ sus negocios, tal vez podr√≠amos ver c√≥mo reinventarnos desde nuestro interior y frente a la vida, plante√°ndonos con optimismo ‚Äúqu√© nuevo saldr√° de todo esto‚ÄĚ y cu√°n preparados estaremos.

Claudio Ruff Escobar, Rector Universidad Bernardo O’Higgins
Licenciado en Ciencias de la Administración, Ingeniero Comercial con mención en Administración, Máster en Finanzas y Doctor en Ciencias de la Ingeniería.

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