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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Francisco Lermanda, líder de Topos Chile, detalla la compleja situación en La Guaira, Venezuela, tras los terremotos con cientos de edificios colapsados y familias atrapadas. Critica los obstáculos impuestos por militares venezolanos que dificultan las labores de rescate internacionales. Cuestiona la falta de participación del Estado venezolano, mencionando la paranoia y la falta de humanidad en los controles. Destaca el trabajo de voluntarios, describiendo la autogestión de los Topos y la diversidad de equipos y técnicas utilizadas. Enfatiza en la posibilidad de hallar sobrevivientes y critica las normas internacionales de rescate. Señala la dificultad de lidiar con la presencia armada y la hostilidad de algunos civiles.

Francisco Lermanda, líder de Topos Chile, habló desde La Guaira, Venezuela, donde encabeza a un equipo de rescatistas chilenos desplegados tras los devastadores terremotos que golpearon al país caribeño.

En conversación con Radio Bío Bío de Valparaíso, describió un escenario complejo: entre 200 y 300 edificios de 20 pisos colapsados con familias enteras en su interior, una emergencia que permanece prácticamente intacta y una situación que calificó como “bastante negativa”.

Además, denunció los constantes controles e interrupciones por parte de militares venezolanos que dificultan las labores de rescate, no solo a su equipo, sino también a diversos brigadistas internacionales. “Vi una imagen que yo en mi vida la había visto: llegaron dos militares y sacaron a un rescatista francés de los pies, de adentro del túnel donde estábamos trabajando”, declaró.

—¿Cómo están? ¿Qué has visto? Cuéntanos tu primera impresión de todo este trabajo.

El escenario es bastante complejo por dos cosas fundamentales. Una de las cosas que nos ha sorprendido es la cantidad de edificios que están colapsados y la cantidad de víctimas que están en su interior.

Estamos hablando de 200, 250, 300 edificios de 20 pisos cada uno que colapsaron con las familias prácticamente enteras adentro. Se hace un escenario bastante negativo, bastante complejo, no deja de conmover y, obviamente, la ayuda siempre es necesaria.

Lo conversaba con un periodista francés y me decía cuál era mi evaluación. Le dije que hoy Venezuela está exactamente igual a 5 minutos después del terremoto. Hay edificios que no se han podido rastrear, hay edificios que no se han podido atender, hay víctimas que todavía están vivas golpeando adentro y no pueden salir y no hay nadie que las saque.

Están trabajando solamente las fuerzas de tarea y los grupos de rescate asociados al terremoto. Los militares y las policías no han aportado mucho en lo que es el rescate propiamente tal. Una mirada importante es el reconocimiento a los voluntarios que se han sumado a las fuerzas de rescate. Se ha generado una tremenda masa de voluntarios que han hecho carne el lema que tenemos los Topos, que es “nadie es mejor que todos nosotros juntos”.

—¿Cuál es tu diagnóstico de por qué no se está involucrando el Estado venezolano?

No lo tengo tan claro. Tengo mis conjeturas, las cuales me voy a reservar porque somos una ONG. Pero sí siento que hay una relación político-militar que se ha arrastrado en el tiempo y que es conocida por todo el mundo.

De alguna forma, se produce esta como paranoia respecto a quiénes somos, quiénes están, quiénes van a ser. Al equipo le han revisado los teléfonos, no solamente a nosotros. Franceses, búlgaros, alemanes, españoles. A algunos no los han dejado entrar, les revisan el pasaporte cada cinco minutos.

Se produce esta paranoia de quiénes somos, qué estamos haciendo y qué vamos a hacer. Como si tuvieran una sensación de que los estamos ayudando a la fuerza.

—Esos controles imagino que han retrasado o puesto en riesgo también las operaciones de ustedes.

Ojo, que no son dudas contra los Topos, es contra todos. Vi una imagen que yo en mi vida la había visto: llegaron dos militares y sacaron a un rescatista francés de los pies, de adentro del túnel donde estábamos trabajando. Lo arrastraron hacia atrás.

¿Y por qué? Porque somos la policía, porque somos el ejército, porque podemos. “¿Y tus papeles?” Hoy estamos arriba de 20 pisos de hormigón sacando gente y tú pidiéndome los papeles. “Estoy haciendo mi trabajo”. Se da esta postura de no entender o estar curado de espanto de parte de ellos respecto a cómo puede sufrir el pueblo. Y mi palabra de pueblo no es una palabra política, sino asociada a la gente que cohabita y convive con nosotros bajo una bandera.

Esa mirada que después se traduce en una falta de humanidad es un elemento supernegativo a la hora de poder hacer una misión de rescate y tener el mayor logro, que es rescatar a una persona con vida.

