Mientras algunas declaraciones del gobierno saliente han adoptado un tono más confrontacional, la futura administración del presidente electo José Antonio Kast ha optado por separar el debate político interno del manejo técnico de la relación bilateral.
La relación entre Chile y Estados Unidos vive días de tensión, tras la revocación de visas para tres funcionarios del gobierno saliente, medida que Washington habría vinculado a consideraciones de seguridad hemisférica.
Pero más allá del detalle administrativo, el episodio instala una pregunta mayor: ¿Cómo debe actuar el Estado chileno cuando se tensiona el vínculo con uno de los actores más gravitantes del sistema interamericano?
En ese contexto, lo que distingue la reacción de la futura administración del presidente electo José Antonio Kast es la prudencia estratégica y la sobriedad institucional que ha manifestado su futuro ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna.
Su primera definición ha sido institucional: recordar que la conducción de la política exterior corresponde, hasta el 11 de marzo, al Presidente de la República en ejercicio, Gabriel Boric.
No se trata de un tecnicismo ni de una fórmula de cortesía política. Es la reafirmación del principio de continuidad del Estado y del deber de prescindencia que debe observar toda autoridad designada durante un período de transición.
La prescindencia, en este caso, no es neutralidad pasiva. Es disciplina institucional. Supone evitar interferencias, declaraciones anticipadas o gestos que puedan interpretarse como conducción paralela de la política exterior. En diplomacia, la coexistencia de dos voces genera ruido; y el ruido, en contextos sensibles, se traduce en pérdida de influencia.
Aquí aparece una diferencia de método. Mientras algunas declaraciones del gobierno saliente han adoptado un tono más confrontacional, la futura administración del presidente electo José Antonio Kast ha optado por separar el debate político interno del manejo técnico de la relación bilateral.
Esa separación fortalece la posición del Estado, porque reduce incentivos a la escalada verbal y preserva los canales formales de diálogo. Chile no obtiene ventajas estratégicas elevando la retórica. Las obtiene defendiendo sus intereses con firmeza, pero sin comprometer espacios de cooperación en materias clave como seguridad, comercio, inversión y coordinación hemisférica.
Una de las mejores señales de este enfoque es la participación confirmada del presidente electo Kast en la cumbre internacional “Shield of the Americas”, convocada por el presidente estadounidense Donald Trump el próximo 7 de marzo en el Trump National Doral Miami, en Florida.
Este foro regional -al que han sido invitados otros líderes latinoamericanos- pretende abordar desafíos compartidos, como el crimen organizado, la inmigración ilegal masiva y otras preocupaciones hemisféricas. Kast asistiría acompañado por su futuro canciller Pérez Mackenna, lo que no solo refuerza la importancia del rol del nuevo jefe de la diplomacia chilena, sino que además proyecta una señal política de apertura al diálogo y de búsqueda de cooperación en áreas de interés estratégico.
La agenda de Miami también contemplaría la posibilidad de una reunión bilateral entre José Antonio Kast y Donald Trump, lo que podría ser un momento clave para articular directamente las prioridades de Chile con uno de sus principales socios estratégicos y actor clave en seguridad hemisférica, antes incluso de la toma de mando oficial el 11 de marzo. Aunque aún no está confirmada, la sola posibilidad de ese encuentro subraya la relevancia del gesto y el valor que la diplomacia estadounidense estaría poniendo en la relación bilateral.
En este episodio queda claro que la conducción prudente de Pérez Mackenna y el enfoque estratégico de Kast tienen el potencial de redefinir la política exterior chilena: con carácter, sí; con firmeza, sí; pero siempre con análisis profundo, respeto institucional y sin caer en la ideologización que ha marcado episodios recientes.
Así las cosas, en momentos de transición, la prescindencia no es debilidad; es una garantía de estabilidad. Y cuando esa prescindencia se combina con carácter y lectura geopolítica, se transforma en una señal de conducción responsable.
No olvidar que, en diplomacia, la sobriedad no es ausencia de convicción. Es ejercicio de poder con método.
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