Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
El estudio de brecha pública de Qualiz y la UCEN revela que la élite política y la ciudadanía coinciden en los principales desafíos del país, como el crecimiento económico y el crimen organizado. Sin embargo, difieren en temas como el costo de la vida y la salud. La desaprobación al gobierno de Kast es mayor en la élite política que en la ciudadanía, y también hay discrepancias en la evaluación del “Plan Cancerbero”. Además, se observan diferencias en las preferencias presidenciales para 2030, destacando a Johannes Kaiser y Gabriel Boric entre la ciudadanía, y a Claudio Orrego en el Panel Político.
“Lo que piensan las élites. Lo que piensa la ciudadanía”. Así se titula el nuevo estudio de brecha pública que lanzó Qualiz junto a la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central (UCEN).
A diferencia de otras encuestas, este estudio recoge las valoraciones de dos paneles distintos: uno ciudadano y otro político. Este último, integrado por parlamentarios en ejercicio y exautoridades.
La novedad está en poner bajo la lupa cuánto se parece -o se distancia- la mirada de la élite política de la de sus votantes, a partir de un mismo cuestionario aplicado en un período similar.
Y el primer hallazgo ayuda a matizar la idea de que se trata de un mundo completamente desconectado. Ambos grupos coinciden, en buena medida, en cuáles son los principales desafíos del país.
El crecimiento económico, por ejemplo, es considerado una prioridad por el 65,6% de la ciudadanía, cifra que sube al 76,7% entre los integrantes del panel político. Algo similar ocurre con el crimen organizado.
¿Dónde aparece entonces la brecha? Principalmente, cuando se pasa de las grandes preocupaciones nacionales a los problemas más cercanos a la experiencia cotidiana.
El caso más evidente es el costo de la vida: mientras el 23,7% de los ciudadanos lo considera una prioridad, entre el panel político la cifra llega apenas al 7%.
Una diferencia que también se observa en salud y listas de espera. El 45,8% de la ciudadanía considera este tema urgente, frente al 34,9% del panel político.
En cambio, la delincuencia ocupa un lugar mucho más relevante entre los representantes del mundo político: el 51,2% del Panel Político la considera una prioridad, más del doble de lo que señala la ciudadanía, con un 25%.
Para el decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central, Marco Moreno, los resultados muestran precisamente un desajuste en las prioridades que cada grupo asigna a las urgencias del país.
“Hablaríamos más que de desconexión, de un desacople en la jerarquía de las prioridades. El mundo político reconoce buena parte de los mismos problemas, pero no necesariamente le asigna las mismas urgencias que la ciudadanía“, aseveró.
Otro de los hallazgos muestra que el mundo político también es más crítico del actual gobierno de José Antonio Kast que la propia ciudadanía.
La desaprobación presidencial alcanza un 50,5% entre los ciudadanos, mientras que sube al 60,5% en el Panel Político.
Algo similar ocurre al evaluar la ejecución del denominado “Plan Cancerbero”, con el traslado de reos a la cárcel La Laguna de Talca.
Mientras la ciudadanía parece premiar la firmeza de la medida -con un 42,3% que la califica como “muy buena”-, el Panel Político la interpreta principalmente desde su costo comunicacional: un 37,2% la considera un “show mediático”.
Y al mirar hacia los liderazgos presidenciales de cara a 2030, vuelven a aparecer dos mapas distintos.
Entre los ciudadanos, el líder del Partido Nacional Libertario (PNL), Johannes Kaiser, alcanza un 16,9% de las preferencias, seguido por el expresidente Gabriel Boric, con un 15,1%.
Pero en el Panel Político el escenario cambia: lidera el gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, con un 14,3%, mientras que entre la ciudadanía apenas alcanza un 1,5%.
En definitiva, el estudio muestra que ciudadanía y mundo político no están completamente desconectados: comparten algunas de las grandes preocupaciones del país. No obstante, las diferencias aparecen con mayor fuerza cuando se trata de definir cuáles son las urgencias más cercanas y, también, qué liderazgos podrían marcar el futuro político.
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