—¿Han recibido alguna explicación oficial de las autoridades venezolanas por estos hechos?

No, nada. Ni siquiera la hemos preguntado, mejor.

Voluntarios

—¿Cuándo llegaron? ¿Dónde están concentrados los trabajos de ustedes y cuántos son los Topos que están ahí?

Los primeros que llegaron fueron 24. Llegamos al otro día del terremoto, en la mañana. Fuimos los primeros en llegar, una hora después llegó Salvador, después Francia.

Siempre llegamos antes porque nosotros no viajamos en aviones militares ni pagados por el gobierno. Nos pagamos nuestros propios boletos, hacemos todo con una autogestión. El Gobierno de Chile no nos ha pasado ni siquiera una maleta, nada, absolutamente nada.

Llegamos vía Colombia, por tierra hasta Caracas, y pasamos directo a la zona de La Guaira. Nosotros tenemos una costumbre que es hacer campamento al lado del edificio donde estamos trabajando. Alcanzaron a dormir un día y los sacaron de ahí; los mandaron a un colegio. En la noche sacamos las carpas y nos fuimos de nuevo al edificio.

El equipo Los Topos debe tener por lo menos unos 400 voluntarios venezolanos y de varias partes del mundo que están trabajando, prestando la ayuda necesaria como verdaderos arsenaleros, preparar comida, iluminación, logística, combustible y apoyo.

—¿La mayoría de los trabajos se están realizando a mano o hay maquinaria disponible?

Nosotros viajamos con casi dos toneladas de equipo: equipos de rompimiento, cámaras multiespectrales, cámaras térmicas, equipos de detección de latido y respiración. Ahora tenemos un equipo que detecta litio, entonces ya ubicamos los teléfonos, el reloj, todo lo que lleve o conlleve al encontrar alguna víctima desaparecida.

—¿Existe posibilidad de encontrar sobrevivientes?

La probabilidad de encontrar a alguien con vida es permanente. En Haití sacamos un vivo después de 28 días.

De ahí en adelante nosotros no hablamos mucho de estadísticas porque con nuestros logros los hemos expuesto en Ginebra para poder cambiar esta línea, a mi juicio ridícula, de las 72 horas de sobrevida y después meter máquina.

La verdad es que no nos han escuchado. Somos bastante críticos de todas estas normas internacionales que rigen la sobrevida de las personas porque nos parece incluso inmoral.

“Hacer entender a alguien que tiene un fusil en la mano”

—¿Qué es lo más difícil en este momento? ¿Qué es lo más dificultoso de la emergencia, del trabajo de ustedes?

Hacer entender a alguien que no quiere entender y que tiene un fusil en la mano.

—¿Puede explicarte un poco más sobre eso? ¿Están vigilados?

Ni siquiera nosotros. No piensen que es solamente con los chilenos o con los topos. Esto es con todo el mundo. Es como que somos el mal necesario. Te hacen sentir de una forma superextraña.

En distintos países, donde incluso está gente con religiones bastante extremas, en Medio Oriente sobre todo, hemos tenido varios terremotos allá: Irán, Irak, Afganistán, Pakistán, Turquía, Argelia, Líbano. Siempre hemos tenido que tratar con gente que está con problemas sociales, problemas civiles bastante complejos, donde todo lo resuelven con una bala o con un machete. Pero aquí es como que la normalidad es que alguien te acose mientras estás trabajando. No lo sé, no lo entiendo.

—¿Qué dice la gente civil que está desesperada buscando a sus amigos, familiares, cuando los ve a ellos? ¿Los increpa?

Los increpa, se les van encima, les tiran agua. Ellos discuten; en Centroamérica discuten siempre con las manos en alto, y eso hace que se genere el conflicto. Pero nosotros no podemos permitir que eso ocurra. Tenemos que agachar la cabeza y decirles que sí, nomás.

Porque si nosotros generamos un conflicto, puede que alguna de esas personas que está reclamando por o para nosotros pueda terminar presa, muerta, qué sé yo.

Nuestra visión del rescate y la emergencia internacional es una visión tremendamente integral. El rescate no es solamente sacar a una persona del edificio, no es solamente hacer un rompimiento, una columna, de una losa, no es andar con los uniformes limpiecitos paseándonos por la tele. Es darle una mirada y una acción integral y humanitaria a algo que es integral y humanitario.

—¿Hasta cuándo se quedan ustedes en Venezuela?

Hasta que se nos acabe la comida, el agua y las ganas. Podemos mañana irnos 10 y volver 20. En Chile deben haber unos 25 más que están listos para viajar. Es muy probable que hagamos recambios.