Tras 26 años en Chilevisión, un breve paso por TVN y una carrera marcada por programas icónicos de la televisión chilena, Carlos Valencia tomó en 2025 una de las decisiones más relevantes de su trayectoria: dejar el canal que por décadas sintió como su casa para asumir un nuevo desafío en Mega, donde hoy encabeza la dirección del área de entretención.
El movimiento no era menor. Valencia venía de estar detrás de formatos de alto impacto como Primer Plano, Podemos Hablar, Pasapalabra, Gran Hermano y Top Chef VIP, además de ser el ideólogo de la Gala de Viña.
Por eso, su aterrizaje en Mega no solo remeció a la industria, sino que también abrió una expectativa concreta: ver si podía instalar un nuevo músculo de entretención en una señal posicionada con contenidos como las teleseries, las noticias y un exitoso matinal.
El salto de Carlos Valencia, tras tocar techo
Al mirar hacia atrás, Valencia reconoce que su salida de Chilevisión respondió a una mezcla de inquietud personal y búsqueda profesional. Después de más de dos décadas en el mismo lugar, sintió que necesitaba probarse en otra estructura, con otras dinámicas y nuevas exigencias.
“Yo tengo la sensación que tenía el desafío personal de estar en otro lugar, conocer otro equipo, conocer otra jefatura, otros canales. Sentí que había tocado techo también en Chilevisión”, explica.
Para describir esa decisión, incluso recurre a una comparación futbolera. “Yo siempre veía el ejemplo de hay un jugador de Colo-Colo que para los futboleros lo van a entender que se llama Lucho Mena que fue un jugador que jugó toda su vida en Colo-Colo, fue de un solo club. Y yo no quería que me pasara lo mismo, yo quería conocer otros clubes”, dice.
Aunque había recibido ofertas antes, esta vez el proyecto que le presentó Mega terminó por convencerlo. “El Pato Hernández presentó un proyecto bien ambicioso que me convenció, me dio la sensación de que acá (en Mega) está el futuro de la televisión abierta”, sostiene.
Una estructura más robusta y una exigencia mayor
Uno de los primeros contrastes que observó al llegar tuvo que ver con la forma en que opera el canal. Sin desmerecer su historia en CHV, Valencia plantea que en Mega encontró procesos más profesionalizados y un área de estudios mucho más desarrollada.
Una fortaleza: “Hay un departamento de estudios que es muy grande, que uno en cualquier momento puede preguntar lo que quiera y te hace un informe completo de todo”.
Pero el cambio no solo fue metodológico. También implicó pasar desde el rol de productor ejecutivo a una función con más atribuciones y responsabilidades. “Acá el ser director también involucra mayores atributos, también mayor responsabilidad”, dice.
En esa línea, cree que el canal decidió tomarse la entretención en serio, no como un accesorio, sino como un eje estratégico. m“El objetivo es que la entretención en Mega sea muy importante. No que sea un accesorio, sino que sea un protagonista”, afirma.
Y Carlos Valencia sabe donde está y cuál su cultura interna expresando: “Este canal, siento yo, que no se puede permitir no ganar”.
Desde ahí el impulso a proyectos que lograron audiencia: “Nosotros hicimos Coliseo, salimos primera sintonía, Only Friends, que lo hicimos en el invierno, fue primera sintonía, Only Viña en el verano ni hablar, Dale Play, primera sintonía, El Muro, una locura, la Gala, otra locura”, repasa.
El sello de una entretención que no sea secundaria
Valencia insiste en que su meta no es solo ganar sintonía, sino consolidar un área que permanezca en el tiempo y que tenga peso específico dentro del canal. Por lo mismo, defiende con fuerza el valor de la televisión abierta como espacio de encuentro.
“Yo creo que la entretención es un derecho humano”, lanza. Su argumento apunta a que, aunque ciertos sectores consumen plataformas, cine o salidas fuera de casa, una parte importante del país sigue encontrando en la televisión su principal panorama. “La gran mayoría de la población se entretiene todavía con la televisión”, plantea.
Agrega en su relato: “Cuando dicen que ya nadie ve televisión, se olvidan de la población más adulta, se olvidan de que están arriba de los 50 años, se olvidan de la gente de regiones que muchas veces ven en, por ejemplo, El Muro, el panorama de los viernes, o sea, esperan el viernes para que llegue y pueda ver El Muro o cuando es el Festival de Viña, los grandes eventos, la misma Gala”.
