Esto no solo mejora la focalización de políticas públicas, sino que también permite evaluar su impacto y ajustar estrategias en función de la evidencia.

El combate al narcotráfico exige avanzar con herramientas que permitan enfrentar el fenómeno con precisión.

En ese contexto, el análisis de aguas residuales se presenta como un método científico capaz de medir el consumo de drogas a nivel poblacional, a partir de los metabolitos que las personas eliminan, cuya principal fortaleza es que entrega información objetiva, territorial y en tiempo casi real, permitiendo identificar patrones de consumo con precisión.

En Chile se cuenta con evidencia concreta. Un estudio piloto desarrollado por la Universidad de Atacama en la ciudad de Copiapó, liderado por el profesor César Echeverría, analizó muestras de aguas residuales durante una semana, detectando presencia de consumo de cocaína en la población, mostrando un patrón claro de consumo diario y una tendencia al aumento durante los fines de semana, lo que coincide con dinámicas asociadas a contextos recreativos.

Más relevante aún, los niveles detectados en Copiapó fueron significativamente superiores a los observados en otras ciudades, superando ampliamente al registrado en ciudades como Ámsterdam, que suele ser referencia en este tipo de mediciones, lo que permite dimensionar con mayor claridad la magnitud del problema en el territorio.

Con este tipo de información podemos saber dónde se concentra el consumo, cómo evoluciona en el tiempo y qué sustancias predominan. En otras palabras, entrega una base concreta para orientar la acción del Estado.

A nivel internacional, este sistema ya se aplica de manera sistemática. En Europa, el monitoreo de aguas residuales se ha utilizado en más de un centenar de ciudades, detectando la presencia de drogas en prácticamente todos los territorios estudiados y evidenciando diferencias significativas entre ciudades, así como aumentos sostenidos en el consumo de distintas sustancias en los últimos años.

Además, estos estudios han permitido identificar patrones temporales, como mayores niveles de consumo durante fines de semana, lo que ha sido clave para entender dinámicas sociales y focalizar intervenciones.

Por lo tanto, incorporar esta herramienta de forma regular en Chile permitiría fortalecer la capacidad de respuesta frente al narcotráfico, desde el conocimiento preciso del consumo.

Esto no solo mejora la focalización de políticas públicas, sino que también permite evaluar su impacto y ajustar estrategias en función de la evidencia.

En términos prácticos, su aplicación puede ser directa y concreta, utilizarse en recintos penitenciarios para medir consumo al interior de las cárceles; en barrios o comunas específicas para identificar focos críticos; en establecimientos educacionales para orientar políticas preventivas; e incluso en entornos institucionales, como el propio Congreso, donde también sería útil contar con información objetiva.

La aplicación de este sistema de medición permite, como Estado, un combate al narcotráfico con información precisa que posibilita intervenir mejor, priorizar recursos y actuar donde el problema es más evidente.