Internacional
Jueves 17 enero de 2019 | Publicado a las 22:57
Testigos de atentado en Colombia que dejó 10 muertos describen el hecho como "el fin del mundo"
Por Manuel Cabrera
La información es de Agence France-Presse
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El cielo se tornó gris y las sirenas pusieron fin al silencio de quienes no entendían qué pasaba. El coche bomba activado en una academia policial en el sur de Bogotá inundó de pánico e indignación un país que busca pasar la hoja de la violencia.

“Cuando volteamos a mirar a la escuela estaba el cielo gris de humo. La gente corr√≠a, las sirenas… horrible, horrible… parec√≠a el fin del mundo”, explic√≥ a AFP Rosalba Jim√©nez, una comerciante de 62 a√Īos.

En su local de confecciones, donde los estudiantes a polic√≠a compran su ropa, no qued√≥ un vidrio sin quebrar. Pero tuvo suerte: ning√ļn allegado result√≥ afectado por este atentado que deja hasta el momento diez fallecidos, entre ellos una agente ecuatoriana, y 54 lesionados.

Cerca de las nueve y media de la ma√Īana los vecinos de la Escuela de Oficiales General Francisco de Paula Santander sintieron una explosi√≥n estruendosa, que record√≥ las √©pocas del narcoterrorismo de Pablo Escobar hace m√°s de dos d√©cadas o cuando la disuelta guerrilla FARC segu√≠a en su alzamiento armado.

Una camioneta Nissan Patrol modelo 1993 cargada con 80 kilos de pentolita explot√≥ en la entrada del centro formativo, seg√ļn la fiscal√≠a.

“Yo ve√≠a que todos los cadetes corr√≠an (…) hac√≠a la escuela”, afirm√≥ Berta Tucen, de 62 a√Īos, a quien la explosi√≥n le rompi√≥ las ventanas y le levant√≥ las tejas de su almac√©n. “Era un caos completo”.

Unos “r√≠en”, otros lloran

Aunque las autoridades no han ahondado en la detonación, un reportero de AFP en la zona escuchó a varios policías hablar entre ellos en detalle sobre el suceso.

Los agentes mencionaron que un perro antiexplosivo detectó la carga. Al verse descubierto, el conductor aceleró y atropelló a un policía. Tres uniformados siguieron detrás del vehículo, que a los segundos explotó y habría acabado con la vida de José Aldemar Rojas Rodríguez, identificado por la Fiscalía como autor material, y de los perseguidores.

Mauricio C√°rdenas pedaleaba por la v√≠a exclusiva para ciclistas aleda√Īa a la escuela. Afirma que segundos antes del estruendo, vio a uniformados de la academia hacer la se√Īal de pare a un coche. “Al rato ‘pruff’… (la explosi√≥n) fue de inmediato”, se√Īala este t√©cnico de 53 a√Īos.

“Ah√≠ mismo cerraron y llegaron motos de polic√≠a y de todo y empezaron a cerrar” el lugar, apunt√≥.

Ni las autoridades ni los ciudadanos se aventuraban a√ļn a se√Īalar un responsable. Con las FARC transformadas en partido, en Colombia solo operan los rebeldes del Ej√©rcito de Liberaci√≥n Nacional (ELN), disidentes de la otrora guerrilla comunista y bandas narco de origen paramilitar.

En tiempos √°lgidos del conflicto armado y de la violencia narcotraficante, algunos eran enga√Īados por los grupos ilegales para ejecutar sus acciones armadas. Incluso eran asesinados durante o despu√©s de ellas.

Familiares de los estudiantes esperaban a las afueras del centro formativo noticias de sus allegados, mientras en redes sociales ciudadanos y sectores políticos mostraban su repudio al acto criminal.

“Hay que decirle a la gente que no haga esto. Nosotros somos un pa√≠s que quiere la paz, y esto no se puede as√≠”, dijo entre l√°grimas Carlos Andr√©s Mancilla, familiar de dos polic√≠as, a las afueras de la escuela. “Los terroristas (…) se r√≠en mientras nosotros lloramos”.

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