Hace diez años, encontrar mujeres que fueran parte de la gran minería chilena era la excepción. Hoy es una de cada cuatro. Ese salto convierte a Chile en el país con mayor participación femenina en minería a nivel mundial, por delante de Australia, Sudáfrica, Canadá, Estados Unidos y Perú.
Durante el segundo semestre de 2025, las mujeres representaron el 24% de quienes trabajan en las grandes mineras del país: 12.239 personas de un total de 51.012. Así lo revela el último Monitoreo de Indicadores de Género de la Alianza CCM-Eleva, construido con datos de 12 empresas que concentran cerca del 95% de la producción de cobre nacional.
La cifra no solo supera anticipadamente las metas que las propias compañías se habían fijado para 2025-2028, sino que también rebasa el 20% que la Política Nacional Minera 2030 había establecido como horizonte para ese año.
Un hito en la minería chilena
El cambio no ocurrió solo en las grandes mineras. Entre 2019 y 2025, la participación de mujeres en cargos de liderazgo dentro de las empresas proveedoras del sector llegó al 18%, duplicando su presencia en seis años, según datos de Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin).
“Hoy existen mayores oportunidades que hace diez años”, dijo Vanessa Collao, socia y directora de Sustentabilidad de Vantaz, adherente de Compromiso Minero. “La participación femenina en la gran minería ha alcanzado niveles históricos”, agregó.
Y ese movimiento no se expresa únicamente en una mayor presencia femenina, sino también en un mayor acceso a espacios de decisión y liderazgo.
Al respecto, Paula Jelves, gerenta senior de Operaciones Mineras de Finning Sudamérica, planteó que “el desafío no ha sido solo desarrollar capacidades técnicas, sino tener la posibilidad real de liderar equipos, influir en las decisiones estratégicas y ser parte activa de la conducción de las organizaciones”.
Ese avance, sin embargo, todavía convive con barreras culturales. Vanessa Farrugia, gerente de Personas y Sostenibilidad de SKIC, puntualizó que “uno de los principales retos ha sido demostrar que, incluso en una industria exigente y marcada por el trabajo en terreno, las mujeres tenemos un espacio legítimo y una voz con valor propio”.
Cambio cultural en la industria nacional
¿Qué explica el salto? Políticas de inclusión sostenidas, metas de diversidad más ambiciosas, mejores condiciones en la faena y una articulación más estrecha entre empresas, gremios e instituciones formativas.
No obstante, a estos indicadores se suma algo más difícil de medir: la minería empezó a entender que incorporar mujeres no es solo un gesto de equidad, sino una condición para ser más competitiva y sostenible.
Para Anita Marambio, presidenta del directorio de Compromiso Minero, los resultados hablan de algo que no ocurre por inercia. “Estos resultados confirman que las políticas sostenidas producen transformaciones reales. Y son también un recordatorio de que consolidar lo avanzado exige tanto esfuerzo como alcanzarlo”, precisó.
Por su parte, Macarena Vallejo, vicepresidenta de Aprimin, pone el foco en los pasos que siguen: “Hace falta consolidar indicadores concretos de participación femenina en toda la cadena de valor, generar financiamiento e instrumentos de escalamiento para empresas lideradas por mujeres y fortalecer alianzas entre la industria, el mundo público y los gremios”.
Lo que hace una década parecía excepcional hoy empieza a instalarse como una práctica de la industria.
El desafío ahora es consolidar ese avance para que se traduzca en más liderazgo y trayectorias sostenibles para las mujeres en minería.