¿Cómo mirar a los ojos a las víctimas y decirles que la memoria vale menos que determinadas decisiones políticas?
México no es una nación cualquiera para quienes sufrimos persecución, miedo y exilio durante la dictadura militar en Chile. México fue refugio, abrazo y esperanza para miles de compatriotas que escapaban del horror. Mientras en Chile reinaban el silencio impuesto, la tortura y las desapariciones, el pueblo mexicano abrió sus puertas con humanidad y valentía.
Por eso duele profundamente que hoy se pretenda enviar como representante diplomático de Chile en México al exparlamentario Francisco Chahuán, una persona que promovió leyes y posiciones destinadas a favorecer a criminales condenados por delitos de lesa humanidad.
No hablamos de delitos comunes. Hablamos de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones cometidas por agentes del Estado contra hombres y mujeres cuyo único “delito” fue pensar distinto. Hablamos de mujeres que murieron esperando saber dónde estaban sus hijos o sus esposos. Hablamos de familias destruidas para siempre. Hablamos de heridas que todavía sangran en el alma de Chile.
Resulta inevitable preguntarse con qué autoridad moral puede representar a nuestro país ante México alguien que estuvo dispuesto a abrir caminos de impunidad para quienes jamás mostraron arrepentimiento por sus atrocidades. ¿Cómo mirar a los ojos a las víctimas y decirles que la memoria vale menos que determinadas decisiones políticas?
México ha sido históricamente una voz firme en defensa de los derechos humanos. Su pueblo conoce el valor de la dignidad y de la memoria. Por eso sería profundamente doloroso ver que, precisamente en tierra mexicana, se legitime diplomáticamente a quien buscó alivios y beneficios para los responsables de algunos de los capítulos más oscuros y brutales de la historia chilena.
Los crímenes de lesa humanidad no prescriben en la conciencia de los pueblos. No desaparecen con el paso de los años. No se limpian con cargos diplomáticos ni con discursos políticamente correctos. Cada privilegio otorgado a quienes defendieron la impunidad es una bofetada para las víctimas, para los sobrevivientes y para las nuevas generaciones que merecen aprender que jamás se puede transar con el horror.
Espero que la respetada Presidenta de México no permita que la tierra que abrazó a los perseguidos termine recibiendo con honores a quien relativizó el sufrimiento de las víctimas de la dictadura chilena.
México merece respeto. Las víctimas merecen respeto. La historia merece respeto. Porque un país que olvida a sus muertos termina perdiendo también su dignidad.
Enviando corrección, espere un momento...
