Este reordenamiento revela que la segunda vuelta no es simplemente un enfrentamiento entre dos polos ideológicos, sino un nuevo campo discursivo donde ambos candidatos se posicionan como síntesis de fragmentos heredados. Kast encarna la convergencia de los discursos disruptivos, mientras que Jara articula la convergencia de los discursos institucionalistas.
Juzgo pertinente analizar el reordenamiento discursivo que ocurre entre la primera y la segunda vuelta presidencial de 2025, basándome en el debate televisado entre Jeannette Jara y José Antonio Kast como punto de llegada y considerando el debate de los ocho candidatos en noviembre como punto de partida.
A partir de un análisis cualitativo, se propone que ambos candidatos experimentaron desplazamientos significativos respecto de su posición original. Estos movimientos se explican por la herencia discursiva de los candidatos eliminados en primera vuelta y por los pliegues que emergen al reorganizarse el campo semiótico en un escenario que converge en dos actores.
Los resultados indican que Kast converge hacia la derecha punitiva, heredando elementos de Kaiser y Parisi, mientras que Jara absorbe el institucionalismo técnico asociado a Matthei, Mayne Nicholls y Enríquez-Ominami. Discutiremos cómo estos desplazamientos reconfiguran el eje ideológico y el clivaje de gobernabilidad, migración, seguridad y economía.
Como es sabido, los debates presidenciales constituyen instancias críticas para comprender la configuración discursiva de los candidatos, especialmente en sistemas de doble vuelta. Analizamos entonces el debate presidencial de segunda vuelta entre Jeannette Jara (Unidad por Chile) y José Antonio Kast (Partido Republicano), transmitido ayer, atendiendo a cómo los discursos de la primera vuelta se reconfiguran en esta segunda vuelta.
Es natural que los discursos se absorban o se desplazan al desaparecer la multiplicidad de candidaturas, pero lo interesante es saber cómo ocurre ello. Argumentamos que la segunda vuelta no opera únicamente como continuidad de posiciones previas, sino como espacio de redistribución semiótica, donde emergen pliegues discursivos que modifican la posición relativa de los candidatos finalistas.
Utilizando un análisis cualitativo se identifican los ejes que estructuran el debate y se describen las convergencias y divergencias que se producen respecto de la primera vuelta.
El análisis se basa en una especie de ‘factorial cualitativo’, metodología que, inspirada en el análisis factorial exploratorio del ámbito cuantitativo, permite identificar dimensiones latentes que organizan el campo discursivo. Cada candidato se posiciona en estos factores según su desempeño discursivo, su oferta programática y las interacciones conflictivas registradas en el debate.
Los factores identificados en la segunda vuelta son los siguientes:
– Seguridad punitiva vs. seguridad institucional
– Restauración moral del orden vs. gobernabilidad institucional
– Estado mínimo vs. Estado estratega
– Homogeneidad simbólica vs. inclusión social
Factor 1: Seguridad Punitiva vs Seguridad Institucional
Este es el factor dominante en el debate. Explica la mayor parte de la confrontación y atraviesa todos los bloques (migración, cárceles, crimen organizado, DD.HH., reconducción, prófugos, etc.) Se organiza en dos polos.
Polo A — Seguridad Punitiva (Kast)
– “92 días” para migrantes irregulares.
– No empadronar; expulsión inmediata.
– Apoyo ampliado a FF.AA. y Carabineros.
– Mano dura sin matices (“que se vayan con lo puesto”).
– Indultos humanitarios incluso en casos de DD.HH. delicados.
– Propuestas de segregación carcelaria, uniformes, corte de pelo.
Polo B — Seguridad Institucional con Límites (Jara)
– Empadronamiento como política de Estado.
– Expulsión solo tras procedimiento.
– Prioridad en infraestructura carcelaria y modernización (5 cárceles).
– Persecución del dinero sucio y crimen organizado financiero.
– Defensa de DD.HH. como límite mínimo (caso Krassnoff).
– Reconocimiento de errores propios (“polera matapacos”) sin volverlos doctrina.
Este Factor 1 es el eje principal de la elección.