Y remarca: “La gente en torno a la televisión reúne a la familia y les crea un panorama que es gratis y de calidad”.
Desde esa mirada, considera que el trabajo de quienes hacen contenidos televisivos no solo consiste en llenar la pantalla, sino en sostener un espacio común en un país cada vez más fragmentado.
“Dentro de esas apuestas, la entretención tiene que tener un rol preponderante. Porque además, yo creo que la tele sigue uniendo a Chile y la entretención más, porque en la entretención da lo mismo si la Gala la ve alguien de derecha, de izquierda, ateo, evangélico. Todos lo disfrutan por igual, El Muro, estoy seguro de que todos los disfrutan por igual”, señaló.
En ese sentido, sostiene: “La televisión tiene que ser un elemento de unión, más que de diferencia en un país tan polarizado”.
Convocar a la audiencia
Sobre qué necesita hoy la televisión para volver a convocar a las audiencias en torno a la pantalla, Valencia plantea que el desafío no pasa por una supuesta falta de calidad, sino por el escenario competitivo y económico que atraviesa la industria.
Desde su mirada, la televisión chilena sigue teniendo estándares altos en comparación con otros países de la región. “Yo te digo que la televisión chilena es de gran calidad. Y aún así tiene alta variedad”, sostiene, junto con destacar que hoy las audiencias cuentan con múltiples alternativas entre realities, programas de baile, teleseries y apuestas en vivo.
Sin embargo, advierte que esa fortaleza convive con una tensión estructural: los costos de operación ya no dialogan de la misma manera con los ingresos publicitarios. En ese contexto, cree que Chile todavía mantiene una particularidad que no se ve con tanta fuerza en otros mercados latinoamericanos.
“En todos los países hay un canal grande y los demás chicos”, afirma, poniendo como ejemplo a Telefe en Argentina, Globo en Brasil o Televisa en México. A su juicio, la diferencia local radica en que “esos cuatro canales grandes siguen compitiendo por ser el más grande”, algo que eleva la presión sobre toda la industria.
Para Valencia, esa lógica no podrá sostenerse indefinidamente. Por eso anticipa que el mercado chileno podría avanzar hacia un esquema más parecido al del resto del continente, con una señal dominante y otras estaciones ajustando sus presupuestos y aspiraciones. Aun así, insiste en que la televisión abierta sigue teniendo una fuerza que otras plataformas no logran reemplazar, sobre todo cuando se trata de noticias, fútbol o grandes eventos.
“Los grandes eventos nos unen”, dice, antes de remarcar que cuando un contenido logra calidad y conexión con la audiencia, el público “lo viene a buscar”.
TVN y La Red: la urgencia de reformular
En la entrevista, Carlos Valencia también abordó el complejo presente de TVN y La Red, dos canales que, a su juicio, representan problemas distintos, pero igual de sensibles para la industria televisiva chilena. Sobre la señal pública, fue enfático en marcar un límite: “Yo creo que TVN no puede desaparecer”. Para el director de entretención de Mega, el rol territorial y público del canal sigue siendo irremplazable, sobre todo por su alcance en regiones. “La cantidad de lugares que llega TVN (vía antena), o sea, en regiones hay lugares que solo llega TVN”, advirtió.
Eso sí, Valencia cree que su continuidad exige una reformulación profunda. En esa línea, plantea que quizás se puede ver una de las múltiples alternativas de financiamiento, como mirar modelos internacionales donde la televisión pública se financia con aportes obligatorios de los canales privados y no depende directamente de la publicidad, aunque sabes que es un tema que deben abarcar las autoridades.
Sin embargo, es claro en defender que una señal estatal debiera concentrarse en informar y aportar contenido cultural “sin la presión del rating y sin la presión del salir a vender”. Desde su perspectiva, además, el peso histórico del canal impide pensar en su desaparición como una opción válida: “La historia de TVN no se puede perder”.
En contraste, al referirse a La Red, su tono fue más pesimista. Aunque evitó profundizar en aspectos internos de la empresa, sí reconoció que observa su situación “con tristeza”, principalmente por lo que implica para quienes trabajan en televisión. “Es una fuente laboral que se desaparece”, lamentó.
