Opinión
Miércoles 20 noviembre de 2019 | Publicado a las 13:40
Estallido social: la desigualdad económica y los abusos que llevaron a la gente a salir a las calles
Por Tu Voz
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Ha transcurrido un mes desde el estallido social del 18 de octubre y la crisis que desde entonces estremece a Chile, en lugar de atenuarse con el paso de los días, no cesa de agravarse.

Cada una de las medidas adoptadas por el gobierno se ha revelado ineficaz, tard√≠a, y lo que no es menor, contraproducente. La torpeza de Pi√Īera y de su gobierno, ha ampliado el √°mbito de las protestas, arrojando combustible a un incendio cuya extinci√≥n se torna cada d√≠a m√°s problem√°tica.

Sacudidos por la amplitud de la crisis que atraviesa nuestro país, nos resulta muy difícil calibrar su envergadura y sus eventuales salidas, pues no podemos ignorar que, una situación tan compleja como la que estamos viviendo puede derivar hacia variados derroteros, sin que se pueda descartar el menos deseable de todos: una recaída en la barbarie cívico-militar.

Agencia UNO
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Nuestros sentidos y nuestro entendimiento se hallan a√ļn obnubilados por la inmensidad del trastorno social que estamos viviendo, y cuyas consecuencias desbordan largamente nuestro campo visual, prolong√°ndose hacia un futuro imprevisible.

Son numerosos los acontecimientos que alimentan la perplejidad y la desorientación de no pocos conciudadanos, podemos considerar, entre muchos otros:

– El asombro de constatar c√≥mo ‚Äútodo lo s√≥lido se desvanece en el aire‚ÄĚ, cuando los individuos dejan de ser objetos a merced de la clase pol√≠tica, para convertirse en sujetos aut√≥nomos, dispuestos a luchar por cambiarla sociedad.

– El temor que inspira la brutal violencia del vandalismo en sus diversas manifestaciones.

– La angustia que nos inunda al presenciar, impotentes, la obscena e intolerable impunidad con que los carabineros y militares agreden alevosamente a manifestantes y civiles transe√ļntes, mientras dejan, cobardemente, hacer a los saqueadores.

РEl desasosiego que suscita en nuestro fuero interno, la reaparición a la luz del día, de las venenosas flores del odio, de la pusilanimidad, de la mentira, de la complicidad vergonzante, del desprecio de los demás, del desdén por la cultura y el patrimonio que la encarna, flores mortuorias que germinaron bajo la dictadura cívico-militar, y que rebrotan amenazantes cada vez que los gobernantes dan la espalda a las demandas de la sociedad, facilitando con su prescindencia los desbordes del lumpen y otras creaturas de la cultura neoliberal.

Pero tambi√©n, nos asombra y enorgullece la altiva dignidad, la feliz valent√≠a con la que mujeres, ni√Īas, muchachos, adultos, ancianas y ancianos salen a la calle y en jubilosas marchas, oponen consignas y cantos a la ferocidad de los uniformados.

¬ŅQu√© revela esta crisis?

Lo que estamos viviendo hoy d√≠a, no es un acontecimiento repentino generado as√≠, de pronto, a partir de no se sabe bien qu√© circunstancias. Tampoco se trata del fruto maduro o podrido de una o varias conspiraciones urdidas por el siniestro ‚Äúenemigo‚ÄĚ que, adem√°s de otras tropel√≠as, perturba las celebraciones familiares de Pi√Īera.

El episodio que estamos viviendo hoy en Chile es un capítulo, el más crucial probablemente, de la crisis terminal de la sórdida y lamentable saga neoliberal que comenzara bajo la dictadura cívico-militar.

Los graves incidentes acaecidos a partir del 18 de octubre, fueron la chispa que puso fuego a la pradera, centella que ha operado como un fogonazo que arroja luz sobre la ciudad y sus habitantes, con destellos que, al revés de lo que ocurre habitualmente, no encandilaron los ojos de los ciudadanos, sino que han disipado la niebla que impedía ver lo que pasa realmente en el país y, así, comenzar a comprender lo que nos pasa a cada uno de nosotros.