Factor 2: Institucionalismo vs Restauración Moral del Orden
Este factor aparece en gobernabilidad, coaliciones, relación con partidos, y visión del poder.
Polo A — Institucionalismo Modernizador (Jara)
– Renuncia al PC para ampliar gobernabilidad.
– Defiende acuerdos, reformas políticas, y continuidad técnica.
– Ve Estado, instituciones y coaliciones como herramientas de gobernar.
– Se posiciona como garante de estabilidad democrática.
– Construye una narrativa de “orden con legitimidad”.
Polo B — Restauración Moral del Orden (Kast)
– Idea de representar a “Chile entero”, superando banderas partidistas.
– Evoca nación, bandera, moralidad (“ellos no nos quieren, nosotros sí”).
– Gobernabilidad asociada a autoridad fuerte, no a negociación.
– Estado como aparato disciplinario más que como articulador.
– Enfatiza que la institucionalidad está capturada por la izquierda.
Este factor explica la dimensión más política o ideológica: gobernabilidad, forma del poder, tono y ethos.
Factor 3: Estado Estratega vs Estado Minimizado
El Factor 3 se concentra en Estado Estratega vs Estado Minimizado. Atraviesa economía, políticas sociales, energía y medidas económicas generales.
Polo A — Estado Estratega (Jara)
– Sala cuna universal como política estructural.
– Oficina de inversiones adscrita a Presidencia.
– Implementación de ley de permisos sectoriales.
– Infraestructura carcelaria.
– Políticas de inversión pública y modernización portuaria.
– PGU, políticas sociales robustas.
Polo B — Estado Minimizado y Mercado Motor (Kast)
– Reducción tributaria (27% → 23%).
– Crítica a “gasto político” y promesa de recortar.
– Crecimiento como función del mercado y el orden.
– Sala cuna universal apoyada, pero desde eficiencia y pragmatismo.
– Confianza en Pymes como motor económico.
– Estado como ejecutor y policía, no como planificador.
– Este factor es económico-institucional y define la arquitectura de gobierno imaginada por cada candidato.
El debate estuvo altamente bipolarizado en torno al Factor 1 (Seguridad) y al Factor 2 (Forma del Poder). Los factores 3 y 4 actuaron como moduladores del clivaje principal.
En términos electorales:
Kast usa un discurso que militariza y moraliza la política.
Jara busca un discurso que institucionaliza, tecnifica y socializa la política.
Es un choque entre “restauración de autoridad” y “búsqueda de un Estado presente, pero moderno”.
Esta búsqueda discursiva de ambos ve modificaciones en la medida que en el debate de segunda vuelta comienzan las estrategias de controlar todo el escenario con la salida de los otros jugadores.
La pregunta es cómo los discursos previos se pliegan para la segunda vuelta. Por ejemplo, al desaparecer estos actores, Kast pierde el colchón discursivo de la derecha dura y se ve obligado a ocupar simultáneamente el rol del punitivo extremo (legado Kaiser + Parisi), y el rol del punitivo responsable (legado Matthei). Esto genera su primer pliegue discursivo según el cual Kast debe integrar punitivismo maximalista y punitivismo racionalizado, pero termina acentuando el maximalismo porque su público duro sobrevive, pero los moderados no están orgánicamente capturados. Esto explica su creciente literalidad (faltan “92 días”), su espectacularización punitiva y su dependencia del eje “orden moral”.
¿Qué pasó con Jara? Jara hereda un espacio institucionalista que en primera vuelta incluía a Marco Enríquez-Ominami (Estado estratega), Mayne Nicholls (humanismo moderado) y parte del voto Matthei más centrista. Eso la obliga a ensanchar su institucionalismo, incorporando dureza operativa sin perder límites éticos.
Su esfuerzo principal es construir el paso desde “seguridad con DD.HH.”(primera vuelta) a “seguridad institucional dura” (segunda vuelta): surgen así 5 cárceles nuevas, búsqueda activa de delincuentes, empadronamiento obligatorio, expulsión de irregulares no empadronados y, a la vez, mantiene la frontera ética con DD.HH. que hereda de MEO y Mayne Nicholls.
