La crisis de Ceuta ha logrado algo inpensado hace unos meses, ya que dos gobiernos no afines ideológicamente se unieron en contra de la inmigración en Europa. Se trata de Italia, donde es líder la derechista Giorgia Meloni, y Dinamarca, bajo el mando de la socialdemócrata Mette Frederiksen.
Lo cierto es que las dos gobernantes firmaron una carta en donde exponen su preocupación por lo que consideran una “migración descontrolada” hacia el Viejo Continente.
Unión de gobierno de Italia y Dinamarca
Si bien Dinamarca había valorado positivamente las medidas de España en torno a su ciudad en el norte de África, desde Copenhague ahora sostienen que la Unión Europea deben pasar cuanto antes a los centros de deportación.
“Resulta especialmente grave cuando los migrantes en situación irregular, que no tienen derecho a permanecer en nuestros países, cometen delitos violentos, participan en el tráfico de drogas o son responsables de actos de violencia sexual”, detallaron en un comunicado conjunto.
“Es comprensible que las poblaciones europeas esperen medidas por parte de sus políticos. Durante demasiado tiempo, la gente común y corriente, en particular, ha pagado un precio excesivo por la inmigración descontrolada”, añadieron.
De acuerdo al diario El País, el acercamiento entre Meloni y Frederiksen no es nuevo, ya que ambas habían demostrado tener acercamientos en materias como el control de la inmigración.
No obstante, la autoridad italiana parece haber encontrado una aliada en su constante campaña por promover los lugares para mantener y expulsar extranjeros que se encuentren sin documentos en el denominado espacio Schengen.
Esto teniendo en cuenta que Italia ha mantenido negociaciones con países como Ruanda, Uganda, Uzbekistán o Montenegro, para que reciban a deportados. Aquel proyecto no ha visto la luz, de momento.
“Con Mette es fácil: es una persona muy práctica. Coincidimos en el pragmatismo y trabajamos muy bien juntas porque tenemos puntos de vista diferentes y un objetivo común: el bien de los ciudadanos”, detalló Meloni a inicios de 2026.
Dentro de la misiva, ambas aseveran que “el respeto a nuestras leyes debe ir de la mano del respeto a los valores europeos. Esto se aplica tanto a los inmigrantes irregulares como a los millones de ciudadanos extranjeros que residen legalmente en nuestros países y en toda Europa”.
“Ambas estamos orgullosas del patrimonio cultural cristiano de Europa y queremos protegerlo. Esperamos que quienes vengan a nuestros países y elijan Europa como su hogar respeten nuestros valores y no intenten imponernos modelos de vida que no compartimos”, señalan.
De acuerdo a El Mundo, desde Italia han puesto sus ojos en el plan de regularización de más de 500.000 migrantes que actualmente lleva a cabo España. De hecho, lo ponen como una de las causas de la emergencia vivida en Ceuta.
“Ceuta ha sido un banco de pruebas y una lección: la lucha contra la inmigración ilegal es una tarea común. Decisiones unilaterales de países individuales no pueden descargar sus consecuencias en los países socios”, detalló el domingo el canciller italiano Antonio Tajani.
Por lo pronto, ambos países mantienen tensiones por aquel suceso, luego que Meloni anunciara controles en aeropuertos y puertos, sobre ciudadanos españoles y personas que llegaron desde ese país.
Desde la Moncloa (sede del gobierno hispano), avisaron de una medida de reciprocidad el pasado viernes, hacia ciudadanos que llegaran desde Italia. Diferencias que están lejos de terminarse.