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En la calle, se encontraron, se reconocieron y marcharon juntos, millones de chilenos, unidos por una idea expresada, clara y fuertemente: ¬°¬°‚Äúbasta ya, no m√°s abusos‚ÄĚ!!
- Gabriel Salinas

Por esas ‚Äúastucias de la historia‚ÄĚ, el abuso, en sus diversas formas, que fuera factor de desmoralizaci√≥n y de desmovilizaci√≥n hasta antes del 18 de octubre, se ha transformado en el denominador com√ļn que une y potencia voluntades que muestran a quienes mandan en este pa√≠s que el tiempo de la ‚Äúservidumbre voluntaria‚ÄĚ va quedando atr√°s.

¬°¬°‚ÄĚNo m√°s abusos‚ÄĚ!! fue coreado por millones de voces, desde Arica a Magallanes.

En estas manifestaciones callejeras, los chilenos identificaron, inequívocamente, a quienes se benefician con el abuso, de qué modo lo hacen y desde cuándo profitan de sus inconmensurables privilegios.

Fueron pocos, si los hubo, los manifestantes que protestaron por el alza de 30 pesos en el Metro de Santiago, pero hubo, en cambio, millones que se alzaron contra los ‚Äú30 a√Īos de abusos‚ÄĚ del modelo neoliberal.

Agencia UNO
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De lo que está hastiada la gran mayoría del pueblo chileno es de la corrupción, de la tiranía del mercado y de ser gobernada por una casta de privilegiados ineptos e irresponsables. Hastío cuyo preludio fue la frustración de los anhelos y esperanzas forjados durante la dictadura, de retornar a la democracia, de recuperar la dignidad perdida y reencontrarse con la justicia y la decencia republicana.

La actual crisis disipa tambi√©n la amnesia, que casi sepult√≥ en los s√≥tanos de la memoria el que la democracia que nos trajo la Concertaci√≥n, nos lleg√≥ ‚Äútutelada‚ÄĚ y severamente infectada por pat√≥genos g√©rmenes que, sin tardar, hicieron de ella una imp√ļdica econocracia, que en menos de una d√©cada degener√≥ en una nauseabunda cleptocracia.

La creciente, intolerable e inocultable desigualdad

El dogma del ‚Äúcrecimiento econ√≥mico‚ÄĚ, al que adhirieron con tenaz soberbia moros y cristianos, no tard√≥ mucho tiempo en mostrar su verdadera naturaleza. A pesar de los esfuerzos desplegados por la oligarqu√≠a desde todas las instituciones ‚Äďp√ļblicas y privadas- que ella controla, no logr√≥ convencer a los chilenos de que, gracias a la ‚ÄĚeconom√≠a social de mercado‚ÄĚ, saldr√≠amos, inevitablemente, del ‚Äúmundo subdesarrollado‚ÄĚ para ingresar al selecto grupo de los pa√≠ses desarrollados.

En estricto rigor, en nuestro país ha habido un indiscutible crecimiento expresado en un aumento de algunas variables económicas, especialmente del Producto Interno Bruto (PIB), cuyo ritmo puede dar una idea de la expansión de nuestra economía. Pero no de su calidad y sus consecuencias para el bienestar, que sí son objeto de atención, en cambio, para quienes se preocupan del verdadero desarrollo con calidad de vida.

Y ¬Ņqui√©nes son aquellos que se preocupan por la calidad de vida de chilenas y chilenos? Forzoso es constatar que no se les encuentra en las filas de la clase pol√≠tica, ni entre los ignaros expertos dirigentes de las AFP, de las isapres, de las instituciones financieras, de los responsables del lucrativo negocio de la educaci√≥n, de la salud, de la ‚ÄĚindustria cultural‚ÄĚ y otras agencias productoras de cretinismo al por mayor.

