Luego del anuncio de un sistema frontal de gran magnitud en la zona central de Chile —con proyecciones que superan los 90 milímetros de agua acumulada en algunas comunas de Santiago— se activó la ya conocida maquinaria de reacción nacional. Municipios desplegados 24/7, operativos de limpieza de canales a contrarreloj y llamados de alerta a la comunidad. Ante la inminencia del temporal, el país entero entró en modo de “emergencia preventiva”. Sin embargo, tras esta intensa movilización, subyace una pregunta incómoda que la alta dirección debe hacerse de manera urgente: en pleno siglo XXI, ¿por qué seguimos gestionando las contingencias climáticas como si fuesen sorpresas inevitables en lugar de riesgos operacionales predecibles?

La crisis climática ya no es un pronóstico a largo plazo; es la realidad operativa diaria de nuestras industrias. Temporales más intensos, vientos severos en zonas urbanas y variaciones térmicas extremas son el nuevo escenario base sobre el cual deben operar las empresas en Chile y el mundo.

En este contexto, la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) ya no puede depender de la capacidad de reacción de un equipo de operaciones cuando la tormenta ya se ha desatado. Actuar únicamente cuando el agua ya está inundando las faenas o cuando los vientos amenazan la estabilidad de las estructuras no es prevención; es mitigación de daños. La reactividad se traduce en pérdidas de productividad, interrupciones en las cadenas de suministro y, en el peor de los casos, fatalidades que pudieron haberse evitado si la variable climática estuviese integrada en los planes de prevención de forma dinámica.

El verdadero desafío de un liderazgo corporativo moderno radica en pasar de un modelo reactivo hacia una cultura de anticipación inteligente basada en datos. Hoy en día, la tecnología de seguridad nos dota de herramientas analíticas capaces de modelar escenarios complejos mucho antes de que caiga la primera gota de lluvia.

Mediante el uso de Inteligencia Artificial y modelos predictivos, las áreas de SST pueden cruzar instantáneamente pronósticos climatológicos satelitales con las condiciones específicas de cada lugar de trabajo. Esta convergencia tecnológica permite estructurar simulaciones del impacto del viento en grúas, de la saturación de suelos en excavaciones o de los riesgos de traslado para el personal en trayecto, transformando variables caóticas en decisiones respaldadas por una sólida certeza matemática.

La transición digital en la SST ofrece a las organizaciones la capacidad de ser proactivas en lugar de reactivas. La IA no solo automatiza la recopilación de datos, sino que identifica patrones históricos de siniestralidad vinculados a condiciones ambientales extremas, alertando a los prevencionistas sobre riesgos imperceptibles a simple vista.

Así, las empresas pueden planificar la detención de faenas críticas o el desvío de rutas logísticas con horas de anticipación. Esto no solo resguarda la integridad de las personas, sino que optimiza el uso de recursos y evita los sobrecostos de las detenciones de emergencia no programadas.

La seguridad inteligente y silenciosa no busca captar las portadas de los diarios tras superar una crisis; su éxito se mide, precisamente, en que la crisis nunca llegue a ocurrir.

Al estructurar planes de prevención que utilicen sistemas predictivos de SST, las organizaciones no solo aseguran la continuidad operativa de su negocio, sino que consolidan su activo más valioso en el largo plazo: la reputación institucional y la confianza de sus equipos.

La resiliencia de una empresa frente a los eventos climáticos extremos ya no se demuestra por la velocidad con la que limpia los escombros de un siniestro, sino por el rigor estratégico con el que diseñó sus operaciones para que el desastre fuese, sencillamente, imposible.

Pablo Rodríguez Nieto
Sabentis – Fundación Internacional ORP

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