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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU enfrenta una situación complicada, con resultados desfavorables en sondeos informales y la propia ex presidenta reconociendo que no cree que vaya a ser elegida. A pesar de esto, la postulación continúa en carrera, esperando el próximo sondeo en septiembre como punto de inflexión. La falta de respaldo desde Chile y las divisiones políticas en torno a la candidatura han debilitado su posición, con el oficialismo cuestionando su continuidad. A pesar de esto, los impulsores de la candidatura aún apuestan por mantenerla competitiva, con Brasil y México como principales respaldos externos.

La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas llega a septiembre en una posición cada vez más incómoda. El próximo sondeo informal del Consejo de Seguridad aparece ahora como el punto de inflexión para una postulación que, pese a los malos resultados, sus impulsores todavía se resisten a dar por terminada.

La propia expresidenta terminó de sincerar el escenario este jueves. Durante un encuentro organizado por la Universidad Diego Portales, Bachelet reconoció entre risas que no cree que vaya a convertirse en la próxima secretaria general de la ONU.

“Tal vez porque sé que no voy a ser Secretaria General”, afirmó, luego de bromear sobre las dificultades que tendría para ejercer el cargo en medio de la actual crisis del multilateralismo.

La frase, sin embargo, no vino acompañada de un anuncio de retiro. Por el contrario, la candidatura continúa formalmente en carrera y el nuevo sondeo previsto para septiembre será determinante para resolver si existe margen para seguir intentando remontar una elección que hoy se ve cuesta arriba.

El último golpe y la apuesta por resistir

El problema está en los números. En el segundo sondeo informal del Consejo de Seguridad, realizado en agosto, Bachelet quedó séptima entre ocho candidatos y consiguió apenas dos votos de “aliento”, mientras acumuló seis votos en contra. La consulta es confidencial, por lo que no se conocen los países detrás de cada preferencia.

El resultado abrió la discusión sobre una eventual salida anticipada. Pero la reunión que Bachelet sostuvo con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva terminó inclinando la balanza hacia la continuidad, al menos hasta conocer el resultado de una nueva medición.

Desde su entorno se ha transmitido que el encuentro fue positivo, mientras que antecedentes recogidos por Radio Bío Bío apuntaron a que la decisión sería mantener la campaña hasta el tercer sondeo y, a partir de ahí, evaluar el futuro de la candidatura.

Así, septiembre se transforma en una suerte de última estación. Si los números no mejoran, la posibilidad de que Bachelet continúe pierde sustento; si logra recuperar apoyos, sus impulsores tendrán un argumento para mantener abierta una carrera que, por ahora, aparece muy debilitada.

Y en ese escenario también pesa la falta de respaldo desde Chile.

El flanco abierto por Boric y la falta de respaldo del actual Gobierno

La discusión política en torno a la candidatura arrastra un problema desde su origen: el quiebre entre la postulación impulsada durante el gobierno de Gabriel Boric y la llegada de José Antonio Kast a La Moneda.

Durante la administración anterior, Camila Vallejo defendió reiteradamente que la candidatura constituía una política de Estado y que no debía quedar sometida a los ciclos electorales nacionales. En febrero, cuando comenzaron a surgir críticas, la entonces vocera sostuvo que la decisión se había gestado durante meses y que Brasil y México también habían inscrito a Bachelet como candidata.

La realidad política posterior fue otra. Con el cambio de Gobierno y la llegada de Kast a La Moneda, la candidatura dejó de contar con un respaldo transversal desde el Ejecutivo. El nuevo oficialismo —con la UDI y Republicanos entre sus principales fuerzas— ha cuestionado abiertamente la conveniencia de mantenerla, mientras los partidos que respaldaron al gobierno de Boric pasaron a la oposición y han defendido la postulación.

Esa nueva distribución de fuerzas terminó trasladando la candidatura de Bachelet al centro de una disputa política doméstica.

Vallejo, consultada precisamente por si el Ejecutivo de Boric pudo haber hecho más para asegurar apoyo interno antes de anunciar la postulación, rechazó que fuera necesario obtener previamente el consentimiento de la oposición. A su juicio, correspondía entender que se trataba de una decisión de Estado.

Y esta vez apuntó directamente al actual mandatario.

“Fue un factor muy gravitante”, sostuvo la exvocera, calificando como preocupante que Chile no entregara desde el Estado el respaldo que, a su juicio, requería una candidatura de esta envergadura.

Una izquierda que salió a defenderla frente al nuevo oficialismo

La defensa de Bachelet se ha concentrado principalmente en el mundo político que acompañó al gobierno anterior, ahora instalado en la oposición.

Dirigentes como la senadora y presidenta del PS, Paulina Vodanovic, han responsabilizado al Gobierno por la falta de apoyo y planteado que serán Bachelet, México y Brasil quienes deberán evaluar la continuidad. Otros sectores, en cambio, han optado por un tono más prudente.

El escenario contrasta con la magnitud que inicialmente se quiso dar a la postulación: una candidatura presentada como política de Estado, con respaldo regional y con la experiencia internacional de una expresidenta que además fue Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Ahora, buena parte de la discusión quedó reducida a si conviene resistir hasta el próximo sondeo.

Desde el oficialismo, en cambio, la lectura es bastante más definitiva.

La UDI calificó la candidatura como “un gusto personal” del expresidente Boric y llamó directamente a retirarla luego de las declaraciones de Bachelet. El cuestionamiento adquiere un peso distinto bajo la actual administración, pues el partido forma parte de la coalición oficialista que acompaña a Kast en La Moneda.

Republicanos también se han ubicado en el campo de quienes cuestionan la continuidad de la candidatura, en contraste con los partidos de izquierda que, desde la oposición, han salido a defenderla o a responsabilizar al actual Gobierno por la falta de respaldo.

La diputada Macarena Santelices también apuntó a la falta de respaldos internacionales, argumentando que este tipo de cargos no se definen por simbolismos ni trayectorias políticas, sino por la capacidad de generar confianza entre los países.

En una línea distinta, el diputado Jaime Mulet lamentó que Chile no se haya unido detrás de Bachelet y comparó la situación con anteriores candidaturas de connacionales a cargos internacionales o premios de relevancia.

La batalla que todavía quieren dar

Pese al panorama, quienes permanecen detrás de la candidatura todavía apuestan por mantenerla competitiva. Brasil y México siguen apareciendo como los principales respaldos externos, mientras el resultado de septiembre puede entregar una última señal antes de adoptar una decisión definitiva.

De esta forma, el próximo sondeo será el momento de la verdad. Después de los seis rechazos de agosto y de la propia admisión de Bachelet sobre sus escasas posibilidades, septiembre podría marcar el punto en que la campaña deje de ser una apuesta difícil y pase directamente a convertirse en una candidatura testimonial.