Gobernabilidad
Entre primera y segunda vuelta hay un pliegue 2 que modifica el eje que en noviembre era Gobernabilidad (donde se veía el eje “institucionalistas vs antisistémicos”), pasando a uno nuevo, que podemos denominar “gobernabilidad ampliada vs restauración moral”.
El eje de herencia desde la primera vuelta fue Institucionalistas: Jara, Matthei, MEO, Mayne Nicholls; enfrentándose a los antisistémicos / disruptivos como Parisi, Kaiser, Artés.
Aquí Kast estaba en un punto intermedio, matizado por la presencia de candidatos mucho más radicales. En segunda vuelta Kast pierde ese sostén y busca absorber los discursos disruptivos antisistémicos que antes estaban externalizados. Kast ha estado más dispuesto, a nivel de discurso (no de medidas), a buscar a Parisi; mientras Jara está más dispuesta a buscar a Matthei.
Kast cambia en otro eje más. De “derecha conservadora dura” pasa a “restaurador civilizatorio del orden”, un tono cuasifundacional. Lo hace mediante la convocatoria a una nación homogénea, un discurso emocional patriótico, la deslegitimación indirecta del sistema actual (“la izquierda radical nos llevó al estallido”) y la distancia performativa de su propio partido (“dejé la chapita”).
Por otro lado, la transformación de Jara producto de ese pliegue nos muestra que busca heredar institucionalistas de derecha moderada y centroizquierda.
Para ello avanza en un pliegue que modifica sus ejes anteriores, pasando de “izquierda de gobierno” a “administradora del orden democrático”. Esto incluye: renunciar al PC, asumir liderazgo institucional (distancia de Boric), mostrarse como “la que asegura gobernabilidad sin estridencias”. Este pliegue es crucial pues Jara ocupa el lugar vacío de Matthei: orden + técnica + gobernabilidad.
Economía
En economía el eje pasa de una primera vuelta con “Estado estratega vs mercado autorregulado” a “redistribución realista vs dinamización simplificada”. He aquí mucha herencia de la discusión de los ocho candidatos.
Por un lado el Estado estratega fuerte: Jara, MEO, Artés; por otro lado el mercado dinamizador: Kast, Matthei, Kaiser, Parisi.
En la segunda vuelta Kast hereda en economía un mosaico disonante: tecnocracia de Matthei, antiestatismo radical de Kaiser y antipolítica antiimpuestos de Parisi. Es una fusión difícil que tensionará su actuar incluyendo si gana. Y es que todo ello no puede absorberlo sin tensiones. Kast entonces se inclina por una simplificación tributaria: bajar impuestos, recorte de gasto político, crecimiento por orden. Pero pierde la sofisticación de Matthei (infraestructura, transmisión eléctrica, competitividad) y queda con narrativa ideológica.
Jara, en cambio, hereda Estado estratega (MEO), socialdemocracia técnica (Matthei moderada y Mayne Nicholls) y sindicalismo democrático (ella misma). Busca ser la candidata que sí puede garantizar inversión y crecimiento, con una narrativa de tono realista: implementación de permisos sectoriales, modernización portuaria, energías limpias, PGU y políticas sociales financiadas. En segunda vuelta, Jara aparece más técnica, mientras Kast más resolutivo–moralizante.
Migración
Otro eje es el de migración que se mueve desde “apertura con control vs cierre total” a un eje nuevo “trazabilidad vs expulsión inmediata”.
En primera vuelta había: expulsión inmediata extrema con Kaiser, Parisi; versus control duro pero con trazabilidad: Matthei, Kast; también diferenciado respecto a control institucional: Jara, MEO. Esto se cerraba con la mirada humanista de Mayne Nicholls.
Pero al pasar a dos candidatos, el campo se reestructura. Kast 4 busca absorción del maximalismo migratorio, tomando la posta de Kaiser y Parisi, por lo que se radicaliza. De “control duro” pasa a “no empadronar, solo expulsar” + ultimátum (“92 días”).
