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Michael Vigil, ex agente encubierto de la DEA, revela detalles sobre su peligroso trabajo infiltrando carteles como el de Guadalajara, Pablo Escobar y el Chapo Guzmán. En una conversación con Tomás Mosciatti, analiza la complejidad del narcotráfico en América Latina, la violencia asociada, la corrupción y la ineficacia de capturar capos. Destaca la necesidad de reducir la demanda de drogas en EE. UU. para frenar el tráfico, criticando la política migratoria de Trump y señalando que la mayoría de drogas ingresan por ciudadanos estadounidenses.
Michael Vigil conoce el narcotráfico desde adentro. Durante décadas trabajó como agente encubierto de la DEA, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos, Operó infiltrando los carteles más poderosos del mundo, desde el Cartel de Guadalajara hasta las organizaciones de Pablo Escobar y el Chapo Guzmán. En esas operaciones arriesgó su vida incontables veces, enfrentó tiroteos a quemarropa y logró desarticular redes criminales en México, Colombia, Brasil y Centroamérica, hasta llegar a ser jefe de operaciones de la agencia.
En esta conversación con Tomás Mosciatti, desde su experiencia en terreno y su conocimiento de las dinámicas del crimen organizado, Vigil analiza por qué América Latina tiene más homicidios que el resto del mundo, cómo operan los carteles transnacionales, y por qué considera que la captura de capos no detiene el narcotráfico. También cuestiona la política migratoria de Donald Trump y señala que más del 90% de las drogas que ingresan a Estados Unidos son cruzadas por ciudadanos estadounidenses.
De agente encubierto a jefe de operaciones
—¿Cómo fue su entrenamiento y cómo se llega a ser un agente encubierto de la DEA?
Nosotros recibimos bastante entrenamiento, pero el entrenamiento sobre trabajar encubierto es mínimo. Cuando ingresé a la DEA, comencé a trabajar encubierto en Albuquerque, Nuevo México. Era muy bueno para ese tipo de trabajo porque era muy calmado, no me ponía nervioso, no me daba miedo. Comencé a trabajar en muchos lugares y no solo de mi país, sino también en México, Sudamérica, el Caribe y Centroamérica. Gané bastante experiencia infiltrando a muchos de los más grandes carteles que existían en el mundo.
—¿A qué carteles logró infiltrar?
Por ejemplo, el antiguo Cartel de Guadalajara, en México. También grupos como los de Chapo Guzmán, de Pablo Escobar, de Juan Ramón Mata Ballesteros, de Honduras, que era uno de los cinco más grandes narcotraficantes del mundo. Lo capturé en Cartagena, en Colombia. También trabajé en Bolivia, en muchos lugares. Me solicitaban en muchos lugares del mundo para ir a trabajar encubierto. A mí me fascinaba hacer eso porque era el mayor juego del gato y el ratón.
—Usted puso en riesgo en numerosísimas oportunidades su vida. Si lo descubrían, lo mataban. ¿Eso no le preocupaba?
Muchas veces por poco me mataron. En un tiroteo, por ejemplo, donde estaba trabajando encubierto en México, los agentes federales se vinieron contra un narco, y el narco le dio un tiro en la cabeza a un elemento de la judicial federal. Luego se volteó y me disparó de aproximadamente un metro. Sentí cuando pasaron las balas por mi cabeza. Siempre corría ese riesgo porque estos grupos sufrían de paranoia. Te hacían preguntas y luego te las volvían a hacer como tres días después, a ver si contestabas igual. Tenías que saber lo que estabas haciendo. Muy poquitos elementos, no solo en la DEA sino también en el FBI y otras agencias, trabajan encubiertos porque no tienen la capacidad o tienen miedo.
—¿Usted mató gente en el ejercicio de sus funciones?
Sí, pero no me gusta hablar de eso.
—¿Pero a ese que le disparó a un metro, lo mató?
Sí.
—¿Fue el primero?
Sí, fue el primero.
—¿Usted tiene acento norteamericano al hablar español. ¿Cómo lograba infiltrar estas organizaciones criminales sin que pensaran que era un agente tratando de entrometerse?
Precisamente, usaba eso. Les decía que era estadounidense, pero de ascendencia mexicana, y ellos no tenían ningún problema porque tenían muchos clientes estadounidenses. En una ocasión, por ejemplo, infiltré a un grupo boliviano que estaba trabajando en Brasil. Les dije que era mexicano, y aunque sí tengo acento americano, no tuvieron ningún problema con eso y entregaron media tonelada de cocaína en un avión, en una pista clandestina cerca de São Paulo, en Brasil. Ese fue el decomiso más grande que se registró en Brasil hasta ese entonces.
El narcotráfico en América Latina: producción, violencia y corrupción
—¿Por qué en América Latina se han desarrollado con enormidad el narcotráfico y las organizaciones criminales? ¿Por qué hay más homicidios en América Latina que en África o en cualquier otro lugar del mundo?
Lo que sucede es que en América Latina hay muchos países que producen drogas. Hace décadas, Perú y Bolivia eran los mayores productores de coca. Después, especialmente en Colombia, comenzaron a procesar la hoja de coca en cocaína cristal. Colombia reemplazó a Bolivia y a Perú como el mayor productor del mundo. Luego, en diferentes países que están muy cerca de los Estados Unidos, comenzaron a producir drogas. ¿Por qué? Porque aquí, en Estados Unidos, somos los más grandes consumidores de todo el mundo. Esa producción de drogas es, principalmente, por la gran cantidad de consumidores que hay en mi país.
