Gobernar no es solo cuadrar números, ni ahorrar dinero en las arcas ficales. Gobernar es entender cómo viven las personas.

El gobierno de Kast tiene una peligrosa tentación: gobernar mirando la planilla Excel y no el paradero de la micro. La discusión sobre terminar con el MEPCO es el mejor ejemplo de esa desconexión. Se nos habla de eficiencia, de señales de mercado, de responsabilidad fiscal, pero no de responsabilidad social. Entonces se omite lo esencial: las decisiones económicas no son neutras, tienen rostro, tienen territorio y tienen consecuencias concretas en la vida diaria de las personas.

Eliminar el MEPCO puede verse impecable en la macroeconomía. Cuadra cifras, reduce presión fiscal y alinea precios con el mercado internacional. Todo muy ordenado…en el papel. Pero en la práctica, esa decisión significa otra cosa: significa que el alza de los combustibles golpeará sin piedad a quienes no tienen cómo absorberla.

Y esos no son los grandes actores económicos. Son las personas que andan en micro, que combinan dos o tres recorridos para llegar a su trabajo, que dependen del transporte público o de un vehículo para sostener su día a día. Son también los pequeños transportistas, los feriantes, los trabajadores independientes, la agricultura familiar. Es decir, Chile.

Porque no se trata solo de un alza del combustible. Sube además el pasaje, sube el pan, sube el costo de distribuir alimentos, sube la vida. Y cuando sube la vida, lo que baja es la tranquilidad de las familias.

Aquí está el punto de fondo: terminar el MEPCO es privilegiar la macroeconomía a costa de la microvida. Es decidir que el equilibrio fiscal vale más que la estabilidad cotidiana de millones de personas. Es optar por la pureza técnica en vez de la responsabilidad social.

Se dirá que el mercado debe operar libremente. Pero en un mundo inestable, con precios del petróleo sujetos a conflictos internacionales, muchas veces inventados para el efecto, esa supuesta libertad termina siendo una carga que recae siempre sobre los mismos. El Estado no está para observar desde la galería cómo los shocks externos golpean a su población; está para amortiguarlos.

Gobernar no es solo cuadrar números, ni ahorrar dinero en las arcas ficales. Gobernar es entender cómo viven las personas. Es saber que la movilidad no es opcional, es una condición básica de vida. Es comprender que el costo del transporte es parte del presupuesto diario de las familias y que cualquier aumento sin contención es, en la práctica, una reducción del ingreso.

La historia reciente nos ha enseñado que los equilibrios sociales son frágiles. Que el malestar no se construye de un día para otro -a veces creo que se buscan reacciones iracundas y desmedidas- pero sí puede detonarse por decisiones que parecen pequeñas desde la macro, pero que son gigantes desde la vida cotidiana.

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Por eso, eliminar el MEPCO no es una señal de fortaleza técnica. Es una señal de desconexión política, es derechamente no entender cómo se vive el día a día cuando no se es un gran empresario, cuando almorzar en el casino es la normalidad y no la anécdota para las redes sociales, cuando los martes no son de pololeo sino que de quebrarse la cabeza de como preparar almuerzo el miércoles.

Gobernar un país no es fácil y hay que quebrar huevos, pero siempre se debe entender que la función pública está al servicio de la mayoría y no de unos pocos palmeros que te aplauden. Cuando el Estado y la economía dejan de servir a las personas, dejan de cumplir su propósito.