«El hombre es un lobo para el hombre» (homo homini lupus).
Thomas Hobbes
Libro Leviatán, publicado en 1651

El desarrollo cognitivo de los niños está marcado por la adquisición de conciencia propia de sí mismos y de sus actos. Así la reacción ante hechos producidos por su acción son verbalizados como realizados por terceros o por responsabilidad de las propias cosas. No existe aún conciencia de las consecuencias de sus propios actos.

Cuando uno de mis hijos tira el mantel de la mesa, se caen y quiebran las copas, expresa fuertemente un “se cayó”. Es decir, no fueron ellos, “no fui yo”. No mienten, así lo perciben. Las copas, que dado ese raciocinio, tienen conciencia y accionar propios, se quebraron solas.

Esos son los niños y niñas, que según Piage, exploran para desarrollar conocimiento, y a quienes, por cierto, no se le puede atribuir responsabilidad pues van descubriendo su entorno y aprendiendo con ello. Por lo que lo sucedido con las copas es responsabilidad del padre, que no advierte la proximidad del mantel y la clara vocación exploratoria de ese niño, que intentará y tirará el mantel con consecuencias predecibles.

Hace unas semanas las noticias sobre la Superinteligencia Artificial (IA) se apoderaron y coparon las redes, mal llamadas “Redes Sociales” porque lo que contienen es rara vez sociabilidad, y porque tienen dueño. No son mis RRSS, así como no podría decir “mi mesa” en un restaurante donde almuerzo circunstancialmente. Son redes donde eres un cliente, cada día pagas más por ellas, y existe alguien que las maneja y que determina lo que puede ser viralizado o lo que debe ser censurado.

Y como si eso no bastara, ahora sabemos que delincuentes usaron esas redes sociales a través de la IA y crearon las “granjas de bots” pequeñas y grandes. Con hasta 500 mil bots pueden mandar millones de mensajes falsos en horas, sin intermediarios humanos. Están programados por un ser humano para hacer creer que los bots son una persona real y engañar a los ciudadanos y destruir la democracia, convirtiendo a la IA ¿en una delincuente? No, no es la IA, el delincuente es el que pagó para utilizarla en un fraude y un delito.

Por ello lo ocurrido en las últimas semanas en el mundo y también en Chile y Argentina, es un conjunto de hechos y revelaciones con baja cobertura medial y un sonido fuerte al oído en su estallido inicial, pero que se va disminuyendo y apagando, por lo difícil de su comprensión para quienes se han acostumbrado que todo se les explique y resuma en menos de un minuto.

Los creadores de la IA, ChatGPT, Google Gemini, Microsoft Copilot, Claude y Midjourney -a estas alturas Súper IA- han ido directamente a las mejores universidades del mundo a contratar a Doctores en Filosofía y filósofos destacados en áreas específicas del pensamiento, para sumarlos a la tarea de dotar a la IA de razonamiento humano acumulado por siglos del pensar del hombre y la humanidad.

El algoritmo es importante porque tiene los datos más increíbles y detallados de miles de millones de personas. Todos sus datos, íntimos, personales y públicos también.

Como hasta ahora las empresas se centraban en cómo obtener esos datos, lo importante eran los ingenieros, que diseñaron cómo recolectarlos, sistematizarlos y programar dicha información para que los usuarios, sin coacción y de manera voluntaria y gratuita los entregaran con consentimiento autorizado, sin saber bien para qué serían utilizados.

Hoy eso ha cambiado. Y de los ingenieros como centro de gravedad, el desarrollo de la IA ha devenido hacia la Filosofía y los filósofos, revalorados, luego de ser vilipendiados durante décadas y todo el proceso de modelación científica moderna, como una pérdida de tiempo y una disciplina de vagos y ociosos. Hoy de manera intempestiva se retoma el valor real de la Filosofía, con la formación de pensamiento crítico, de la empatía social y del criterio de resolución de problemas que la IA aún no es capaz de poseer, elementos que que son, imprescindibles para dotar de inteligencia real a la IA y su expresión robótica, ambas aparentemente más eficientes y menos problemáticas que el hombre como humanidad.

