¿Para qué quieren tanto dinero estas personas?

Más de 250 multimillonarios han dirigido una carta al Foro Económico de Davos en la que piden que les aumenten los impuestos: “Proud to Pay More” (Orgullosos de pagar más) se titula el documento.

Los magnates, originarios de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Dinamarca, expresan:

“Nuestra petición es simple: os pedimos que nos hagáis tributar más a nosotros, a los más ricos de la sociedad”. Si no se toman medidas “para hacer frente al dramático aumento de la desigualdad económica, las consecuencias seguirán siendo catastróficas”.

De paso, reconocen algo más que evidente, que un aumento de su contribución a las arcas públicas “no alterará” su calidad de vida, ni perjudicará a sus hijos, vale decir, no caerán en la pobreza debido a ese aumento, y afirman:

“No sólo queremos que se nos cobren más impuestos, sino que creemos que debemos pagar más”, lo que pondría al servicio de un “futuro democrático en común” una riqueza “excesiva e improductiva”.

Los magnates chilenos

¿Qué dicen al respecto los cuatro magnates chilenos que encabezan la lista de nuestros milmillonarios en dólares de la revista Forbes?

¿Qué dicen Andrónico Luksic e Iris Fontbona (23.300 millones de dólares): Julio Ponce Lerou (4.100 millones de dólares); Horst Paulmann (3.300 millones de dólares); Sebastián Piñera (2.900 millones de dólares)? ¿Qué dice el 1% más rico de Chile que concentra el 49,6% de la riqueza del país?

¡Silencio!

Cada vez que Boric o el ministro Marcel han hablado de aumentar los impuestos a las grandes ganancias, los gremios empresariales y los partidos de derecha se han lanzado en picada contra tamaña “insensatez”.

Sebastián Piñera y Andrónico Luksic han reiterado que un impuesto a las grandes fortunas acarrearía una apocalíptica fuga de capitales.

¿Para qué quieren tanto dinero estas personas? Con ayuda de mi amigo malabarista de las matemáticas S. de P. quise calcular qué representan materialmente los 2.900 millones de dólares que posee Piñera, he aquí el resultado:

Habiendo averiguado que cada billete de un dólar pesa un gramo, resultó que, en billetes de esa denominación, los mentados 2.900.000.000 de dólares de nuestro expresidente pesarían 2.900 toneladas.

El transporte de esta suma exigiría una caravana de 290 camiones con capacidad de diez toneladas cada uno, suficientes para colapsar la Ruta 68 y cualquier autopista del planeta.
Para no complicar el tránsito vehicular, repetimos el cálculo con billetes de 100 dólares, teniendo en cuenta que un millón de dólares en fajos de billetes de 100 pesa solo diez kilos: Wikipedia dixit.

En ese caso la fortuna de Piñera podría compactarse en 29 toneladas y bastarían tres camiones bien llenos de billetes de 100 para transportarla a la vivienda de los Piñera-Morel en San Damián, el gueto de los chilenos riquísimos.

Por cierto, nuestros milmillonarios no guardan sus fortunas en billetes bajo el colchón, sino mediante pestañeos electrónicos en los servidores informáticos de unos bancos lejanos.

Que se sepa, Sebastián Piñera, genio de la especulación financiera, no ha fabricado nada, solo dinero.

Madrugador, a las 4 am ya está conectado e informado en línea, gracias a la diferencia de horas, de lo que ha acontecido y está aconteciendo en las bolsas de Tokio, Singapur, Hong Kong, Zúrich, Frankfurt y la City de Londres, y de los vientos que soplan en los paraísos fiscales.

Sobre esa base, va dando a sus brokers internacionales las correspondientes instrucciones de comprar y vender tales y cuales valores al toque.

¿Resultado? A la hora del desayuno poseerá algunos millones de dólares más que al sentarse a la mesa de la cena de anoche.

¿Y toda esta opulencia para qué? ¿Qué puede hacer Sebastián Piñera con esa montaña de dinero más alta que el Himalaya?

¿Cuántas mansiones de lujo se podría comprar en diversos rincones del planeta? ¿Cuántos autos de alta gama? ¿Cuántas chaquetas, cuántos pares de zapatos, cuántas corbatas? ¿Cuántas botellas de champaña Dom Perignon Vintage y de whisky Glenfiddich de 21 años? ¿Cuántos Rolex de 50 millones como el que le robaron a un empresario el otro día? ¿Cuántos viajes alrededor del mundo podría hacer con su familia, en cuántos restaurantes famosos podría comer sin peligro de agarrarse una lipiria?

Aplícame impuestos ahora

A los 32 años, la austríaca Marlene Engelhorn, heredera tras la muerte de su abuela de una fortuna evaluada en 4.200 millones de dólares, proveniente del imperio BASF, la empresa química más importante del mundo, acaba de formularse las mismas preguntas.

Marlene ha dicho que no necesita ese dinero, que no sabría en qué gastarlo y, además, que no lo merece.

Por ello ha decidido renunciar al 90% de esa fortuna y ha abierto en Austria un concurso para repartir el equivalente a 4.000 millones de dólares y cambiarles la vida a miles de personas que necesitan financiamiento para su subsistencia y sus proyectos.

Además, ha fundado la iniciativa Tax Me Now (Aplícame impuestos ahora), para obligar al gobierno austríaco a derogar la disposición que en 2008 eliminó el impuesto a la herencia.

La otra cara de la medalla es el sujeto dotado de genialidad para acumular riquezas desenfrenadamente, aunque desprovisto de otras virtudes, que al observar su propio rostro en el espejo por la mañana, se exclama con placer hedonista: “¡Que importante, qué poderoso eres!”.

Ya lo dijo Harpagón, el Avaro de Molière:
“Il semble qu’ils n’aient autre chose à dire, de l’argent, de l’argent, de l’argent. Ah! ils n’ont que ce mot à la bouche, de l’argent.”

—Parecería que no tuviesen otra cosa que decir: dinero, dinero, dinero. ¡Ah!, es la única palabra que les viene a la boca: dinero.