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El senador PPD Pedro Araya se convirtió en un "puente incómodo" entre oficialismo y oposición en la negociación de la reforma constitucional de seguridad. Pese a defender su rol articulador, desde el Socialismo Democrático desconocen su representación y exigen negociaciones formales. A pesar de las tensiones, Araya sigue buscando acuerdos en seguridad, mientras el malestar convive con la cautela en el sector. La controversia revela diferencias internas y el desafío de equilibrar intereses políticos.
La negociación para destrabar la reforma constitucional de seguridad convirtió al senador PPD Pedro Araya en una suerte de “puente incómodo” entre el oficialismo y la oposición. Mientras el parlamentario defiende las conversaciones que ha sostenido para construir una propuesta alternativa, desde el Socialismo Democrático salieron a desconocer que tenga mandato para representarlos y exigieron que cualquier acuerdo con el Gobierno pase por una negociación formal con el sector.
La disputa dejó al descubierto una diferencia que va más allá del contenido de la reforma. El conflicto ahora también pasa por quién se sienta a negociar con el oficialismo y en nombre de quién lo hace.
Araya ha trabajado durante las últimas semanas junto a los senadores Arturo Squella (Republicanos) y Andrés Longton (RN) en una propuesta alternativa, en momentos en que el Gobierno busca una salida para retirar su cuestionada reforma original.
Esa capacidad de Araya para tender puentes entre ambos sectores, sin embargo, terminó provocando ruido en sus propias filas.
La presidenta del PS, Paulina Vodanovic, explicitó su molestia durante la discusión en la Comisión de Constitución, asegurando que recién conoció el texto durante la tarde del martes y cuestionando la forma en que avanzaron las conversaciones.
“Yo conocí el texto ayer en la tarde, un texto en el que no participé, en el que nadie tuvo la gentileza de invitarme”, sostuvo.
La tensión aumentó cuando Vodanovic acusó “mansplaining” luego de que Squella explicara la posición que, según entendía, había mantenido la parlamentaria durante las tratativas.
“Eso significa que el senador interpreta y habla por mí y no corresponde, y eso es lo que a mí me tiene molesta respecto de este tema”, afirmó.
Araya responde: acusa pelea por “protagonismo”
Lejos de retroceder, Araya defendió su papel como articulador y negó que las conversaciones se hayan realizado a espaldas del resto de la oposición.
“Todos los senadores estaban en conocimiento de este tema, si esto no es un tema que se llevó a espaldas. La senadora Vodanovic tuvo conocimiento de todos los temas que se conversaron previamente, los papeles que circularon; al interior del Comité del PPD les comenté la discusión en la que estábamos”, aseguró.
Según explicó, lo único que sus pares no conocían era el texto definitivo, debido a que su redacción todavía no estaba terminada.
Pero Araya fue más allá y atribuyó parte de las críticas a una disputa por quién conduce las conversaciones.
“Yo no me voy a perder en peleas chicas, de protagonismos, de quién toma las decisiones o no. Lo importante aquí es construir acuerdos en materia de seguridad”, afirmó.
El senador Araya incluso puso en duda que quienes hoy cuestionan la negociación terminen rechazando el contenido de la reforma.
“Yo dificulto que el Socialismo Democrático, que el senador Celis, que la senadora Vodanovic, el senador Castro vayan a votar en contra de una reforma constitucional que condena el crimen organizado y que le entrega mayores atribuciones a Gendarmería”, sostuvo.
“En esto yo creo que sí hay un tema de protagonismo”, remató.
El Socialismo Democrático desconoce su representación
La respuesta del Socialismo Democrático terminó de evidenciar lo incómodo de la posición de Araya: puede servir de puente para acercar posiciones con el oficialismo, pero su propio sector desconoce que esa interlocución comprometa sus votos.
El senador PS Juan Luis Castro aseguró que quienes participaron en la elaboración de la reforma alternativa no cuentan con el mandato del bloque.
“Quienes hayan participado no cuentan con el respaldo del Socialismo Democrático, para que lo digamos con todas sus señales y con total claridad”, afirmó.
Castro agregó que las “iniciativas individuales” conocidas durante las últimas horas “carecen de consulta, de validación y de respaldo en votos para tener éxito el día que se vote”.
El socialista trazó además una línea para las próximas conversaciones: “Estamos dispuestos a conversar todo, todos los proyectos, todo lo que tenga que ver con seguridad, pero hay una mesa para sentarse a eso en forma transparente, clara, con el Socialismo Democrático, no con personas”.
El senador Ricardo Celis reforzó esa postura con una frase que apuntó directamente al corazón de la controversia.
“No aceptamos que alguien nos represente sin preguntarnos”, sostuvo.
Según el parlamentario, cualquier negociación deberá realizarse formalmente con las bancadas y comités. “Si el Gobierno quiere conversar con nosotros sobre el proyecto de seguridad, que lo haga ampliamente y por la vía que corresponde (…) y no de modo personal”, agregó.
Las opciones que se barajan contra Araya
La molestia, sin embargo, no se ha quedado solo en las declaraciones públicas. Conversaciones tras bambalinas dentro del sector han puesto sobre la mesa distintos escenarios respecto del futuro de Araya.
Entre las alternativas que han sido analizadas aparece sacarlo del comité PS-PPD e, incluso, quitarle el cupo que actualmente le permite presidir la Comisión de Constitución del Senado.
Por ahora, ninguna de esas opciones se ha materializado. Las mismas tensiones han dado paso a una evaluación más reposada sobre el costo de adoptar medidas de ese calibre, especialmente porque una ofensiva contra Araya podría terminar poniendo el foco en las rencillas internas de la oposición justo cuando el Gobierno atraviesa un complejo escenario político en el Congreso.
Hay, además, un elemento de cálculo hacia adelante. El voto de Araya será relevante para que la oposición pueda revalidar el próximo año el control de la Comisión de Constitución, cuando corresponda renovar su presidencia y Paulina Vodanovic aspire a encabezar la instancia.
De ahí que el malestar conviva, por ahora, con la cautela. Castigar políticamente a Araya podría satisfacer a quienes cuestionan su actuación en las negociaciones, pero también alterar los equilibrios que el propio sector necesitará más adelante.
El costo de ser el “puente”
La controversia también vuelve a tensionar la relación de Araya con el PPD.
Consultado sobre si el episodio podría reactivar sus diferencias internas, el senador aseguró sentirse cómodo en la colectividad, pero inmediatamente volvió a dejar abierta la puerta a revisar su permanencia.
“Si hay un partido que no logra entender que el principal problema de Chile es la seguridad y hay que construir acuerdos para buscar soluciones, difícilmente podemos seguir en el PPD”, advirtió.
El episodio deja así a Araya en una posición paradójica. Su disposición a negociar transversalmente lo convirtió en uno de los interlocutores para buscar una salida a la reforma, pero esa misma interlocución terminó tensionando su relación con el sector que integra.
Ese es precisamente el costo de convertirse en el “puente incómodo” de esta negociación. Mientras Araya insiste en que seguirá buscando acuerdos en seguridad, el Socialismo Democrático intenta dejar en claro que conversar con él no equivale a negociar con el bloque.
Pero la posibilidad de marginarlo tampoco aparece libre de costos. Quienes hoy cuestionan su autonomía negociadora podrían necesitar mañana su voto para mantener espacios de poder de la propia oposición en el Senado.
Así, la pugna ya no pasa únicamente por qué reforma reemplazará al proyecto del Gobierno. También abrió una disputa por quién tiene las llaves para negociar con La Moneda y hasta dónde la oposición está dispuesta a tensionar sus propias filas para recuperarlas.
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