Lo otro es que en el tráfico de drogas hay mucho dinero, estoy hablando de miles de millones de dólares. La violencia siempre va mano a mano con el narcotráfico. Otro elemento que va mano a mano es la corrupción. Te voy a decir por qué en América Latina hay muchos más homicidios que en el resto del mundo. Si tomas en cuenta la población de América Latina y el Caribe, esos países son el 8% de la población del mundo, pero allí se cometen el 24% de los homicidios de todo el mundo. ¿Por qué? Por la violencia que va asociada al narcotráfico, pero también por las armas de fuego que vienen de los Estados Unidos.
En mi país tenemos más de 80 mil vendedores con licencia que venden armas de fuego, muchas de ellas de tipo militar, que entran a México y muchas terminan en manos de los narcotraficantes. No solo en México, sino en muchos lugares de América Latina y el Caribe. Los republicanos, incluyendo la administración de Donald Trump, no quieren controlar estas armas simplemente porque están en el bolsillo de la Asociación Nacional del Rifle, que les da millones de dólares para sus campañas políticas.
—Las organizaciones criminales tienen miles de personas. Se habla del Cartel de Sinaloa con 26 mil miembros, el Jalisco Nueva Generación con miles más. Son verdaderos ejércitos. ¿A cuántas personas detuvo o ayudó a detener?
Yo creo que fueron miles de personas. Podemos detener a millones de estos individuos, pero la única manera en que vamos a poder detener el narcotráfico es reduciendo la demanda aquí en Estados Unidos. Es una ley básica de economía: si tienes el consumo y la demanda, siempre vas a tener personas que van a satisfacer esa demanda. Si no es México, si no son otros países en América Latina, van a ser otros. Necesitamos enfocarnos en eso.
Últimamente, los Estados Unidos se ha enfocado en capturar o matar a los capos principales de esos carteles, y eso no va a tener impacto porque son fáciles de reemplazar. Mira lo que sucedió con Chapo Guzmán. Fue capturado, extraditado a los Estados Unidos. ¿Quién tomó su lugar? Ismael Mayo Zambada, yo creo que el capo más grande de toda la historia, el más astuto. Ahora que fue secuestrado y lo trajeron aquí a los Estados Unidos, eso causó un conflicto entre dos hijos de Chapo Guzmán, Iván Archibaldo y Jesús Alfredo, contra el hijo de Mayo Zambada, que se llama el Flaquito Mayo.
Cuando se capturan capos, muchas veces los carteles se fragmentan y eso causa mucho más violencia. Por ejemplo, en la guerra que está sucediendo dentro del Cartel de Sinaloa hay más de 7 mil desaparecidos. Te garantizo que están muertos.
—¿Por qué Estados Unidos no descubre a los que distribuyen la droga en Estados Unidos? Uno supone que hay una enorme capacidad logística para distribuir y mucho dinero. ¿Por qué no se detiene a ningún jefe de esas organizaciones norteamericanas?
Eso no es cierto. Yo creo que en Estados Unidos capturamos más que en cualquier otro país. Lo que ocurre es que no tenemos personas como el Chapo Guzmán, como Pablo Escobar, como Mayo Zambada y otros capos. Tenemos muchas pandillas, muchas organizaciones y personas que están distribuyendo drogas, pero no tenemos carteles que estén uniformados como si fueran un ejército atacando a la población, andando por las carreteras con vehículos blindados, con ametralladoras calibre 50 montadas arriba, controlando territorios. No tenemos nada de eso. Aquí encarcelamos más narcos que en cualquier otro país, pero no tenemos capos como existen en otros países.
Te agrego algo. El presidente Trump se la pasa diciendo que los migrantes que vienen de América Latina son los que están introduciendo las drogas aquí. Eso es mentira, porque la mayor parte de las drogas cruzan por la frontera con México por las garitas legales. ¿Quién la cruza? Aproximadamente más de 90% son estadounidenses. ¿Quién la vende aquí en este país? Principalmente estadounidenses. Donald Trump se la pasa acusando a los migrantes simplemente por racismo. Ahora que está como presidente, se han destruido muchas alianzas, por ejemplo con México y otros lugares donde trabajábamos muy bien con ellos, con un intercambio de inteligencia muy amplia. Pero ahora Donald Trump ataca a esos países, incluyendo a Canadá, y eso no es bueno. Necesitamos trabajar conjuntamente porque estamos hablando de grupos transnacionales. Por ejemplo, el Cartel de Sinaloa, que es el más poderoso y el más grande, opera en seis de los siete continentes. No operan en la Antártida simplemente porque nadie vive en la Antártida y los pingüinos no tienen dinero para comprar droga.
Una campaña permanente
—¿América Latina y Estados Unidos están ganando o perdiendo la guerra contra el crimen organizado?
Yo no voy a decir que la estamos perdiendo, porque yo no digo que es una guerra contra el narcotráfico, porque todas las guerras tienen su fin. Yo digo que es una campaña contra el narcotráfico, porque para mí va a ser una campaña permanente. ¿Hemos logrado muchas cosas, hemos salvado muchas vidas? Sí, es cierto. Pero esto es una lucha permanente, como la lucha contra los asesinatos. Siempre vamos a tener asesinatos, siempre vamos a tener robos. Yo pongo al narcotráfico casi en esa misma categoría.
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