Internacional
Velas, flores y l√°grimas tras la matanza de M√ļnich
Publicado por: Alberto González La información es de: Agencia AFP
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“¬°Oh, Dios m√≠o! ¬°Oh, Dios m√≠o!”, grita con una voz desgarrada una joven de cabellos negros en medio de una muchedumbre silenciosa. Muchos muniqueses se recogieron el s√°bado en una atm√≥sfera dolorosa en el lugar que conmocion√≥ a toda Alemania.

A la entrada del centro comercial cerca del estadio de los Juegos Ol√≠mpicos de 1972 y en los sitios donde el viernes sembr√≥ el terror el joven germano-iran√≠ de 18 a√Īos, David Ali Sonboly, las flores y las velas se acumulan en recuerdo a las nueve personas que mat√≥.

En medio del silencio, la desconsolada joven, arropada por sus allegados, deja escapar un grupo de dolor y se derrumba a los pies de los escalones que llevan al centro comercial. Transe√ļntes y residentes permanecen petrificados.

Un hombre de unos cuarenta a√Īos rompe en ese mismo momento a llorar, en los brazos de su amiga. En los rostros, un r√≠o de l√°grimas.

“Estamos todos muy afectados. Vivimos en el barrio, los ni√Īos suelen venir a hacer sus compras aqu√≠. Para nosotros es un lugar muy familiar”, confiesa Alexa Gattinger, de 43 a√Īos, con sus tres hijos a su lado.

Georg Sch√§fer, de 39 a√Īos, tambi√©n es un asiduo del lugar. “Quer√≠a estar aqu√≠, mostrar mi apoyo. Muchos j√≥venes murieron a causa de un loco. Hay que reunirse, estar juntos”, asegura.

El ministro del Interior alem√°n, Thomas de Maizi√®re, con cara cansada, tambi√©n acudi√≥ a M√ļnich para mostrar el “apoyo del gobierno, de los alemanes (…) a los padres que lloran a sus hijos, a los j√≥venes que lloran a sus compa√Īeros de escuela”.

¬ŅHabr√° que cambiar de modo de vida? “Es demasiado pronto para sacar conclusiones”, asegura. Pero hay que desconfiar de los “embrutecedores discursos de odio”, hay que preguntarse sobre “estos videojuegos violentos” que adoran los j√≥venes, indic√≥ en referencia a una de las pasiones del joven asesino.

“Warum?”

Un poco m√°s lejos, a la entrada del metro, las flores tambi√©n abundan. “So sorry” (Tan triste), se puede leer en unas de las velas. “Warum?” (¬ŅPor qu√©?), se pregunta un escrito an√≥nimo.

Justo al lado, Amir Najjarzadeh, un vigilante de origen afgano, se encuentra a√ļn conmocionado por lo que vivi√≥ la v√≠spera. √Čl trabaja a unas decenas de metros del lugar de la matanza, en otro centro comercial.

“Pens√©: ‘Ya est√°, es como en Par√≠s"”, recuerda, en alusi√≥n a los atentados de noviembre de 2015, reivindicados por el grupo yihadista Estado Isl√°mico (EI) y que le costaron la vida a 130 personas en restaurantes y una sala de conciertos de la capital francesa.

“Vi a mucha gente corriendo hacia nosotros, abalanz√°ndose hacia nuestro centro comercial. Cerr√© la puerta, ayud√© a un determinado n√ļmero de ellos a salir por otra puerta y a unos 100 o 150 a refugiarse en el subsuelo”, explica.

Una vez de nuevo en la planta baja, los polic√≠as lo tumbaron en el suelo antes de dejarlo libre, mientras controlaban su identidad. “Desde entonces no he dormido, todo esto me atormenta”, confiesa el vigilante, todav√≠a estremecido.

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