Este miércoles será color petróleo. La nueva alza está confirmada. No hay nada que podamos hacer. ¿O sí? Por lo menos en esta pasada, no. Para ese día está programado que la ENAP entregue los nuevos valores de los combustibles que regirán para las próximas tres semanas, alza que según prevén en La Moneda podría ascender a $35 por litro en bencina y $100 en el diésel. Este último, de vital importancia para el transporte que hace andar nuestra economía.

La nueva alza se da en medio de un complejo escenario económico para el Gobierno que, siendo estrictos, no ha podido cumplir su cometido de reactivación registrando además pésimas cifras ligadas al empleo. Eso sí, ha realizado sendas promesas; la inversión ya viene y los tiempos mejores al fin llegarán. Esperemos que así sea.

Pero más allá de discusiones en Palacio, el Congreso Nacional y el barrio financiero, lo grave de esta nueva alza es el efecto directo que genera en las carteras de millones de chilenos que, como cada año en estas fechas, desembolsan cuanto tienen para celebrar a la Patria.

El tema es que, según se prevé, Estados Unidos e Irán seguirán en disputa y no sería raro que los combustibles sigan subiendo tras este 18, en Navidad y Año Nuevo. Y es por esto que estrategias de ahorro, subsidio o arrepentirse y volver a fortalecer el MEPCO es solo auto para hoy y bicicleta para mañana.

¿Podemos dejar de depender del petróleo? Siga leyendo para conocer la respuesta.

Petróleo: una sombra caprichosa

Esta no es la primera vez que el crudo entra en crisis desatando la desesperación global. La primera vez ocurrió en 1973 a raíz de la guerra de Yom Kippur, cuando varios países árabes de la OPEP redujeron exportaciones y aplicaron embargo contra quienes apoyaban a Israel. Más tarde, en 1979 la revolución islámica en Irán generó interrupciones en la producción y, por lo tanto, un pánico comercial que elevó los valores.

En el despertar de los años 90 la invasión de Irak a Kuwait generó distorsiones en el mercado, al igual que el shock petrolero de 2008 y la fuerte volatilidad del crudo a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania, conflicto que además generó efectos directos en el precio del gas natural.

Al fin de cuentas, conflictos más, conflictos menos, la historia demuestra que pese a la penetración global del petróleo y su tremendo aporte para la industrialización, es un insumo caprichoso en el que no podemos confiar.

Entonces, ¿qué puede hacer Chile?

Según datos de la IEA (2024), el mix energético de Chile está compuesto en un 43% por petróleo; 22,8% biocombustibles (leña, pellet, etc.); 13,7% gas natural; renovables limpias 13,5%; y 6,9% carbón. Según el mismo organismo internacional, del petróleo utilizado en Chile el sector que más consumo final registra es el transporte con un 57% y la industria con un 24%.

Con esto en mano, la obligación es mirar qué haremos para no seguir dependiendo de una fuente energética que no producimos y que cada cierto tiempo nos deja pidiendo agua.

Estanque lleno

Uno de los lujos del sistema energético chileno es el aumento sostenido en la producción eléctrica vía renovables. Es habitual confundir energía con electricidad, pero a no perderse, la electricidad es solo un tipo de energía.

En el campo de la electricidad, Chile tiene cifras del alto octanaje. Del total producido, cerca del 70% proviene de renovables, mientras que en el 30% restante obtenido a través de generación térmica, el petróleo representa menos del 5%. La ecuación lógica parece simple; necesitamos electrificar el transporte. Claro, el papel aguanta todo pero la realidad es mucho más compleja. Veamos cómo vamos en ese camino.

Chile ostenta un célebre galardón vinculado a la electromovilidad; es el país con mayor cantidad de buses eléctricos fuera de China. Pero en el mundo automotriz la realidad es otra.

Según la Asociación Nacional Automotriz de Chile, en 2025 se comercializaron cerca de 310 mil vehículos livianos y medianos. De ellos, 5.512 fueron autos 100% eléctricos y 3.242 híbridos enchufables. En términos de participación, los eléctricos puros representaron apenas un 1,8% del mercado, porcentaje que alcanza el 2,8% al considerar el total de modelos enchufables.

Y pese a que las cifras son aún tímidas, sí es correcto señalar que los números van al alza y podrían potenciarse aún más debido al gran impacto económico y molestia popular generada por el bencinazo.

Pese a que el precio de los autos eléctricos sigue siendo elevado, el mercado chino se ha esmerado en la producción de versiones más accesibles que, sin duda, seguirán reduciendo costos a través de la elaboración a gran escala y considerando la propia estrategia de electrificación del gigante asiático.

Pero no basta con los autos y producir la energía para que puedan funcionar. Chile tiene falencias en materia de transmisión y almacenamiento, áreas que serán fundamentales para lograr que la electricidad verde producida llegue a todos los rincones del país y esté disponible 24/7. Por suerte, una serie de proyectos en estas áreas avanzan a paso firme.

Dejar de depender del petróleo es posible y vamos en el carril correcto de esa carretera. La tarea ahora es redoblar los esfuerzos en política pública, inversión privada y cambios en el comportamiento de los consumidores. Es cierto que el alza genera terribles efectos económicos, pero es al mismo tiempo una oportunidad para agilizar nuestra transformación.

Pese a que el 18 de septiembre no se conmemora la independencia de Chile, la fecha sí coincide con el comienzo del proceso que nos llevó hacia la autodeterminación como país. Quién sabe si en estas Fiestas Patrias iniciamos un nuevo camino hacia la libertad, en este caso, energética. Mientras no nos cambiemos a la parrilla eléctrica, todo bien.