Polémica causó la inauguración de la exposición sobre Gaza “Anatomía de un genocidio” en el Teatro Municipal de Viña del Mar. Días antes de que la muestra abriera al público, el embajador israelí, Peleg Lewi, cuestionó la realización de la actividad, afirmando que la Municipalidad utilizaba fondos de los vecinos “para promover discursos políticos divisivos, discursos de odio y afirmaciones basadas en mentiras”. Acusación, por lo demás, completamente falsa: todos los gastos fueron costeados por el Centro de Información Palestina (CIP).
Sus declaraciones fueron respondidas con fuertes críticas tanto por el CIP, la Comunidad Palestina de Chile y grupos de senadores y diputados, denunciando sus reiterados esfuerzos por incidir en materias propias de la vida política, social e institucional de nuestro país.
Sin embargo, las palabras de Lewi fueron secundadas por la Comunidad de Chilenos en Israel y más recientemente por la Comunidad Judía de Chile. Esta última salió a respaldar a Lewi, afirmando que “valoramos las declaraciones que buscan visibilizar y no relativizar expresiones de antisemitismo y discriminación”.
Todo esto a raíz de una exposición fotográfica que muestra los devastadores efectos en Gaza, que Naciones Unidas y múltiples organizaciones internacionales de derechos humanos han calificado como genocidio.
Los reclamos del embajador, secundados por la Comunidad Judía son equivalentes a argumentar que una exposición que mostrara las consecuencias del Holocausto pudiera catalogarse como discurso de odio contra los alemanes.
El intento por impulsar esta narrativa es en sí reprochable, pero se le agrega una nueva capa que revela, nuevamente, el brutal doble estándar.
Anoche, el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, propuso la puesta en marcha de una cuota diaria de asesinatos de entre 30 y 40 palestinos en la Franja de Gaza considerando innecesario determinar si los objetivos representan o no una amenaza directa, porque “no merecen vivir […] ni siquiera son personas”.
No hay que ser un genio para entender que se refiere a civiles. Este discurso genocida hace mucho tiempo que traspasó las barreras narrativas, al menos 73 mil personas han muerto como consecuencia directa del asedio, más de un 83% no son combatientes.
Sobre los más recientes dichos de Ben Gvir, la Comunidad Judía de Chile ha emitido una sola palabra. De hecho nunca ha dicho nada cuando las víctimas son palestinas. Cuando la denuncia del odio opera de esta manera, es imposible sostener que exista una preocupación genuina por la intolerancia o la deshumanización.
La propia Comunidad Judía advirtió que minimizar el odio permite que este crezca y que “el silencio frente a la radicalización nos hace cómplices”. Quizás sin advertirlo, termina formulando la acusación más contundente contra sí misma.
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