Si no existe la voluntad de regular, es mejor prohibir. Lo dijo esta semana el senador Gastón Saavedra, presidente de la Comisión de Economía, para justificar su indicación sustitutiva al proyecto de apuestas en línea. Léalo de nuevo, despacio: no dice que prohibir sea mejor que regular, dice que prohibir es lo que se hace cuando no hay ganas de regular. Como un cirujano aburrido de operar y que prefiere amputar.
Así, en apenas 48 horas, senadores de diversos sectores se contagiaron con la voluntad de cerrar el mercado en vez de ordenarlo. Hemos visto acuerdos que tardan años; pero para prohibir, que no cuesta nada, bastaron dos días.
Recapitulemos. El pasado viernes, a las 12:00, venció el plazo para presentar indicaciones. Algunos parlamentarios llegaron a las 12:01. El Ejecutivo, ni eso. En un proyecto sobre apuestas, el Gobierno decidió no jugar sus fichas y se refugió en las mesas técnicas, expresión que en Chile se usa cuando no hay ni mesa ni técnica. Es la única mesa de este casino donde nadie apuesta nada. Y la cancha vacía la ocuparon los prohibicionistas.
Revisemos esta mala apuesta en cuatro jugadas:
Uno: prohibir lo prohibido. Tal vez nadie le ha contado al Gobierno y a los parlamentarios, pero las plataformas online ya están prohibidas. Pese a eso y aunque los tribunales han ordenado bloquearlas, cualquier niño con un teléfono apuesta en ellas antes de lo que tarda un ministerio en presentar una indicación. La prohibición propuesta solo le sube la pena, hasta 15 años de cárcel, a una norma que no se cumple. O sea, la mejor y más severa forma de no hacer nada.
Dos: esta apuesta ya se hizo antes. Entre 1920 y 1933, Estados Unidos vivió bajo la ley seca. El consumo de alcohol se volvió clandestino y el negocio quedó en manos de la mafia. Al Capone no fue un efecto imprevisto de la prohibición, sino su producto más perfeccionado. Por eso cuesta imaginar mejor lobista para un casino clandestino que un prohibicionista convencido.
Tres: apuesta incoherente. La indicación de los senadores Saavedra e Ibáñez prohíbe a los operadores privados, pero mantiene a la Polla, la Lotería, los hipódromos y los casinos tradicionales. Apostar en la aplicación de la Polla es tradición; en la de un privado con licencia, delito. ¿Genera menos ludopatía? No. La adicción no revisa quién es el dueño de la plataforma. Lo que se consigue es una ludopatía clase A.
Cuatro: un socio que solo cobra. Dicen que el Estado no puede ser socio tributario de un problema que debe prevenir. Pero ya lo es: desde la Resolución N° 69 de junio de 2026, el SII cobra IVA a estas plataformas. Cobra su parte, pero no pone las reglas de la mesa. En los casinos la casa siempre gana; en este, la casa es el Fisco.
Regular no es ser laxo. El Gobierno tiene hasta el 26 para demostrarlo, salvo que la mesa técnica se prolongue hasta que Chile vuelva a un Mundial. El costo de no regular lo pagan nuestros hijos, enviciándose mientras el Estado hace como que prohíbe.
Colombia optó hace una década por licenciar el juego en línea, y buena parte de Europa opera con licencias. Todos parten de una premisa que aquí olvidamos: el Estado de Derecho se ejerce con normas, no desde la tribuna. Hace años, un experto legislativo proponía, irónicamente, prohibir legalmente la pobreza para terminarla…Acá parece que se lo tomaron en serio.
Propongo, en cambio, seis reglas mínimas. Una, licencias exigentes, con identificación del beneficiario final. Dos, verificación de identidad, incluso reconocimiento facial como plantea el senador Walker, para impedir el acceso de menores. Tres, registro nacional de autoexclusión y límites obligatorios de depósito. Cuatro, prohibición de publicidad en camisetas y horarios infantiles. Cinco, bloqueo expedito de sitios y medios de pago para quien opere sin licencia. Y seis, impuesto alto con afectación directa para prevenir y tratar la ludopatía, exigiendo protocolos de prevención a todos los casinos, online y físicos.
Dejemos de hacernos los lesos: los chilenos seguirán apostando online. La pregunta es si lo harán bajo reglas chilenas o bajo las del far west. Estados Unidos tardó 13 años en darse cuenta de que la ley seca solo fortaleció lo que combatía. Acá no tenemos 13 años, sino hasta el lunes 26, y esta vez el Gobierno debería llegar, idealmente antes de las 12:01.
No escondamos el problema detrás de la pantalla del celular. ¡Pongámonos serios y regulemos de una buena vez!
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