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Quienes tienen en sus manos las riendas del poder pol√≠tico y econ√≥mico de nuestro pa√≠s, no comulgan con los laicos preceptos democr√°ticos…
- Gabriel Salinas

En efecto, quienes tienen en sus manos las riendas del poder pol√≠tico y econ√≥mico de nuestro pa√≠s, no comulgan con los laicos preceptos democr√°ticos de la solidaridad, la fraternidad, la igualdad de derechos y la justicia social; su credo es otro y est√° sintetizado en la antigua sentencia del Evangelio: ‚ÄúPorque al que tiene, se le dar√° m√°s y abundar√°; y al que no tiene a√ļn aquello que tiene le ser√° quitado.‚ÄĚ (Mateo 13,12)

Es a esa desigualdad denigrante que nos va deshumanizando, que el pueblo chileno opone lo mejor de sus energías a lo largo de las calles de todas las ciudades del país.

La justicia, en la medida de lo posible

Esta sibilina sentencia, marcó la impronta de lo que fue la actitud de los gobiernos de la Concertación respecto de las faltas, delitos y crímenes contra la Humanidad cometidos por la dictadura cívico-militar.

Los innumerables casos de delitos (de toda √≠ndole) que han gozado de la m√°s irrestricta impunidad, durante estos treinta a√Īos, nos indican que m√°s all√° y por encima de las particularidades de los distintos momentos pol√≠ticos vividos desde el fin de la dictadura, esa perla de la ret√≥rica concertacionista, no tan s√≥lo perdura como una cicatriz m√°s en el lacerado coraz√≥n de centenares y centenares de miles de chilenos, sino que sigue vigente como principio oculto, subyacente al trabajo de jueces y magistrados, consagrando de facto, una especie de denegaci√≥n de justicia en nuestro pa√≠s.

La complacencia de los tribunales hacia los delincuentes de ‚Äúcuello y corbata‚ÄĚ no tiene com√ļn medida con el intransigente rigor de la ley, cuando es aplicada a mapuches y otros ciudadanos de a pie. La inequidad y todas las formas de maltrato de que son objeto amplios sectores de la poblaci√≥n, no pod√≠a sino, hacer cada d√≠a m√°s intolerable el agravio, inaceptable el atropello y condenables el cinismo y la hipocres√≠a de la √©lite gobernante.

Lo que esta crisis aporta a nuestro pueblo

Para Pi√Īera y el decreciente n√ļmero de quienes a√ļn le siguen, esta crisis ha aportado desorden, caos y todo cuanto puede ser √ļtil para instalar el mal, all√≠ donde reinaba el bien. Para los dem√°s, es decir, para una gran mayor√≠a del pueblo, esta crisis ha venido a decirnos que no podemos seguir padeciendo pasivamente los abusos, los delitos contra el bien com√ļn, la impunidad de los poderosos y la soberbia de los ‚Äúexpertos‚ÄĚ.

Ya no es posible continuar bajo este régimen social, económico y político fundado en la más pobre y bárbara concepción de la vida en sociedad, de la historia de la humanidad y del mundo en que vivimos. Concepción para la que todo se rige por la relación costo/beneficio, es decir, la más miserable y deshumanizada relación económica.

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Esta crisis nos ha permitido reencontrarnos, redescubrirnos y superar la desconfianza que se hab√≠a instalado en nuestro pa√≠s como consecuencia directa de la difusi√≥n de los valores del mercado…
- Gabriel Salinas

Pero eso no es todo, esta crisis nos ha permitido reencontrarnos, redescubrirnos y superar la desconfianza que se hab√≠a instalado en nuestro pa√≠s como consecuencia directa de la difusi√≥n de los valores del mercado: la competencia, el esp√≠ritu de emprendimiento propio de los ‚Äúganadores‚ÄĚ, la sobreestimaci√≥n de las individualidades exitosas y, la consiguiente descalificaci√≥n de lo colectivo, de la solidaridad, de la no discriminaci√≥n y del gesto gratuito.

