Esperamos que estas señales sean solo un tropiezo inicial y no la lógica que impere durante los próximos cuatro años. Pero esa esperanza no puede confundirse con ingenuidad.

Hay gobiernos que tardan meses en mostrar su verdadero rumbo. Este necesitó apenas unos días. José Antonio Kast llegó a La Moneda prometiendo orden, responsabilidad y certezas. Dijo que no recortaría beneficios sociales y que la gratuidad no se tocaría. Hoy, en su primera semana, su propio gobierno ya abrió las puertas que prometió mantener cerradas.

Ese es el engaño de este gobierno. No solo el incumplimiento de sus promesas. No solo la distancia entre su campaña y su inicio de gobierno. La farsa consiste en haber pedido confianza con un discurso de contención para empezar gobernando con recorte, retroceso y doble estándar.

El caso más claro está en educación. En octubre, Kast aseguró que no se cortaría “ningún beneficio social” para financiar su ajuste. El sábado, el Plan de Reconstrucción Nacional anunció límite de edad para la gratuidad, freno a su expansión y fortalecimiento de los mecanismos de cobro al CAE. Lo que en campaña fue presentado como un derecho resguardado, hoy empieza a ser tratado como un gasto a contener.

Y aquí es preciso decirlo sin rodeos: no estamos ante una corrección menor. Estamos ante una señal política. La gratuidad en la educación superior no era un detalle del programa anterior ni un beneficio marginal. Era de las pocas certezas que las familias chilenas todavía podían reconocer como propia. Por eso el golpe es más profundo. No se toca solo una política pública. Se toca la palabra empeñada.

En medio ambiente, la lógica ha sido la misma. El programa de Kast habló de desarrollo compatible con los ecosistemas y de respeto al medioambiente junto al crecimiento. Sin embargo, este martes, el Ministerio de Medio Ambiente retiró 43 decretos desde Contraloría, entre ellos normas, reglamentos y medidas que incluyen parques nacionales y protección de especies en extinción. La explicación oficial habla de “revisión” y “calidad jurídica”. El efecto político, en cambio, es más simple: donde se prometió protección, apareció retroceso.

Lo mismo ocurre en migración. Kast construyó buena parte de su autoridad sobre promesas absolutas, de esas que buscaban sonar implacables antes que ser aplicables. La expulsión masiva de migrantes irregulares fue presentada como una señal de control total. Pero ya en el gobierno, y en televisión abierta, el propio presidente empezó a matizar esa promesa y admitió que “en un día” no va a sacar a 300 mil personas. Lo que parecía firmeza sin matices comienza a revelar lo que siempre tuvo de propaganda: una promesa hecha para impactar, no para gobernar.

Por eso el problema de fondo no es una lista de contradicciones sueltas. El problema es la tesis que empieza a ordenar todas esas contradicciones. Se promete no tocar beneficios y se tensionan prestaciones de bienestar. Se compromete compatibilidad entre crecimiento y medioambiente y se retiran sus instrumentos de protección. Se promete eficacia total en migración y a los pocos días se empieza a matizar la promesa estrella. Eso no es improvisación. Eso es método.

Un método, además, bastante conocido: moderarse para ganar elecciones y endurecerse para gobernar. Hablar de responsabilidad para justificar recortes. Invocar orden para empujar retrocesos. Pedir confianza con lenguaje sereno y después presentar como inevitables decisiones que en campaña fueron negadas de manera explícita. No era moderación; era táctica.

Porque una cosa es ajustar prioridades al llegar al poder. Todos los gobiernos enfrentan restricciones, urgencias y cuentas más estrechas de las que admiten en campaña. Pero otra cosa muy distinta es pedir el voto asegurando que ciertas certezas no se tocaran, para comenzar precisamente por ahí. El problema no es haber descubierto la realidad del Estado en marzo. El problema es haberle hablado al país como si esa realidad no existiera en diciembre.

Todavía es temprano, por supuesto. Estos son apenas los primeros días. Y justamente por eso importa mirarlos bien. Porque si una semana basta para abrir flancos tan evidentes en educación, medio ambiente y migración, entonces no estamos frente a simples errores de instalación. Estamos frente a una pauta de gobierno.

Esperamos que estas señales sean solo un tropiezo inicial y no la lógica que impere durante los próximos cuatro años. Pero esa esperanza no puede confundirse con ingenuidad. Lo que corresponde hoy es vigilancia democrática, memoria política y claridad para nombrar lo que hoy está ocurriendo.

Porque cuando un gobierno promete una cosa para empezar haciendo otra, no estamos solo ante una incoherencia. Estamos ante una gran estafa.