Jara apuesta a la absorción del institucionalismo ampliado. Debe incorporar elementos de Matthei + MEO + Harold. De “regularización + DD.HH.” pasa a “empadronamiento obligatorio + expulsión de no empadronados”. Esto genera una convergencia parcial entre ambos porque prometen expulsar, pero con racionalidades distintas. Kast y una moral–punitiva; Jara y una racionalidad estatal–administrativa.
Convergencias
Pero, vale preguntarse, ¿qué convergencias heredadas modifican al debate final? Aquí está la respuesta central, aunque es más bien una respuesta vestida de pregunta: ¿Qué ejes de primera vuelta se pliegan y producen convergencias o cambios en Jara y Kast?
1. Convergencia en Seguridad (pero desde racionalidades opuestas)
Ambos endurecen seguridad:
– Kast absorbe punitivismo extremo.
– Jara absorbe institucionalismo duro.
Convergencia aparente, divergencia estructural.
2. Convergencia en Migración
Ambos incorporan expulsión como política necesaria.
Pero hay diferencias:
– Kast → expulsión moralizante.
– Jara → expulsión administrativa.
3. Convergencia en Políticas Sociales y Laborales
Jara obliga a Kast a mantenerse en 40 horas y no tocar indemnización.
Este es un pliegue decisivo. Kast queda sin juego para mover la estructura de protección social.
4. Convergencia en Gobernabilidad
Ambos hacen gestos integradores:
– Kast abandona “chapita republicana”.
– Jara abandona su militancia comunista.
Traducción semiótica:
Los polos extremos se retraen y dejan a ambos en un rango más amplio de interpelación.
5. Divergencia radical en DD.HH.
Aquí el pliegue no genera convergencia, sino acentuación del contraste.
Estos factores no solo estructuran el debate, sino que permiten rastrear los pliegues que se generan al absorber las narrativas de los candidatos eliminados. Los pliegues son entendidos como cambios no lineales del discurso que surgen en contextos de alta presión electoral y representacional.
Primer factor: Seguridad Punitiva vs. Seguridad Institucional
El primer factor es el más determinante, emergiendo como eje central del debate de segunda vuelta. Kast intensifica su posición respecto de la primera vuelta, adoptando una seguridad punitiva maximalista que incluye ultimátums (“92 días”), expulsión inmediata sin empadronamiento, militarización y relativización del marco de DD.HH. Esta radicalización responde a la necesidad de absorber discursos de Kaiser y Parisi, quienes en primera vuelta ocuparon los polos más extremos del punitivismo.
Jara, por su parte, se desplaza hacia una seguridad institucional endurecida, incorporando medidas como construcción de cárceles de alta seguridad, búsqueda activa de delincuentes, empadronamiento obligatorio y expulsión administrativa de migrantes no empadronados. Sin embargo, mantiene límites éticos coherentes con DD.HH., lo que la aproxima parcialmente al discurso de ME-O y HMN.
Tabla 1. Desplazamiento discursivo en el Factor 1 (Seguridad)
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Segundo factor: Restauración moral vs. gobernabilidad institucional
Este factor emerge con fuerza en la segunda vuelta. Kast sustituye su apelación a la derecha tecnocrática de Matthei por una narrativa moralizante de nación, marcada por símbolos patrios, antagonismos civilizatorios y un modelo de gobernabilidad basado en autoridad más que deliberación.
La renuncia estratégica a la “chapita republicana” expresa su intento por ocupar un espacio suprapartidario, aunque su discurso se alinea más con Kaiser que con Chile Vamos.
Jara realiza un movimiento inverso. La renuncia declarada al PC opera como un gesto de ampliación institucional, posicionándola en el espacio que en primera vuelta ocuparon Matthei (en su dimensión institucional), Harold y parte de ME-O: gobernabilidad amplia, técnica y pragmática, sustentada en acuerdos y reforma del sistema político.
Tercer factor: Estado mínimo vs. Estado estratega
En economía, las herencias discursivas son especialmente relevantes. Kast pierde la dimensión técnica aportada por Matthei y queda tensionado entre el mercado doctrinario de Kaiser y el antipoliticismo cosista de Parisi. De este modo, su programa se simplifica en tres ejes: reducción tributaria, recorte del gasto político y crecimiento mediante orden y desregulación. Este desplazamiento reduce la sofisticación de su discurso económico.
