Rodrigo Valdés, mediante una columna de opinión, anunció que votará por el Rechazo en septiembre y explicó cuáles son sus razones.

El exministro de Hacienda de Michelle Bachelet, Rodrigo Valdés, anunció que votará Rechazo y que la mejor opción para Chile es el triunfo de dicha opción. Se trata del segundo extitular de dicha cartera durante los mandatos de la expresidenta que votará por dicha opción, tras Andrés Velasco.

Mediante una columna de opinión publicada en El Mercurio, el economista, que anteriormente militó en el PPD, dijo que “personas que estimo y admiro concluyen lo opuesto a mí con, prácticamente, la misma información”.

“A diferencia de ellos, considero que es mejor para Chile rechazar la propuesta constitucional en el plebiscito del 4 de septiembre”, dijo.

Valdés señaló que, dentro de las cosas positivas del texto, está la consagración de Chile como Estado social, democrático y de derecho, como también el otorgamiento de derecho a grupos postergados.

“Los problemas, no obstante, también son varios (…) El Consejo de Justicia concentra un poder excesivo y arriesga politizar el sistema. Más allá del tema del endeudamiento local, el modelo de descentralización deja muchos cabos sueltos. La imposibilidad de comercializar las autorizaciones de uso de agua generará un grave costo de eficiencia. Y que la ley no pueda restringir la huelga (excepto en casos excepcionalísimos) abrirá una caja de Pandora”, escribió.

Junto con ello, dijo que hay temas que no deben ser parte de una Constitución. “Parecen, más bien, amarres ideológicos (como los muchos que dejó la dictadura). Como un péndulo, pasaremos de un régimen en que la titularidad sindical es inconstitucional a uno en que es inconstitucional no tenerla”.

“Lo mismo con el 7% de las cotizaciones de salud y un fondo común. La manera en que la nueva Constitución trata estos asuntos trasluce desconfianza en la capacidad de la democracia para encontrar las mejores políticas públicas”, señaló.

Críticas al sistema político

Junto con ello, señaló que el sistema político establecido en el proyecto “será tanto o más disfuncional que el actual”. A su juicio, este posee “escasa reflexión previa; cierto desprecio por el rol de los partidos y la política tradicional; y un diagnóstico incompleto, o derechamente incorrecto, sobre el ‘exceso de presidencialismo"”.

“Si el poder del Presidente fuera tan grande, como se sostiene, habríamos visto a los últimos gobiernos implementando sendos programas. Pero pasó lo contrario: fricción e inacción. El problema, más bien, parece ser la fragmentación, la abundancia de partidos y las dificultades para formar mayorías sólidas. La propuesta constitucional no ofrece nada para solucionar esto”, argumentó Valdés.

El exministro recordó que, en octubre de 2015, dijo en un encuentro empresarial que “‘si una nueva Constitución deja a la centroderecha, al empresariado, u otro grupo amplio con un sabor como el que la centroizquierda ha sentido bajo la Constitución actual, habremos fracasado’. Lamentablemente, a pesar de los valiosos esfuerzos de algunos, eso es lo que ha sucedido”.

Por ello, expresó que “la última razón que tengo para rechazar la nueva Constitución no guarda relación con la idea de reformar la actual, sino con la convicción de que Chile necesita una nueva Constitución y de que somos capaces de elaborar una que pueda ser aprobada ampliamente en un plebiscito de salida”.

“Necesitamos una nueva Convención, paritaria, quizás menos numerosa, con representación indígena, elegida popularmente con reglas que faciliten acuerdos; y que trabaje alrededor de seis meses, sobre una nueva hoja en blanco y con dos tercios de quorum de aprobación. Un sistema de listas nacionales bloqueadas y cerradas podría dar cabida a más expertos y ofrecer más transparencia respecto de qué ideas hay detrás de cada plataforma”, propuso.

Finalmente, llamó a la derecha a no parapetarse desde el 5 de septiembre y dijo que “espero no pecar de ingenuo al confiar en que colaborarán para que tengamos una nueva Convención. En economía se enseña que una opción tiene un valor intrínseco que se pierde una vez que se decide no usarla. Si se aprueba la propuesta constitucional perdemos la opción de escribir una que sea la piedra angular de un nuevo y amplio pacto social”.