No se trata de un viaje suspendido por razones meteorológicas o administrativas. La cancelación afecta a la persona y su trabajo. Además, se amplifica en las redes sociales y dictamina consecuencias reales tras la indignación de un colectivo que se atribuye la capacidad de dictar sentencias sociales en la esfera digital.
El mundo actual lo está padeciendo en distintas regiones. La censura es propia de dictaduras factuales y mentales. Es ese deseo por uniformar y evitar discrepancias en el debate y el necesario intercambio de posturas fundadas. Son tiempos de “dogmas y consignas” en los cuales “disentir y pensar libremente se ha convertido en una herejía”, en palabras de Pilar Rahola.
La periodista mencionada ha sufrido censuras y denuncias por opinar distinto. “Sobre Israel no se debate, ni se argumenta, sino que se dogmatiza, se decreta, se criminaliza”, según Rahola. Los riesgos del pensamiento único se unen a tragedias históricas y vigentes. Las descalificaciones y las amenazas se transforman en argumentos. La policía digital e identitaria no cree en la diversidad de opiniones, tampoco valora el debate como esencial para la libertad de expresión. Sin debate, sin disentir y la ausencia del pensamiento crítico no es posible sostener una sociedad libre y sus derechos.
La exclusión de la escritora, Ariana Harwicz, vía correo electrónico del festival de Granada, representa los tiempos actuales de censura y es un arquetipo de la cancelación. “Me desprogramaron a último momento. Cedieron a la presión de militantes. Cedieron al terror. Será un festival sin disidencia”, según la escritora.
La exclusión realizada no es exclusiva y atenta contra la libertad de expresión. Desde el viejo mundo, han señalado que la libertad de expresión tiene límites que la autora ha sobrepasado, además de negar o relativizar un genocidio.
“La cancelación de judíos e israelíes es independiente de sus posturas hacia el Gobierno de Netanyahu”, en palabras de Alejo Schapire. La denuncia de posible genocidio sobre el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se encuentra aún en la Corte Internacional de Justicia sin sentencia. Decirle a una judía que niega un genocidio suena bien. No pocos “han cedido al chantaje de grupos radicalizados y violentos que piden excluir únicamente a judíos”, según Schapire.
En paralelo, permanece la incredulidad y se exigen pruebas de veracidad a otras víctimas y muertos. “A la matanza del 7 de octubre le piden todo tipo de investigaciones, documentos y testimonios”, de acuerdo a Osvaldo Bazán. En la actualidad, “se puede dudar del 7 de octubre, aunque el autor del plano sea el que dispara”, según Bazán. Las sociedades no olvidan a sus muertos, pero no basta con cuantificarlos porque eso los y nos deshumaniza. No hay que “permitir que mis muertos sean los únicos que me importan”, en palabras de Rafael Gumucio.
Bienvenida la neutralidad de Ed Sheeran en su “Loop Tour”. No todos los escenarios tienen que representar y amplificar causas y consignas, el cantautor “tiene derecho a mantener su show sin activismo político”, según Magdalena Merbilháa.
El palestinismo se nutre de las redes sociales y se expande en los escenarios a nivel mundial, buscando incidir, repercutir y cancelar. Estás con ellos o en contra de ellos, denuncian y censuran, porque “los que no piensa como ellos, lo que rompe los estereotipos por ellos creados, simplemente no puede ser”, según Merbilháa.
“El movimiento ‘Palestina Libre’, no quiere la paz en Medio Oriente, ni en Gaza, sino que supone el fin del Estado de Israel”, afirma la historiadora.
La cancelación avanza por el mundo occidental con intolerancia. Toda cancelación atenta contra la libertad de expresión y sus requisitos: tolerar y refutar. Hoy, los autodenominados antifascistas se comportan como fascistas al acorralar y censurar en los dichos y en los hechos.
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