En contraste, Jara absorbe el Estado estratega de ME-O y elementos de la eficiencia técnica de Matthei, proponiendo una arquitectura económica basada en inversión pública, infraestructura energética, implementación de la ley de permisos sectoriales, fortalecimiento de puertos y expansión de políticas sociales financiables.
Tabla 2: Movimiento discursivo en economía
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Cuarto factor: Homogeneidad simbólica vs. inclusión social
Este factor es estético y simbólico, pero influye fuertemente en la narrativa política. Kast opera una construcción homogénea del “pueblo chileno”, representado como un cuerpo moral unificado que requiere protección frente a amenazas internas y externas (migración, crimen organizado, izquierdas radicales). Este enfoque lo aproxima a Kaiser y lo distancia de Matthei y del conservadurismo democrático tradicional.
Jara, en cambio, se posiciona desde una estética de inclusión social: reconocimiento de diversidad de familias, defensa de derechos laborales, políticas públicas para mujeres y cuidadoras, y un relato centrado en “un país unido” pero plural. Aquí converge con ME-O y HMN, reforzando una imagen de candidata integradora.
Nuevo mapa discursivo
Los movimientos descritos generan un nuevo mapa discursivo en segunda vuelta.
Tabla 3. Mapa sintetizado de convergencias por factor
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El paso de la primera a la segunda vuelta reconfigura de manera profunda el campo discursivo. La eliminación de seis candidaturas obliga a los finalistas a absorber y redistribuir sus narrativas. Kast se desplaza hacia la concentración de la derecha punitiva y antisistémica, adoptando elementos de Kaiser y Parisi, y perdiendo el anclaje institucional que le entregaba Matthei. Jara, en contraste, capitaliza el espacio institucionalista y técnico, incorporando dimensiones programáticas de ME-O, Harold y Matthei en su vertiente más moderada.
Este reordenamiento revela que la segunda vuelta no es simplemente un enfrentamiento entre dos polos ideológicos, sino un nuevo campo discursivo donde ambos candidatos se posicionan como síntesis de fragmentos heredados. Kast encarna la convergencia de los discursos disruptivos, mientras que Jara articula la convergencia de los discursos institucionalistas.
El resultado final es una polarización compleja: seguridad punitiva contra seguridad institucional, restauración moral contra gobernabilidad democrática, mercado simplificado contra Estado estratega, y homogeneidad simbólica contra inclusión plural.
El modo en que ambos candidatos configuraron su discurso en el debate de segunda vuelta favorece estructuralmente a Jeannette Jara en términos de comodidad discursiva (aunque no haber buscado los votos de Parisi es una estrategia polémica).
Su movimiento hacia el centro institucional —renunciando simbólicamente al PC, adoptando un tono tecnocrático en economía, endureciendo seguridad dentro del marco de la legalidad y enfatizando cohesión social— le permite ocupar la mayor parte de los ejes donde se concentra la mayoría electoral chilena: institucionalismo, progresismo moderado, liberalismo social, Estado estratega, tecnocracia y políticas públicas universales.
Estos ejes, que históricamente suman más del 60% de las preferencias en los estudios LCN, están asociados a votantes de Matthei técnica, ME-O, Harold y parte del universo intermedio de Parisi.
En otras palabras, Jara hace el movimiento expansivo que exige una segunda vuelta: ampliar base, integrar fragmentos diversos y habitar el espacio de centro donde se deciden las presidenciales. Sin embargo, el escenario no permite que estas temáticas hoy sumen lo suficiente. Jara necesitaba que Kast se desplomara.
En contraste, José Antonio Kast profundiza en la segunda vuelta los ejes que ya dominaba: punitivismo, nacionalismo identitario, neoconservadurismo y antipolítica. Son categorías discursivas de alta intensidad emocional, pero de baja extensión electoral.
