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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

EE. UU. y Arabia Saudita están cerca de un acuerdo sobre el programa nuclear saudí, que incluiría la supervisión de Washington. Trump resalta la importancia de que Arabia se una a los Acuerdos de Abraham para aprobar el acuerdo. Este pacto, que ha llevado a la normalización de relaciones con Israel por parte de varios países árabes, es visto como un avance diplomático, aunque críticos señalan que perjudica a los palestinos. Arabia Saudita, a pesar de conversaciones para normalizar con Israel, ha dado marcha atrás exigiendo progreso hacia un Estado palestino independiente.

Durante el pasado miércoles se informó que Estados Unidos y Arabia Saudita estaban muy cerca de llegar a un acuerdo en torno al programa nuclear saudí, que involucraría crear una industria de este tipo en el país de Medio Oriente, supervisada por Washington.

En adelantos de medios de comunicación se había indicado que el trato contemplaba que Arabia restableciera las relaciones bilaterales con Israel, aunque no era una condición final. Sin embargo, Donald Trump dijo otra cosa.

“El Acuerdo Nuclear Civil (¡No habrá enriquecimiento de material!) que se está negociando entre el Departamento de Energía de los Estados Unidos y Arabia Saudita, que solo se refiere a usos no militares como los que ya tienen Irán y EAU (y otros), será aprobado, pero está totalmente sujeto a que Arabia Saudita se una a los muy respetados y exitosos Acuerdos de Abraham”, expuso en su red social.

¿Qué son los Acuerdos de Abraham?

Con esto, Trump vuelve a mencionar este pacto, surgido durante su primer periodo presidencial, en relación a que países árabes normalicen sus lazos con Israel, su principal aliado en Medio Oriente.

En ese contexto Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán normalizaron esto en el marco de este proceso. El año pasado también la antigua república soviética de Kazajistán, que ya mantenía relaciones diplomáticas con Israel desde 1992, se sumó al tratado.

El pacto se considera la primera normalización entre Israel y los países árabes desde los tratados de paz con Egipto, en 1979, y con Jordania, en 1994. Los partidarios del tratado señalan además las crecientes iniciativas regionales y el comercio con los países socios.

En particular, Israel y los Emiratos Árabes Unidos han firmado otros pactos, entre ellos, uno de cinco años para intercambiar conocimientos en el ámbito de la agricultura. Todo ello ha sido considerado internacionalmente como un avance diplomático.

También rompieron con el consenso anterior de que la normalización con el estado antes mencionado solo sería posible tras la resolución del conflicto israelo-palestino y la aplicación de una solución de dos Estados. Precisamente, este es el punto que esgrimen las voces críticas. Los palestinos se ven a sí mismos como los perdedores del proceso.

Según el medio DW, los acuerdos “privaron a los palestinos de un importante medio de presión frente a Israel”, escribe Khaled Elgindy, experto en política del Medio Oriente, para la revista IPG-Journal, cercana al partido socialdemócrata alemán SPD.

“De este modo, Israel también pierde algunos de los últimos incentivos que le quedaban para poner fin a la ocupación de los territorios palestinos o reconocer de otro modo los derechos de los palestinos”, prosigue Elfindy.

Por su parte, Arabia Saudita mantuvo conversaciones con Estados Unidos para normalizar sus relaciones con el país, lo que suponía un hito histórico, ya que alberga los dos lugares más sagrados del islam.

Sin embargo, el reino del Golfo dio marcha atrás en la normalización tras el estallido de la guerra en la Franja de Gaza, desencadenada por el ataque de Hamás a territorio israelí en octubre de 2023.

En ese contexto, el estado saudí ha insistido en que no puede normalizar sin que se avance hacia un Estado palestino independiente, una perspectiva a la que se opone Netanyahu.

Hay que señalar que, a raíz de los dichos de Trump, desde la Casa Blanca sostuvieron que Tel Aviv no condicionó los Acuerdos de Abraham para el futuro del programa árabe.