A días de que asuma una nueva administración, la pregunta es dónde apuntará esos tiros.
Doce decisiones. Doce firmas. Doce nombres que podrían señalizar silenciosamente el mapa de prioridades del nuevo gobierno. Cada nombramiento al inicio de una administración es una señal, pero hay una docena que vale la pena mirar.
Cada presidente, al inicio de su gobierno, puede elegir doce directores de servicio que no serán nombrados por concurso por el sistema de Alta Dirección Pública (ADP), sino que a discreción del Jefe de Estado.
Esta facultad extraordinaria surge luego de la crisis del MOP GATE que llevó a una serie de reformas que apuntaban a profesionalizar y despolitizar el Estado. Entre ellas, la creación de la ADP, que estableció un sistema de selección reglado y por concurso para los directores de los servicios públicos y el Servicio Civil, encargado de fortalecer la gestión de las personas en el sector público.
En un principio, algunos servicios se excluyeron de la aplicación de este sistema por considerarlos muy críticos políticamente. Sin embargo, en 2016 se llegó a una solución distinta: el Presidente de la República podría, al inicio de su mandato, destituir y nombrar sin concurso a doce de los jefes superiores de servicio que considerara más importantes para su administración. De ahí nació lo que hoy se conoce como las “doce balas de plata”.
A días de que asuma una nueva administración, la pregunta es dónde apuntará esos tiros. Porque la selección de esos doce puestos a reemplazar será una de las primeras señales políticas de los énfasis que la administración entrante dará a su gestión.
Tanto el presidente Piñera como el presidente Boric, priorizaron la economía: el 50% de los elegidos fueron para cargos económicos. Incluso coincidieron en seis de las nominaciones: Conadi, DT, la Fiscalía del MOP, Fonasa, Indap y el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA).
Y aunque ya sabemos algunos de esos nombres, como es el caso del Servicio de Impuestos Internos y la Dirección del Trabajo, ¿cuáles deberían ser algunos de esos doce cargos?
En materia económica es dónde más relevantes deberían ser las señales. La Superintendencia del Medio Ambiente, el Servicio de Evaluación Ambiental, el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, el Servicio Nacional de Patrimonio y el Servicio de Impuestos Internos, deberían estar entre las prioridades, dado su rol clave para destrabar los obstáculos a la inversión y el desarrollo económico.
Y sin duda el desafío de flexibilizar y reducir los conflictos en las relaciones laborales y los innumerables dictámenes de Dirección del Trabajo, llevaron a que este estuviera en el grupo de los elegidos.
En seguridad, el director del Servicio de Migraciones y de Aduanas, serían probables reemplazos, considerando su relevancia en la materia. Y la Superintendencia de Educación podría ser otra de las banderas a conquistar por el nuevo gobierno, por su importancia para destrabar la burocracia que afecta a los colegios y mejorar la calidad de la educación.
Esas serían señales claras de que el gobierno de emergencia está usando su puntería fina para llegar donde más se necesita.
Pero el verdadero desafío no termina en esos doce nombres. Si el impulso inicial no se traduce en un sistema público que ponga los incentivos y premios correctos para que los servicios públicos respondan eficazmente a la ciudadanía, en definitiva, una reforma integral al empleo público, las doce balas de plata podrían percutarse por un arma que ya no funciona.
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