Señor Director:
La crisis de natalidad, por muchos años silenciosa, finalmente ha llegado a la agenda pública, y con mucho ruido. Desde la sociedad civil, y un amplio espectro político han tomado posición frente al tema. Incluso el Gobierno ha presentado recientemente el plan “Chile Renace” para mejorar las condiciones de la familia y promover la natalidad.
Según el último informe del INE sobre el panorama demográfico nacional, los nacimientos han caído dramáticamente de 275.916 en 1993 a 174.057 en 2023, una disminución del 36,9 % en apenas tres décadas.
En este sentido, no fueron pocos los políticos y voceros provenientes de la izquierda que con una visión estatista, atribuyen el origen del problema exclusivamente a factores económicos y la falta de apoyo estatal a las madres. Sin embargo, esta explicación es a lo menos incompleta. La baja de natalidad es un fenómeno multidimensional que no puede reducirse únicamente a dimensiones económicas.
Países como Hungría, Corea del Sur, Japón y China han implementado políticas económicas significativas como subsidios directos, exenciones tributarias y ayudas por hijo. Existe consenso, no obstante, en que estas medidas no logran revertir permanentemente las tasas de natalidad hacia el nivel de reemplazo poblacional (2,1 hijos por mujer). La evidencia internacional demuestra que los incentivos puramente económicos tienen un impacto limitado.
Las personas están eligiendo tener menos hijos o directamente no tenerlos, aduciendo como fundamento a su decisión, además de temas monetarios, la falta de redes de apoyo, el no querer renunciar a su “libertad” personal y la priorización de proyectos de vida distintos a formar familia.
Ciertamente, estamos ante una transformación cultural y un profundo cambio en la valoración del ser humano, la familia y lo que significa padre o madre.
Como sociedad necesitamos pensar en políticas que vayan más allá de transferencias de dinero, apuntando a compatibilizar el mundo laboral con la maternidad y a fortalecer aspectos de seguridad, confianza, estabilidad y trascendencia que vuelva a poner a la familia en la base del desarrollo futuro.
Joaquín Barrios
Investigador de Res Publica
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