Trump falla en creer que Delcy Rodríguez, o los líderes chavistas más renombrados le entregarán la soberanía, la dignidad...y el petróleo.

En su libro Construir al Enemigo, Umberto Eco señala las bondades de tener siempre a mano a un enemigo en quien descargar nuestras debilidades o faltas y, si ese enemigo no existe, habrá que crearlo.

Así, hoy en Venezuela -en una campaña abierta, a veces sutil e indirecta, la más de las veces descarada y abrumadora, en la propia boca de Marco Rubio y la retórica displicente de Trump- la CIA intenta hacer aparecer a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela y actual presidenta encargada, como “una amiga”.

Así como son capaces de construir enemigos para destruirlos, también son capaces de “construirse amigos” para también destruirlos e insinuar que deberían dirigir una “transición democrática” con la supervisión directa del propio Trump, cuya principal preocupación es cómo “recuperar el petróleo que nos arrebataron”, porque les importa un comino la democracia y el pueblo venezolano.

Se trata de una campaña obscena, perversa y mentirosa, elaborada en los laboratorios de psicología de masas del Pentágono para el control social y comunicacional, que presenta la “duda de la traición”.

Quienes conocemos a Delcy y Jorge Rodríguez podemos denunciar esta infamia histórica que solo quiere debilitar el legítimo derecho del pueblo venezolano a resistir esta agresión política y militar.

Jorge y Delcy Rodríguez

Jorge ha sido vicepresidente de Venezuela, alcalde de Caracas entre 2008 y 2017 y luego ministro de Comunicación e Información de Venezuela y hoy es el presidente de la Asamblea Nacional, Cámara única del Parlamento.

Delcy Rodríguez, actual presidenta encargada de la República, fue ministra Comunicaciones e Informaciones, ministra de Hidrocarburos, vicepresidenta de Finanzas, presidenta de la Asamblea Constituyente y ministra de Relaciones Exteriores y una larga trayectoria junto al presidente Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Se convierte en la primera mujer en la historia de Venezuela en asumir la jefatura del Estado, aunque sea de manera interina. El fallo del TSJ establece que ejercerá todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo mientras se mantenga la ausencia de Maduro.

Pese a su nombramiento, ha insistido públicamente en que Nicolás Maduro sigue siendo el único presidente legítimo de Venezuela. Y, en un mensaje transmitido por radio y televisión, exigió la “inmediata liberación” del mandatario y de su esposa, Cilia Flores.

Jorge y Delcy son hijos de Jorge Antonio Rodríguez, quien fue arrestado y murió bajo tortura mientras era interrogado por la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) en 1976. La autopsia reveló “siete costillas rotas, tórax desplomado y hígado desprendido”. Murió a los 34 años, cuando sus hijos tenían diez y siete años.

Fin del orden diplomático mundial

Pretender encubrir su ofensiva militar contra Venezuela, que viola la Carta Fundamental de las Naciones Unidas y termina de destruir la Declaración Universal de los DDHH, con un montaje comunicacional para ocultar a toda costa esta acción de bombardeo militar a Caracas y el secuestro de su presidente constitucional, parece un guion cinematográfico, pero es una dura realidad.

Se terminó el orden diplomático mundial si un país puede bombardear, secuestrar y arrebatar los recursos naturales -petróleo, oro, gas y mucho más- de otro país, acusando absurda y vilmente de delitos inexistentes, como lo es la acusación de narcotráfico a Nicolás Maduro y la confesada opción del equipo de Alcones dirigida personalmente por Trump, quien aun desafiando al Congreso norteamericano insiste y anuncia un segundo ataque a Venezuela, si no se siguen sus instrucciones y anuncia que “manejarán el país”.

Conozco a Delcy Rodríguez desde hace 20 años y he compartido su amistad y la valoración de su abnegación por su patria, su capacidad de liderazgo y su férrea convicción de la autodeterminación de los pueblos y el inevitable nuevo mundo multipolar que deja atrás al viejo orden unipolar que representan los Estados Unidos.

Las afirmaciones de “encargada de transición” de Trump y Marco Rubio son una mentira de quienes tergiversan la realidad y la verdad a su antojo. Mintieron en Irak, mintieron en Afganistán, mintieron en Irán, mintieron en Nigeria, mintieron en Palestina, mintieron en Siria, mintieron en Yemen y mienten en Venezuela.

En solo un año Donald Trump ha bombardeado a siete países en tres continentes.

Mienten en las redes sociales y muchas personas de buena fe repiten o retuitean esta fake news (noticias falsas) y se hacen parte de esta conspiración de un país que cree ser dueño de toda América, reverdeciendo la “Doctrina Monroe” y presentando la nueva doctrina Trump: “Si no me lo das, lo tomo” en pleno siglo XXI y en una zona de paz, como es el Caribe y América Latina.

La Constitución venezolana, aprobada en una Asamblea Constituyente con más del 70% de los venezolanos, establece la sucesión en caso de inhabilitación del presidente en la Vicepresidencia ejecutiva, es decir Delcy Rodríguez.

Quienes, como Trump o Marco Rubio, implementan desde la vocería de la Casa Blanca una estrategia de secuestrar a un presidente de la República y mienten patológicamente para socavar la autoridad de la presidenta encargada merecen el desprecio y condena de quienes reflexionan y logran ver no solo la realidad, sino que también la causalidad.

Trump, aún con su disminución mental, entiende -y con razón- que no podrá dominar al chavismo por cuanto no se trata de una estructura elitista política con la cual pudiera negociarse.

Así entonces, Trump falla en creer que Delcy Rodríguez, o los líderes chavistas más renombrados le entregarán la soberanía, la dignidad…y el petróleo.

Delcy es abogada laboralista, formada en Reino Unido y Francia, y es la primera mujer en ejercer la Presidencia de la República en la historia de Venezuela. Por ello, tengo convicción y certeza, que está preparada para asumir como un deber histórico no buscado, como lo hizo Bolívar en su época, la defensa de la soberanía de Venezuela.

Trump amenaza a Delcy con un segundo ataque, es decir, secuestrarla también si no obedece sus mandatos. Está muy claro que no la conoce.