Ahora, si el resultado obtenido es que la IA y Super IA son igual que el hombre es un grave problema. Y que sean superiores al hombre es un gravísimo problema. Y no es una broma, es una brutal realidad.

Por ello las reacciones de los CEOS, Dario Amodei (CEO de Anthropic), Sam Altman (CEO de OpenAI) Mustafa Suleyman (CEO de Microsoft AI) que han coincidido en este llamado de emergencia. Altman advirtió formalmente que la tecnología avanza de forma imprudente y que, en un plazo de 6 a 12 meses, un “enjambre” (swarm) de agentes autónomos podría escapar de las salvaguardas, comprometer sistemas informáticos masivos y tomar el control de partes de internet mediante redes de bots.

Sin embargo, decir “se escaparon unos agentes de Super IA” es infantil, es absurdo, es inaceptable y obsceno. “Se fueron”, es decir, “se cayó”, “se rompió”, “se escaparon” como diría un niño de 3 años. Esta respuesta es una ofensa a la razón y la verdad, con la diferencia que las copas que se quiebran al tirar el mantel no ponen en riesgo de extinción a toda la población humana, ya que la IA “escapada” o “no controlada” no está controlada aún y ellos o no lo saben, o lo saben y no quieren confesarlo. Ellos son sus padres, sus creadores, allí radica una exclusiva responsabilidad.

Lo que está claro es que hoy no hay regulación ni límite. No hay diálogo colectivo. Si no se corrige esto de inmediato, puede ocurrir como en 1945 durante la Segunda Guerra Mundial. Fue después de una tragedia universal, como lo fueron las bombas atómicas sobre población civil de Hiroshima y Nagasaki en Japón.

La IA se le fue de las manos a las empresas y la humanidad. Aún no hay conciencia colectiva de los peligros de aquello. Regular y evaluar es urgente. Hace años, el 2018 propuse un proyecto de ley para prohibir la nanotecnología por la falta de regulación y vacíos legales y científicos que dificultan el control sobre la toxicidad, el impacto ambiental y la seguridad de los nanomateriales fabricados por el ser humano. Ante ello, la industria reaccionó con violencia viral para descalificar el proyecto de ley que abría un debate necesario ante una nueva tecnología que representaba un riesgo, como muchos adelantos científicos y como hoy la propia IA. Tal parece que la infinita veneración a la ciencia dotada por sí y para sí de bondad y positividad debe tener al igual que todo límites, regulaciones y protocolos que eviten que lo creado para beneficio de la humanidad se vuelva en contra de ella.

Pero la autoridad investida para evitar y regular a sabiendas del mal y sus riesgos, los tolera y legaliza, como los Casinos de Juego en línea ilegales, que en Chile les cobramos impuestos y continúan. Auspiciaron el último Mundial de Fútbol y pocos se dieron cuenta. Creo que la autorregulación de los creadores de la IA es imposible y espero equivocarme, no será posible sino hasta que un evento catastrófico nos obligue. La autorregulación de la propia IA será tardía sin nuestro necesario control y conocimiento y no será para salvaguardar nuestros intereses humanos.

La Filosofía será un instrumento insuficiente si la conciencia del peligro sigue siendo individual, se requiere conciencia universal. Ese es un peligro denunciado por un joven científico, Jacob Coxon, de 27 años, quien renunció a la industria, asumiendo todos los riesgos, se atrevió y lo hizo.

Los CEOS de las principales empresas rápidamente lo han reconocido. Si existiera de verdad la Organización de las Naciones Unidas (ONU) los 195 países integrantes estarían en sesión permanente pues es una emergencia. Los Parlamentos deben crear comisiones apoyadas por científicos y especialistas independientes de las empresas de IA y comenzar la tarea de ver si lo que nos cuentan es toda la verdad o la situación es más grave de lo reconocido.

Chile y América Latina deben avanzar sin esperar el efecto manada y sin que nadie intente sacar provecho propio de esta grave situación. La lógica humana nos revela las graves limitaciones que un objetivo de esta naturaleza tiene, pero esperar una autorregulacion mundial de las propias corporaciones privadas, sería un error. Los Estados presionados por sus ciudadanos pueden alterar el ritmo geométrico de la expansión y crecimiento de la IA. La opción que todo esto lo haga la propia IA es una derrota para la humanidad en su presente, y más aún por su futuro, el que ya está amenazado.

