Los bancos centrales de Países Bajos y Francia han repatriado parte de su oro desde Estados Unidos ante incertidumbres geopolíticas. Sobretodo, para tener fácil acceso al oro en casos de crisis.
Fort Knox, el complejo fortificado que alberga gran parte de las reservas de oro en Estados Unidos, es sinónimo de seguridad. Sin embargo, la percepción de que Estados Unidos es un lugar seguro para almacenar oro está disminuyendo.
Recientemente, el Banco de los Países Bajos (DNB) decidió trasladar unas 86 toneladas de oro (95 toneladas estadounidenses) de Nueva York a Londres. El retiro de este oro evidencia una creciente preocupación de algunos gobiernos sobre el almacenamiento de activos estratégicos en Estados Unidos y sobre si podrían acceder a ellos fácilmente en caso de crisis.
DNB, el banco central del Reino de los Países Bajos, afirmó que distribuir su oro entre distintas jurisdicciones mejoraría su “preparación ante una crisis” y citó la “inestabilidad geopolítica” como la razón para transferir su oro.
Francia también retiró en 2025 todo el oro que tenía almacenado en la Reserva Federal de Nueva York, aunque el gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, declaró en aquel momento que la decisión no tenía motivaciones políticas.
Varios políticos alemanes e italianos han pedido que el oro de sus países también sea retirado de Estados Unidos. En Alemania e Italia, que poseen respectivamente la segunda y la tercera mayor reserva de oro del mundo, aumenta la preocupación por las políticas impredecibles de la administración Trump y por su hostilidad hacia la Unión Europea y las amenazas de anexar parte de su territorio en Groenlandia.

La fiebre del oro
Sebastien Tillett, analista de Oxford Economics, afirma que para los bancos centrales europeos una confiscación directa de sus activos es un riesgo “extremadamente remoto”. Sin embargo, señala que hay cada vez más temores sobre la complejidad para acceder a esos activos en una era de incertidumbre geopolítica.
“La preocupación más relevante es que los activos mantenidos en otra jurisdicción puedan volverse temporalmente inaccesibles en un escenario extremo de sanciones, disputas legales o tensiones geopolíticas”, declaró Tillet.
Krishnan Gopaul, del Consejo Mundial del Oro (World Gold Council), afirma que, en general, los bancos centrales de todo el mundo han acumulado un promedio de 1.000 toneladas de oro anuales durante los últimos cuatro años. Como resultado, los precios del oro han alcanzado máximos históricos.
Gopaul señala que, dado que la crisis financiera mundial de 2008 fue seguida por la crisis de deuda soberana de la eurozona y posteriormente por diversas crisis políticas, una pandemia y continuas tensiones y conflictos geopolíticos, el oro ha adquirido una importancia cada vez mayor como activo refugio.
“A lo largo de las últimas dos décadas han surgido preguntas e inquietudes sobre el sistema financiero mundial y sobre la situación geopolítica, de una forma u otra”, afirma Gopaul.

Gopaul añade que la gestión de reservas se ha vuelto “increíblemente importante”. Parte de la lógica detrás de estas decisiones consiste en garantizar que el oro esté lo más cerca posible del país propietario y ubicado en un centro de negociación que opere con rapidez.
Destaca que el banco central neerlandés trasladó su oro a Londres, en lugar de a los Países Bajos, porque el Reino Unido es “uno de los centros de negociación más líquidos del mercado mundial del oro”.
“La idea es que, en caso de crisis o durante períodos de tensión, ese oro pueda movilizarse rápidamente”, afirma. “Londres es prácticamente el corazón del mercado del oro. Hay tanta actividad y es un mercado tan líquido que, en tiempos de crisis, es donde se quiere tener el oro”.
El Banco de Inglaterra es uno de los principales custodios mundiales de oro. Se estima que posee alrededor de 400.000 lingotes, valorados en unos 270.000 millones de dólares (232.000 millones de euros).
El problema americano
Trasladar el oro a Londres tiene sus propios atractivos para los bancos europeos, pero tomar la decisión de hacerlo responde a las dudas sobre la fiabilidad de Estados Unidos durante la era Trump y sobre el sistema financiero estadounidense en general.
Tillett señala que el oro sigue siendo un tema sensible a las decisiones de la Reserva Federal estadounidense y que la preocupación general sobre los mercados financieros del país está llevando a muchos poseedores de oro a reconsiderar dónde almacenan sus activos.
Además de esas preocupaciones específicas sobre los mercados financieros, la retórica de Trump respecto a Groenlandia y sus continuas amenazas veladas hacia la Unión Europea han añadido más razones para que las instituciones europeas quieran redistribuir sus activos.
Sin embargo, Estados Unidos, y en particular la Reserva Federal de Nueva York en Manhattan, sigue siendo un custodio clave para gran parte del oro europeo, especialmente el de Alemania.
Aunque el Bundesbank repatrió alrededor de 300 toneladas de oro desde Estados Unidos entre 2013 y 2017, todavía mantiene bastante más de 1.000 toneladas en territorio estadounidense.
El año pasado, el Bundesbank declaró en un comunicado que no existe “ninguna duda de que la Reserva Federal de Nueva York es un socio confiable y fiable para la custodia segura de nuestras reservas de oro”.