Valencia incluso fue más allá y vinculó esa crisis con un daño mayor para el ecosistema comunicacional: “Cuando se cierra un medio de comunicación es malo en todo sentido. Es malo por la fuente laboral, es malo para la democracia, malo para la industria”.
Lo que no se supo de Viña
Dentro de ese primer año en Mega, el Festival de Viña del Mar ocupó un lugar importante en la agenda de Carlos Valencia. Volvió a una plaza que conoce bien y asegura que la experiencia fue especialmente satisfactoria por cómo evolucionó la Gala tras su primera edición en Mega.
“Fue una gala que nos dejó a todos supercontentos, donde la terminamos a la 1 de la mañana como había que terminarla, donde creo que se armó un buen espectáculo”, recuerda.
Claro que también le tocó otra parte de la historia, ver como Asskha Sumathra, la ganadora de Coliseo se subiera a la Quinta Vergara. Parte aclarando que ella logró ese puesto en escenario gracias al voto de la gente y que desde que la vio le sorprendió su talento.
La humorista tuvo éxito en Viña, llevándose la gaviota de plata y oro, sin embargo, tuvo una abrupta salida junto a los animadores del festival, Karen Doggenweiler y Rafael Araneda, lo que trajo críticas al festival.
Ahí, Carlos Valencia cuenta algo que quizás, pocos saben: “Nosotros sabíamos el guión, porque ellos entregan el guión a la producción en este caso a nosotros circunstancialmente… Entonces, sabíamos más o menos cómo era su rutina. Nos sorprendió de que la mitad fue improvisación, lo cual habla del talento de Asshka”.
“Toda esa parte que hace con Samis Reyes y la Emilia, todo eso no estaba en ninguna parte escrito. Él los vio y se ocurrieron esos chistes y empezó a hacer algo que es sorprendente, algo que tal vez lo puede hacer con suerte, una persona muy talentosa, en un café-concert, pero en el Festival de Viña. Eso yo no lo podía creer, lo que estaba haciendo la Asskha. Entonces eso hizo que a ella se le pasara el tiempo y el bis que estaba en el libreto, ya lo había dicho antes porque desordenó su pauta”.
Según explica, cómo ya no había un guión, complicó la entrada de los animadores, señalando que no está descubriendo nada nuevo porque todos lo han dicho. Sobre si se pudo hacer mejor, cree que sí, sin embargo, la posición del momento lo hizo complicado.
Aunque para él, la participación de Asskha lo deja feliz, porque es el reflejo que “desde Coliseo cumplimos con entregar un nuevo humorista a la masividad”.
El futuro de Mega y el horizonte de Carlos Valencia
Valencia mira con optimismo lo que viene para la estación, especialmente por la solidez de su pantalla y la expectativa que tiene sobre el próximo reality. “Yo el futuro de Mega lo veo esplendoroso”, asegura.
Cuando le consultamos a Carlos Valencia si querría volver a trabajar con Julio César Rodríguez, quien acaba de dejar Chilevisión y aún no se sabe si tendrá una nueva casa televisiva, Carlos Valencia sonríe con ganas y por supuesto que lo hace cuando habla de quien califica como uno de sus mejores amigos. “Julio es de las personas que más admiro, es de las personas más inteligentes que conozco te diría. Es un bueno, es un bueno, es un antirostro”, dice.
“Si algún día se da volver a trabajar juntos, sería soñado para mi”, pero cuando le preguntamos si podría ser pronto, se ríe, aunque se limita a responder un nervioso, “no lo sé”.
En lo personal, sueña con alcanzar una estabilidad que le permita parar y viajar. “Yo lo que quiero es jubilar relativamente joven, idealmente”, confiesa. “Mi idea sería, en varios años más, también tomarme un año sabático, irme a recorrer el mundo”, aunque sabe que le queda mucho por trabajar aún.
Por ahora, de todos modos, se le ve convencido de que tomó la decisión correcta. Después del desgaste natural de una estadía demasiado larga en un mismo lugar, Mega le devolvió entusiasmo. El balance para él y Mega es positivo, indicando “He sido muy feliz. De verdad lo digo, he sido muy feliz”.
Agrega, “yo vengo contento a trabajar” y remata: “No hubo ni un día que me hubiera arrepentido de esta decisión. Nunca, ni un día”.
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