Con nuevas lluvias en camino, crece la preocupación por los relaves mineros. ¿Qué podría ocurrir si estos depósitos colapsan o se desbordan? La experta Flavia Liberona explica los riesgos para las comunidades cercanas.
Las regiones de Valparaíso, Coquimbo y Atacama fueron golpeadas por intensas precipitaciones durante los últimos sistemas frontales. En el extremo norte de la región de Valparaíso —Cabildo, Petorca y localidades cercanas— se activaron quebradas con 500 milímetros de agua caída en menos de 48 horas. En ese contexto, la Superintendencia del Medio Ambiente abrió una investigación por un posible derrame de relaves en la faena de Minera Las Cenizas en San Felipe.
Con nuevas precipitaciones pronosticadas para el fin de semana, preocupa la situación de los relaves, esos depósitos donde se acumulan los desechos de la extracción de cobre y otros minerales, que contienen metales pesados y residuos químicos que representan un riesgo latente para las comunidades cercanas. En conversación con Rodolfo “Rolo” Hahn, la bióloga Flavia Liberona, directora ejecutiva de la Fundación Terram, analiza los peligros que enfrentan estos depósitos ante fenómenos climáticos extremos.
Los múltiples riesgos de los relaves
—¿Qué riesgos ambientales generan los sistemas frontales para estos depósitos de relave, especialmente cuando se registran lluvias intensas como las recientes?
Partamos por decir que en Chile existen catastrados por el Servicio Nacional de Geología y Minería, el Sernageomin, 839 relaves. La mayor cantidad está en las regiones de Atacama y de Coquimbo. Sin embargo, Valparaíso tiene 83 depósitos de relave. El relave es producto de la actividad minera: el proceso final de extracción del mineral, que tiene que ver con la molienda y el chancado, genera una suerte de pasta, por un lado, que es el concentrado de cobre que se exporta, y por otro lado, este desecho que es bastante fino, de roca molida, que puede tener restos de minerales y desechos químicos que en algunos casos pueden ser tóxicos.
Eso es lo que se acumula en los relaves y eso es lo que eventualmente presenta riesgo ante eventos climáticos como estos sistemas frontales de muchas precipitaciones. Pero también hay otros eventos como los terremotos, que generan riesgo para la población por la estabilidad física que pueden tener estos depósitos. Hay que recordar que en el terremoto del 2010 se vino abajo el tranque de relave de Pencahue y falleció un matrimonio y sus dos hijas. Pero antes de eso hubo una catástrofe mucho mayor: en el año 1965 se vinieron abajo dos tranques en la comuna de Nogales que sepultaron o mataron a unas 200 personas en un campamento minero que se llama El Cobre. Los relaves suponen un riesgo para la población y el Estado tiene un rol que cumplir para disminuir ese riesgo.
—Además del riesgo visible de colapso, ¿qué peligros representan los relaves para los cursos de agua y qué metales pesados podrían causarnos daño?
Lo primero es que los relaves, aunque no llueva, son un riesgo físico por los terremotos, pero también por la contaminación en el aire. Si uno va a Calama o a Copiapó, ciudades donde hay muchos relaves, la contaminación en el aire es muy alta. El relave seco con el viento levanta el polvo; el polvo queda en el aire, la gente lo respira y se contamina; puede generar enfermedades en el mediano y largo plazo.
Eso está poco normado y menos fiscalizado. Otra cosa es que, con las lluvias, pueda correr agua por un relave, lo que hace que percole, o sea, que se meta bajo la tierra y pueda contaminar acuíferos en una proporción que no está medida. Y un tercer ejemplo tiene que ver con lo que ha estado reportando en estos días, sobre todo en el relave Las Cenizas, donde aguas de contacto se fueron al estero Peña Blanca.
-¿Qué son las aguas de contacto?
Es agua que se extrajo del relave, porque al decantar lo que llega, se va generando una parte sólida y una cola del relave que tiene agua. A veces esa agua se recircula y se almacena en distintas piscinas y se trata de limpiar para usar en procesos mineros. Esa agua entra en contacto con la lluvia y lo que se ha dicho en el caso de Las Cenizas es que una de estas piscinas se rebalsó y corrió el agua hacia este estero.
La deuda pendiente en fiscalización
—Del 2010 a esta fecha han pasado 16 años. ¿Hay suficiente monitoreo y transparencia respecto del estado de los relaves activos e inactivos?
Lo primero que hay que decir es que Chile es un país minero y probablemente no va a dejar de serlo, por tanto, tenemos que asumir esto como una realidad. Lo segundo es que somos el tercer país en el mundo con más depósitos de relave. El primero es China, el segundo Estados Unidos y el tercero Chile. Miremos la dimensión física, la superficie de esos países respecto a Chile: proporcionalmente tenemos muchos relaves.
Hay una plataforma del Servicio Nacional de Geología y Minería, el Sernageomin, que te muestra, por región, los relaves, y dice cuáles son activos, inactivos, están los nombres. Lo que no tenemos es una política pública que se haga cargo de esto. ¿En qué sentido? Hay relaves inactivos, donde ya no se está depositando material, y los activos, en los cuales todavía se está depositando material. Entre los inactivos hay relaves abandonados, o sea que no se sabe de quién son y, por lo tanto, gestionar cualquier proceso es complejo. A veces hay dueños del terreno donde está el relave y hay dueños del relave. Dueños distintos. Gestionar esto es súper complejo. Probablemente, porque no hay un estudio claro que priorice la toxicidad de los relaves, los más antiguos y abandonados son los más tóxicos, porque los procesos mineros eran menos eficientes.
-¿Qué se necesita?
Necesitamos, por un lado, que la autoridad se haga cargo de mirar el riesgo de los relaves físicos y químicos, y, por otro lado, que exista una suerte de monitoreo del estado de los relaves, sobre todo aquellos que están cercanos a centros poblados.
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