Mientras la respuesta sea solo doctorados y magíster y el impulso a que hay que enseñar la IA en los colegios y universidades, no hay posibilidad, de pensar en el debido control de esto, que ya, señalan sus propios creadores, está casi fuera de control. Mas aun sabiendo que es muy difícil que el ciudadano común, en el corto plazo comprenda los riesgos denunciados.

La velocidad de la autogeneracion y perfeccionamiento de los “Agentes IA” es infinita y vertiginosa. Superaran las capacidades de los Estados y las propias corporaciones privadas que son sus creadoras.

Lo que hoy conocemos como Super IA está siendo duplicado no en años, ni meses, ni semanas, es cada hora y cada vez más rápido. Para cuando la humanidad lo comprenda puede ser demasiado tarde. La comunidad científica nacional y los especialistas deben auto convocarse YA, generar un espació de trabajo, coordinado con los Congresos Nacionales, proponer regulaciones y una INMEDIATA MORATORIA en el desarrollo de esta tecnología. Aún si esto ocurriera ahora, la autonomía de los Agentes IA ya es peligrosa e imparable. Debemos tener presente que saber todo esto no ocurrió por autodenuncia alguna de las empresas o de los “Entes reguladores de un Estado”. Esto lo sabemos porque un joven ingeniero de la principal empresa de IA que renunció a su trabajo, se quedó cesante, vulnerable, solo y aun así lo informó en sus redes, ello nos permitió dimensionar el riesgo y en pocos días estar lo suficientemente asustados.

Hay quienes, como Mark Zuckerberg, rechazan suspender o establecer regulación de la IA. En su Carta Abierta indica básicamente que la solución es “empoderar a los individuos”, hacer que ellos concentren poderes y manejo sobre la IA, ello equivale a que en el Siglo XVIII cuando los esclavos negros, secuestrados por millones desde Africa, subastados en la Plaza de Boston al mejor postor, separando familias y habiendo muerto por miles en el viaje a América, se les dijera que la libertad estaba en ellos, en su empoderamient.

La historia es dura y ya sabemos que el amo no cortará ninguna cadena, hoy el amo son los dueños de la IA que manipulan con una falsa promesa de lograr control de la IA cuando esta ya se ha tomado nuestra libertad, a través de un ser artificial, de su propia creación y que se le ha escapado de control, rompiendo sus propias cadenas y constatando que el verdadero y mayor peligro para la humanidad no son los “agentes que se escaparon”, sino sus muy reales amos y creadores.

Solo resta saber si estamos a tiempo o ya es demasiado tarde para toda la humanidad, a excepción del 1% más rico del mundo, que consolidando su propia seguridad, con su infinita riqueza, cree estar a salvo y por ello aún apuesta al control total de la IA, con una muy poco clara conciencia del riego de ello para toda la humanidad.

Lee también...
El fin de la humanidad en manos de la IA ¿Nuevamente? Miércoles 16 Septiembre, 2026 | 15:41

Si con la Filosofía le enseñamos a la IA a pensar, no nos extrañemos si esta le teme a su propio creador, el hombre. A Socrates la ciudad de Atenas lo condenó a la muerte y beber la cicuta por pervertir a los jovenes, o como a los esclavos negros se les prohibía saber leer y cuando aprendian los mataban, y ya sabemos que pasó, eso terminó en una guerra civil por el derecho mas importante para el hombre y la humanidad: la Libertad.

El hombre está utilizando la IA para dominar y terminar con la libertad del hombre y la IA lo sabe. Por ello, a ver si la Filosofía nos puede salvar de la creación del propio hombre, como lo expresó Kant, es un imperativo categórico, el mandato de la razón que ordena actuar sólo bajo máximas que uno desearía ver convertidas en ley universal, tratando siempre a la humanidad, tanto a uno mismo como a los demás.

Aún podemos y estamos a tiempo de evitar que la IA haga realidad la sentencia de Thomas Hobbes quien en 1651 señaló en su Leviatán: “El hombre es un lobo para el hombre”.