Algunos hablan de que este gobierno es puro humo, que no tiene consistencia y que todo parece improvisado. Pero no es así: usando cortinas de humo para ocultar sus propósitos últimos, se pone en marcha un plan destinado a reponer y fortalecer el proyecto de Guzmán y Pinochet para la sociedad chilena. Y para eso, están dispuestos a hacer todo lo que sea necesario. Incluso cambiar esa Constitución que tanto les ha gustado.
Problemas emergentes
El gobierno de Kast ha enfrentado problemas inesperados. No se trata de terremotos como le correspondió a otros gobernantes al iniciar su período, ni sólo por los efectos del cambio climático, que muchos de sus partidarios niegan, siguiendo las posturas de Trump.
Se presentan situaciones imprevistas que, inevitablemente distraen la atención sobre temas trascendentales. Por ejemplo, en cinco meses de esta administración han renunciado o han sido destituidas 44 autoridades (ministros, subsecretarios, seremis).
Ello deja ver cierta improvisación en los nombramientos, en los mecanismos que aseguran antecedentes idóneos al cargo y en el control de las conductas de los altos funcionarios. Se me vino a la memoria el primer gabinete instalado por la Junta Militar después del golpe, que integraban sólo dos civiles. Uno, el de Educación, salió a los pocos días y el otro, de Justicia, duró menos de un año.
Ahora, cuando un subsecretario, quizás el segundo en importancia en el gobierno, debe dejar su cargo por haber dado positivo en el test de control de drogas, no podía esperarse otra respuesta: error de laboratorio. Todos los que se someten al test y son descubiertos en consumos, sostienen que la muestra estuvo mal tomada, se confundieron los controles, error de procedimiento y otras variantes de la misma excusa: la culpa es de otro. Le ha pasado a deportistas destacados en Chile y en el extranjero, pero finalmente, contramuestras de por medio, todos resultan sancionados.
El aparato de comunicaciones
Tres ministras reemplazadas por tres ministros ya puede ser tendencia. Esta vez la señora Duco lloró por tener que dejar el cargo, pero no fue consolada por la primera dama como sucedió con Sedini y Steinert. No hubo manos cariñosas para la destituida.
Pero el aparato comunicacional funciona bien. Es lo que algunos llaman el humo. Se dice que la ministra destituida lo ha hecho bien, pero cometió un error que se debe pagar. Eso no es verdad: no la destituyeron por haber usado el auto fiscal para ir a una fiesta, sino que ella y el subsecretario debieron irse por haber mentido a la Contraloría en una respuesta oficial. Pillados en la mentira, no podían seguir ahí. Pero el gobierno insiste en “protegerla”, aunque del subsecretario no se explica nada.
Su reemplazante, hombre ligado al deporte en tareas de conducción y administración, enfrentará un problema inesperado, pues su antecesora había iniciado una investigación respecto de la administración de recursos públicos en la que está involucrado él. ¿Cómo seguirá eso? ¿No se dieron cuenta o está para ponerle punto final a la indagación? ¿O tal vez para encontrar otro chivo expiatorio al que ya tienen en la mira?
Los ejes del proyecto
Es verdad que este gobierno tiene mucho humo para ocultar las cosas o distraer la atención de los ciudadanos (consumidores para ellos), pero justamente eso es lo que va dejando en claro que tras las verdades a medias, las mentiras, los mensajes detrás de los hechos, los planes que se ejecutan en una especie de línea oscura con tinta invisible, hay un proyecto.
Porque hay cosas que no se pueden ocultar. Tres figuras centrales tiene el gabinete, que responden a las líneas fundamentales del gobierno.
El primero es Quiroz, a cargo de los temas de hacienda pública, para implementar una política de fortalecimiento del modelo neoliberal. No olvidemos que este señor ministro, en el mundo privado fue el artífice de las colusiones de pollos, farmacias y papel higiénico. La “viga maestra” del gobierno de Kast es su plan económico contenido en la ley miscelánea que consiguió aprobar mayoritariamente.
El segundo es Barros, cuya misión es mantener tranquilas a las Fuerzas Armadas. Un pinochetista, de la mayor confianza del tirano aquél, uno de sus abogados y voceros (otro de sus abogados está en el Ministerio de Justica).