Al radicalizar su posición —rechazando el empadronamiento migratorio, reforzando el ultimátum de 92 días, articulando un relato de nación moral unificada y desplazando el lenguaje técnico— Kast consolida su nicho, pero reduce la transversalidad de su oferta. Su discurso se acerca al votante de Kaiser y Parisi, pero pierde la tecnocracia moderada de Matthei y la institucionalidad amplia que requiere un balotaje. Así, mientras Jara crece hacia el centro político, Kast se estrecha hacia su polo más fiel, configurando un escenario en el que la redistribución de apoyos favorece más claramente a Jara.
¿Quién ganó el debate?
En la puesta en escena, Kast proyectó un lenguaje corporal que tensionó aún más la lectura de su desempeño discursivo. Su postura se mantuvo rígida, con hombros elevados y torso ligeramente inclinado hacia adelante, lo que generó la impresión de un candidato agazapado, a la defensiva, preparado más para resistir ataques que para convencer a un público amplio.
Su estrategia fue de partido clásico, con faltas constantes y cortando juego. Aunque no llegó a mostrar abatimiento explícito, sí transmitió un nivel de incomodidad y contracción corporal que contrastó con la soltura necesaria para una segunda vuelta.
Sus manos se movían de manera repetitiva, como buscando un punto de control, y su mirada alternó entre evasión y enfrentamiento directo, lo cual aumentó la percepción de un candidato encerrado en su propio eje identitario-punitivo, sin naturalidad para moverse hacia otros registros.
A ello se sumó una oralidad compulsiva, marcada por interrupciones constantes, frases atropelladas y un ritmo verbal acelerado, lo que denotó nerviosismo invisible pero persistentemente manifiesto.
Kast mostró desagrado frente al tipo de interacción que exige un debate de balotaje —de más diálogo, menos confrontacional— y ello se tradujo en dificultades para modular su tono.
Además, cometió varios errores de datos y debió reconocer equivocaciones, afectando la consistencia de la imagen de autoridad y firmeza que buscaba proyectar.
La combinación de tensión física, compulsividad verbal y tropiezos informativos reforzó la percepción de un candidato operando al borde de su rango de control, sin la holgura necesaria para persuadir al electorado moderado que define la segunda vuelta.
Sin embargo, Jara necesitaba no solo un triunfo en el debate, sino una debacle de Kast y ello no ocurrió. En sus momentos de mayor turbación Jara no fue totalmente capaz de capitalizar esos momentos y aun cuando probablemente se la sitúe como ganadora en términos concretos, la verdad es que necesitaba ir más lejos para una recuperación de posición electoral. Kast terminó un partido difícil perdiendo por lo que necesitaba.
Normalmente, un debate presidencial con dos contendores sigue una lógica táctica conocida: cada uno escoge un eje y lo fortifica con toda la sofisticación posible, intentando dominar el terreno discursivo que ha decidido habitar. Pero cuando las encuestas muestran una distancia muy amplia entre ambos, esa estrategia deja de ser útil.
El retador no puede limitarse a construir su eje; debe intentar producir un desorden semántico en su adversario. En este caso, Jeannette Jara necesitaba generar un desequilibrio en el discurso de José Antonio Kast, uno lo suficientemente profundo como para abrir la posibilidad de una fractura. Y si esa grieta llegaba a mostrarse, debía estar preparada para transformarla en un momento de shock. Esa era la primera condición.
Sin embargo, Jara optó por reforzar principalmente su propio eje discursivo. Aunque en ciertos pasajes consiguió tensionar las líneas estructurales del relato de Kast, aquello no bastó. Y cuando tuvo la oportunidad de clavar una estaca decisiva, no consiguió consumarla.
La otra alternativa disponible para un retador que no solo necesita crecer algunos puntos, sino que requiere remontar mucho más, es intentar el desequilibrio emocional del oponente: llevarlo, por agotamiento o confusión, a un desplome evidente, innegable. Kast tuvo un instante de turbación, sí, pero no llegó a ser un quiebre.
Jara ganó el debate. Ganó la escena, la forma y varios cruces argumentales. Pero aquello fue solo una batalla.
Y, a esta altura, todo indica que la guerra ya está definida.
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