Hay vidas políticas que se explican por los cargos que ocuparon. La de Camilo Escalona, en cambio, se entiende mejor mirando el recorrido: el adolescente socialista que comenzó a militar a los 13 años, el dirigente estudiantil que vivió el quiebre democrático, el joven obligado al exilio por la dictadura y, décadas después, el parlamentario que terminó presidiendo el Senado.
Camilo Escalona Medina nació en Santiago el 15 de junio de 1955. En 1969 ingresó a la Juventud Socialista y, todavía como estudiante secundario, llegó a presidir la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago. En 1973 fue elegido integrante del Comité Central de la Juventud Socialista.
El golpe de Estado marcaría su vida. Tras septiembre de 1973 fue requerido por la Junta Militar y obtuvo asilo en la Embajada de Austria. Comenzó entonces un exilio que lo llevaría por Viena, Cuba y Berlín Oriental. Desde Europa mantuvo su actividad política y posteriormente regresó clandestinamente a Chile.
En 1984 ingresó a la Comisión Política del Partido Socialista en la clandestinidad. Con el retorno de la democracia comenzaría una nueva etapa de su carrera, según destaca la Biblioteca del Congreso Nacional.
En 1989 fue elegido diputado y posteriormente volvió a la Cámara por un distrito de la Región del Bío Bío. En 2005 dio el salto al Senado, representando a la Región de Los Lagos, y en marzo de 2012 llegó a la presidencia de la Cámara Alta.
Pero Escalona fue mucho más que parlamentario. Presidió el Partido Socialista en tres períodos —1994-1998, 2001-2003 y 2006-2010— y se convirtió en uno de los dirigentes más reconocibles de la colectividad y de la Concertación.
También cultivó la escritura y publicó novelas, cuentos y ensayos políticos, entre ellos Chile, 20 años después: 1988-2008 y Una transición de dos caras: crónica crítica y autocrítica.
El último capítulo de Escalona
Su última etapa estuvo marcada por un agresivo cáncer de próstata diagnosticado en abril. De hecho, Escalona permanecía internado en la Clínica Indisa y en coma inducido, mientras recibía tratamiento.
La noticia movilizó al mundo socialista. Tras visitarlo, la presidenta del PS, Paulina Vodanovic, destacó su fortaleza y aseguró que mantenía su preocupación por el partido y por Chile.
Con su muerte se cierra una trayectoria difícil de separar de la historia reciente del país: la de un dirigente que vivió el quiebre democrático, el exilio, la clandestinidad y el retorno de la democracia, para luego ocupar un escaño en el Congreso y llegar a presidir el Senado.
Entre el adolescente que ingresó a la Juventud Socialista y el expresidente de la Cámara Alta transcurrieron décadas de transformaciones políticas.
Una vida entera dedicada a la política y una figura cuya historia quedó inevitablemente ligada a la del socialismo chileno y a buena parte de la historia política de las últimas cinco décadas.