El tercero es Arrau, una figura central de la ideología de su partido, quien luego de querer pasar inadvertido, debió apurar el tranco y asumir en “seguridad”, el ministerio al que se opuso desde que era un mero proyecto. Este ministro ahora nos propone un plan basado en Bukele, en las medidas tomadas en Italia actual y en la añoranza del pinochetismo que quiere tener el país bajo su control total.
La otra temática importante para Kast es Relaciones Exteriores y para ello nombró a Pérez (¿Por qué siempre hay que nombrarlo con dos apellidos?), administrador de grandes empresas y cuya misión es manejar las relaciones económicas con los “aliados”. Su inexperiencia, sus deficiencias personales para el cargo, han quedado en claro y ha debido ser el ministro Barros de Defensa, quien le enmienda la plana y se confronta con el vocero “trumpista”.
Sin voceros, pero con distracciones
Ya no hay voceros. No son necesarios, porque los generadores de cortinas de humo actúan con presteza. Los problemas políticos del actual gobierno son producto del proyecto híbrido que está tras lo que hace: intentar seguir políticas pinochetistas en un esquema democrático (aunque sea esta democracia restringida, semi soberana).
El humo distractor es del mismo tipo que el que usaba el pinochetismo cuando mandaba en el país.
No está de más recordar que los recursos designados a financiar la CNI estaban en el concepto de “gasto social”. Así el humo ocultaba que había dineros para torturar, perseguir, dar muerte, pagar informantes y agentes extranjeros y chilenos. En fin.
Otro humo es el blanqueo constitucional. En un fallo de la Corte de Apelaciones, el voto de minoría del ministro Rubén Galecio sostenía la inconstitucionalidad de los fundamentos de la expulsión del país de Renán Fuentealba Moena, pues se basaba en un decreto ley que era contrario al texto de la Constitución de 1925 que se pretendía válida.
Ante el temor de que ese criterio predominara en la Corte Suprema, se dictó un decreto ley que señalaba que todo decreto dictado por la autoridad que tenía el “poder constituyente” –de facto por cierto– que fuese contrario a la Constitución Política debía entenderse como modificatorio del texto vigente.
Los nuevos proyectos que se prometen
Este gobierno lo que hace es, cuando su proyecto es contrario a la Constitución, proponer modificar la carta fundamental. Le gusta mucho esta constitución básicamente del pinochetismo, pero como ellos quieren hacer cosas que afectan los derechos de las personas, ello entraría en conflicto. En lugar de cambiar su proyecto, quieren cambiar la norma.
El plan de seguridad, con un nombre que imita a lo que fundó Bukele en su país, se sustenta en los mismos documentos que ya existían en tiempos de Boric y que habían sido preparados por el Ministerio de Seguridad, pero se le hacen agregados.
Entonces, Arrau reconoce que esto venía de antes, pero la mención es humo para ocultar lo que viene de contrabando: afectar los derechos humanos. No es otra cosa el intento de quitar derechos básicos a los condenados, de aplicar normas genéricas para considerar delincuente a toda persona de la que se suponga que está en una organización que la autoridad declare ilícita.
Para subir en las encuestas
Pese al humo, parlamentarios de la derecha más tradicional han levantado voces en contra de estas ideas. La respuesta es que son sólo ideas preliminares, pero no hay todavía proyectos. ¿Y si es así, por qué lo anunciaron? No se sabe el “por”, pero si el “para”: la intención es comenzar a producir efectos, para luego ir aprobando de a poco proyectos que le den poderes extraordinarios para reprimir. Como esos proyectos de “asociación ilícita” o “ley antiterrorista” de Pinochet.
El humo le permite al gobierno subir en las encuestas, como ha sido el traslado de 37 presos a la cárcel cerca de Talca. La idea que se quiere crear es que esta cárcel la pone en marcha este gobierno, que es su idea, su preocupación por la seguridad de los chilenos. Eso es falso. La cárcel empezó a proyectarse en 2017 y fue inaugurada este año por Boric. Cuando llegaron estos trasladados, ya había 400 presos allí.
El humo es su instrumento para ocultar el proyecto pinochetista en lo económico, social, político. Lo grave es lo que viene allí. Poco a poco podremos ver más allá del humo. Espero que no sea demasiado tarde.
Enviando corrección, espere un momento...