La crisis ha revivido en nosotros el interés por los demás, la necesidad de ayudarnos, de cuidar lo que pertenece a todos, de cuidarnos mutuamente. Estos días de gran conmoción, nos han ayudado a reconsiderar la situación personal de cada uno de nosotros, y lo que puede y debe acontecer para todos nuestros congéneres, y para todo nuestro país.

La valentía y la dignidad que hemos visto y sentido en nuestras calles, en la denuncia de un régimen corrupto, expoliador y discriminador de los más vulnerables, nutre la confianza en una salida feliz de esta crisis. No digo esperanza en una salida satisfactoria para la mayoría del país, digo confianza, porque nuestra historia muestra que fuimos capaces de poner en pie instituciones que hicieron de la sociedad chilena un verdadero ejemplo de civilidad, de justicia y de cultura.

La educaci√≥n p√ļblica, laica y gratuita, la salud p√ļblica ofrecida por el Estado como un bien inalienable a todos los ciudadanos, la tutela estatal de numerosas actividades estrat√©gicas de la econom√≠a nacional. Fuimos capaces de hacer todo aquello y lo debemos considerar como fuente inspiradora para la reconstrucci√≥n de nuestra sociedad. No es la nostalgia por ese pasado, sino la gratitud y el orgullo de haber vivido, no hace mucho tiempo, en una sociedad regida por principios m√°s generosos que la neur√≥tica compulsi√≥n del consumo y del ‚Äú√©xito individual‚ÄĚ; m√°s enriquecedores que la ramploner√≠a de los matinales de la tele, m√°s humanos y decentes que el irrelevante simulacro de vida pol√≠tica que protagonizan instituciones secuestradas como bot√≠n de guerra por bien pagados cultores de la ineficiencia y de la mediocridad.

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Hemos de apelar a lo mejor de nuestra historia, y a lo mejor de todo lo que los demócratas han podido hacer en otras latitudes.
- Gabriel Salinas

Los chilenos tenemos una deuda enorme por la inmensa solidaridad que nos brindara el mundo entero durante la oprobiosa dictadura c√≠vico-militar; tenemos ante nosotros, la maravillosa ocasi√≥n de devolver la mano a tantas y tantos que nos acompa√Īaron en la resistencia a la barbarie castrense. Hoy, somos nosotros quienes damos al mundo la oportunidad de constatar que el neoliberalismo es un gigante con los pies de barro, que es un sistema incapaz de sostenerse cuando se cuestiona su paradigma central, es decir, cuando los ciudadanos llegan a la conclusi√≥n que el mercado y la econom√≠a no son suficientes para llenar la vida de una sociedad, ni para ofrecer una perspectiva decente de vida a los individuos.

Chile ofrece hoy al mundo, la prueba de que no todo es negocio, que existe una infinidad de cosas estimables en la vida, que no son reductibles al c√°lculo monetario.

Agencia UNO
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Millones de personas han mostrado en las calles de Chile que el sistema neoliberal y su econom√≠a social de mercado, no puede sino conducir a situaciones de desigualdad e injusticia flagrantes, como las vividas durante estos treinta a√Īos. Se trata de un fracaso tanto m√°s inapelable que en nuestro pa√≠s, el neoliberalismo cont√≥ con las condiciones √≥ptimas para su implantaci√≥n, a trav√©s de la ‚Äúterapia de shock‚ÄĚ y de su posterior desarrollo bajo los gobiernos de la Concertaci√≥n.

Queda a√ļn mucho, casi todo por hacer; deberemos dotarnos de una nueva Constituci√≥n; deberemos desintoxicarnos de la mercadolatr√≠a que ha calado muy hondo en nuestros esp√≠ritus; deberemos rehabituarnos a discutir de pol√≠tica y a considerar a nuestros pr√≥jimos como interlocutores v√°lidos, deberemos rehacer la experiencia de compartir ideales y confiar en nuestras capacidades para cambiar y enriquecer la vida cotidiana haciendo m√°s habitable y querible nuestro pa√≠s.

Gabriel Salinas √Ālvarez

Doctor en Ciencias Sociales

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